El gobierno de Donald Trump denunció oficialmente ante la Organización Mundial de Comercio a sus socios del TLC, México y Canadá, y a sus aliados de la Unión Europea.
La acción legal es en contra de las medidas arancelarias que adoptaron como represalia por las que Estados Unidos impuso primero sobre el acero y el aluminio.
La demanda incluye a China, que no es ni socio ni aliado de Estados Unidos. Está en la lista de sus adversarios.
Donald Trump lleva dos años poniendo de cabeza las relaciones que su país abrazó desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Su lógica es sobre todo comercial.
Desde su mantra del “Make America Great Again” el tablero de juego del negociante neoyorquino parece simple: para él, los socios y aliados son unas rémoras del poder estadounidense y si no se pliegan a sus nuevas condiciones, de sujeción y sumisión, simplemente pasan a la lista de enemigos.
México, al que insultó de manera consistente como eje de su campaña, es una de las naciones a las que más ve como rémoras. Sus ideas de nuestro país en comercio, migración y seguridad no van a cambiar por la llegada de un nuevo presidente.
El Fondo Monetario Internacional ajustó ayer a la baja su previsión de crecimiento económico para México en 2019, de 3 por ciento a 2.7 por ciento. Entre las causas menciona las presiones por la guerra comercial desatada por Trump y la incertidumbre acerca del futuro del Tratado de Libre Comercio.
El margen de maniobra para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador en su primer año será estrecho.
La casa de campaña en la colonia Roma parece en estos días plataforma de lanzamiento de muchas ideas sueltas de futuros funcionarios de diferentes áreas. En la contienda electoral se promete cambiar todo al mismo tiempo en todos los temas. El largo periodo de transición de mando ha servido en el pasado para aterrizar cuáles son los temas prioritarios y estratégicos en los que se enfocará la administración entrante ya en la realidad.
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