1ER. TIEMPO: Para ser soberbio no necesitaba el poder. Con su voz engolada, sus dotes retóricas y su proclividad a ser kamikaze, Javier Corral siempre era visto en las sesiones parlamentarias con morbo y dolor de estómago. Combativo como pocos, tenía una lengua a veces temeraria y siempre desafiante. Fue periodista y político precoz, a cuyos campos incursionó antes de tener la mayoría de edad. Quince años después de haber ingresado al PAN en Chihuahua, en 1997 se convirtió en diputado federal y presidió la Comisión de Radio, Televisión y Cinematografía, cuya regulación tomó como cruzada y plataforma política. Su pasado como reportero, columnista y ejecutivo de El Diario de Juárez y El Norte en esa misma ciudad, así como su activismo gremial, le construyó puentes con respetables periodistas en México a quienes acudió por ayuda en sus años de legislador bisoño para cambiar al mundo mexicano. No hizo mucho, en buena parte porque ignoró los consejos que le dieron. Más aún, conforme ganaba experiencia en el campo político, se fue alejando primero de muchos de ellos y luego se fue confrontando con otros. Hasta dónde llegó ese alejamiento con quienes tanto lo cobijaron se puede medir con el golpe por debajo de la línea de flotación que le dio El Universal, su casa editorial por años, que fue quien publicó que, en medio de la ola de violencia que azotaba a Chihuahua que había dejado 14 muertos en dos días, Corral rentó un avión —cuyas facturas aún no muestra— para volar a Mazatlán ese fin de semana trágico a jugar golf con el gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz, y varios empresarios. El gobernador reaccionó con furia contra El Universal y adujo que eran sus días de descanso, lo que no impidió que de “frívolo” no lo bajaran. “A Corral le ha llovido”, escribió Francisco Garfias en su columna en Excélsior, uno de los periodistas que le dieron espacios cuando nadie le hacía caso y años después, recibió hostilidad e insultos de quien era entonces senador. “Ya se dio cuenta de que no es lo mismo subirse a la tribuna de las cámaras a echar choro que tomar las riendas de su estado”. Garfias se refería al asesinato de la respetada periodista Miroslava Breach, días después de irse a jugar golf. “No trabaja”, le dijo Lilia Merodio, senadora priista de Chihuahua que fue su vecina en El Universal. “Se la pasa en el Campestre y con sus amoríos. Lo sabe todo mundo”. Ahí Corral ya no dijo nada, salvo, me quieren desestabilizar.
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