Gamés acusa fatiga de metal. El fin del año abre la puerta. En una de las caminatas de Gil por la FIL de Guadalajara encontró El estallido del populismo, publicado por Planeta, un libro colectivo de escritores que reflexionan sobre el populismo, el elenco es numeroso y diverso, Gilga menciona a algunos que pueden resonar en la memoria de la lectora y el lector: Mario Vargas Llosa, Enrique Krauze, Yoani Sánchez, Sergio Ramírez, Plinio Apuleyo Mendoza, Roberto Ampuero. Por favor y por favir, no vengan los feligreses de Liópez con la paparruchada de que se trata de hombres y mujeres de la derecha. Mientras Gil pasaba estas páginas, subrayaba. Aquí algunas muestras traídas del prólogo de Mario Vargas Llosa.
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El comunismo ya no es el enemigo principal de la democracia liberal, sino el populismo (…) ¿Qué es el populismo? Ante todo la política irresponsable y demagógica de unos gobernantes que no vacilan en sacrificar el futuro de una sociedad por una presente efímero. En el tercer mundo viene disfrazado de progresismo. Por ejemplo, estatizando empresas y congelando los precios y aumentando los salarios, como hizo en el Perú el presidente Alan García durante su primer gobierno, lo que produjo una bonanza momentánea que disparó su popularidad. Después sobrevendría una hiperinflación que estuvo a punto de destruir la estructura productiva de un país al que aquellas medidas empobrecieron de forma brutal. Con algunas variantes, lo ocurrido en Perú ha sido lo que hicieron en Argentina los esposos Kirchner, y en Brasil los gobiernos del Partido de los Trabajadores de Lula y Dilma Rousseff, cuya política económica, luego de un pasajero relumbrón de prosperidad, hundió a ambos países en una crisis sin precedentes, acompañada de una corrupción cancerosa que golpeó sin misericordia a los sectores más desvalidos.
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El ingrediente central del populismo es el nacionalismo, la fuente, después de la religión, de las guerras más mortíferas que haya padecido la humanidad. Los partidarios del brexit —yo estaba en Londres y oí, estupefacto, la sarta de mentiras chauvinistas y xenófobas que propalaron gentes como Boris Johnson y Nigel Farage, el líder de la UKIP, en la televisión durante la campaña—.
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En Filipinas, el populismo del presidente Duterte muestra un perfil sanguinario: pretende acabar con el narcotráfico asesinando a traficantes y drogadictos.
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En el primer mundo el populismo adopta sin escrúpulo alguno la máscara de la derecha nacionalista que supuestamente defiende la soberanía nacional de injerencias foráneas, sean económicas, religiosas o raciales. Donald Trump promete a sus electores que “América será grande de nuevo” blindando sus fronteras con medidas proteccionistas contra la competencia desleal y pretendiendo expulsar a once millones de inmigrantes ilegales que roban el trabajo a los estadunidenses y usurpan sus beneficios sociales y que armándose hasta los dientes volverá a ganar guerras de nuevo.
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