El Presidente ha condenado a México, por decreto, a hundirse mucho más profundo que los demás países en esta crisis mundial.
Vamos en contrasentido de los principales países, con medidas que toman lo peor del neoliberalismo –austeridad a rajatabla– y lo peor del populismo: aplastar al sector privado.
Así no hay camino ni futuro para México.
Las ocurrencias o caprichos del Presidente ya nos costaron el año pasado tirar bajo cero la economía, que significa el empobrecimiento general de la población, pues crece a un ritmo de 1.5 por ciento anual.
Ahora, con la crisis mundial, hasta las instituciones más emblemáticas del capitalismo aconsejan a los gobiernos hacer lo que antes desaconsejaban: tomar deuda y gastar.
¿Qué anunció ayer el Presidente de México? Presentó un decreto que es un plan de austeridad.
Esa era la parte criminal del neoliberalismo, y la adopta López Obrador cuando se necesita rescatar la economía, el empleo, las cadenas productivas, a los que viven en la economía informal y a los millones de mexicanos que ya están perdiendo sus trabajos o lo perderán en los siguientes meses.
Asombroso es que haya justificado ese decreto con un “dadas las circunstancias ocasionadas por la crisis mundial del modelo neoliberal que, sin duda, nos afecta, propongo la aplicación urgente y categórica de las siguientes medidas….”
Y propone una contracción ultraneoliberal del gasto público, mientras apuesta a orientar el gasto a los elefantes blancos de su aeropuerto, Tren Maya, la refinería, y más subsidios a Pemex para seguir perdiendo dinero a manos llenas.
Ni con el barril de petróleo bajo cero entendió. Imposible. No hay salida para México con López Obrador. Olvídenlo, el barco tricolor se hunde irremediablemente, sin una oposición política fuerte.
En lugar de gastar más, el gobierno va a gastar menos.
Su ortodoxia neoliberal lo lleva a decir que este año “tampoco habrá déficit público”. No sabe lo que dice. Su exsecretario de Hacienda, Carlos Urzúa, escribió el lunes que “en 2019 sí hubo un déficit del sector público del orden del dos por ciento del PIB de acuerdo con las cifras oficiales”.
López Obrador maneja las finanzas del país desde Palacio Nacional y no acompañado por el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, sino por la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, y por el periodista (?) Pedro Miguel, que escribió el Plan Nacional de Desarrollo sin tener la más mínima idea de la materia (!!).
Casi desapercibido pasó otro decreto, publicado anteayer 21 en el Diario Oficial, en el que se le inyectan 65 mil millones de pesos adicionales a Pemex para elevar la producción de petróleo. Le quitan esa cantidad como carga fiscal: subsidio.
Es decir, a Pemex se le mete dinero cuando pierde a raudales (365 mil millones en 2019), el precio del barril de crudo está y seguirá estando por debajo del costo de producción, sus bonos son basura en el mundo y debe más de cien millones de dólares.
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