Escribo esto con prisa, con la música todavía aguijoneándome el cerebro. El sonido de Antonio Sánchez & Migration aun retumbando entre sus recovecos.
El baterista, como ya sabemos, ahora es famoso en todo el mundo gracias a la película Birdman, en donde tocó casi toda la música que se escucha en el filme. Pero, Antonio Sánchez es más que el soundtrack de una película levemente sobrevalorada.
Baterista desde los cinco años, su carrera se ha caracterizado por un estudio obsesivo y una determinación musical constante. Estudiante de la Escuela Superior de Música, unos años después, de Berklee, en donde se graduó con un Magna Cum Laude y más adelante del conservatorio de Nueva Inglaterra. Aunque, su mejor aprendizaje lo obtuvo al participar, por algo así como diez años, en distintos grupos como los de Paquito D’Rivera, Danilo Perez, Chick Corea y Pat Metheny, por mencionar a algunos.
Fue entonces que decidió independizarse y formar su propio grupo en donde tocaría su propia música y donde prevalecerían sus propias reglas.
Con esas características ha grabado ya más de cinco discos y, dentro de su gira por el país, vino a Torreón a presentar el más reciente: The Meridian Suite.
¿Qué es The Meridian Suite? Digamos que el baterista tomó un poco rock progresivo, considerable avant garde, bastante postbop, grandes cantidades de free y mucho Pat Metheny. Mucho, pero no tanto.
Y es que es imposible alejarse de esa influencia, diez años tocando con uno de los guitarristas más importantes de la música contemporánea se antojan muy complicados de desprenderse por completo. Aun así, la calidad de las composiciones y las enormes habilidades de cada uno de los músicos demostró que Migration no necesita el apadrinamiento de nadie.
Una batería que incluyó tres tarolas con distinta afinación cada una y cinco platillos, un bajo Fender, un contrabajo, un Fender Rhodes, un piano, un saxofón tenor, un EWI, que es un instrumento de viento electrónico con forma de clarinete pero que puede funcionar como sintetizador y una potente voz fueron los instrumentos que se escucharon en el escenario. Tocados por músicos que han llevado el significado de “virtuosismo” a un nuevo entendimiento.
Un concierto sin interrupciones, sin explicaciones que sirven para distender la atención, cinco piezas que van del más inquietante nerviosismo, pasando por solos conmovedores, atmósferas hipnóticas hasta terminar en un tema que se repite una y otra vez hasta dejarlo en la mente del escucha. Música pura durante más de una hora y veinte minutos que dejaron al público boquiabierto. Me incluyo.
Antonio Sánchez es el líder tanto dentro como fuera del grupo. Un par de horas antes del concierto nos explicó que no sólo compuso y arregló lo que tocaron esta noche, sino que también debe encargarse de la logística al organizar giras y, además, dirigir a otros cuatro músicos. Para él, todo el esfuerzo lo vale, porque está decidido a que cada noche sea su creación la que domine la vida de sus compañeros, pero también de todos nosotros. “Me aterra aburrir al público”, afirmó. Pues bien, no encuentro manera de lograr algo así con esta música.
El baterista fue el centro del sonido de Migration, pero además escuchaba a cada uno de sus músicos. Los empujó cuando era necesario o se dedicó a romper los tempos, creando tensiones rítmicas entre el pianista y el bajista. Los ritmos pasaron de sencillos a complejos, creí escuchar, porque no terminaba de comprender lo que estaba pasando frente a mí, creí escuchar, decía, cambios rítmicos que iban de un 4/4 a un 6/8, un 7/4, ¾ y similares. No me crean demasiado, estaba muy ocupado encontrando todas las sutilezas del pianista.
John Escreet, tiene un sonido con fuerte influencia del rock y el jazz progresivo. Sus ataques eran carnosos, violentos. Sus solos llenos de energía. Muy rítmico y atado a la batería, incluso creo que un poco más que el bajo. Grande, sin duda.
El bajista, Matt Brewer, fue discreto. Apenas hizo unos cuantos solos, aunque demostró sin dificultades que, tras una trayectoria acompañando a músicos como Gonzalo Ruvalcaba, Terence Blanchard y Lee Konitz, entre otros, puede seguir las composiciones más complejas sin siquiera sudar.
Seamus Blake no sólo tocó el sax tenor con ternura y gran sentido melódico, sino también sorprendió con el EWI, del cual obtuvo insólitos y vibrantes sonidos. Una extraña novedad para muchos en esta ciudad, pero que permitió que la marcha del grupo se expandiera hacia posibilidades sorprendentes.
Finalmente, Thana Alexa, cantante y esposa del baterista. Quien materializó las ideas de Sánchez de una manera humana y expresiva. Con impresionantes habilidades vocales, Thana fue fundamental para cuajar el sonido ambiental en múltiples momentos de la pieza.
Pienso que la base fundamental del grupo es la interacción entre ellos, sobre todo la cualidad de escucharse y entender qué estaba haciendo el otro. Además, sobresale el mando duro pero flexible de Sánchez. Una manera distinta de entender la música porque, a pesar de que las composiciones están escritas e incluso, las armonías de los solos son diferentes al resto de cada pieza, se puede notar que el baterista permitió que cada uno de los elementos se expresaran de manera individual, enriqueciendo el conjunto y liberándolo a él de la carga visual y pública. Así, nosotros, pudimos encontrar un equilibrio constante entre cada uno de los integrantes. Algo que otros jazzeros que visitaron la ciudad hace poco no siempre consiguieron.
Me atreveré aquí a exclamar algo: no creo que veamos algo así de nuevo en mucho tiempo. De hecho, no creo que en ningún lugar del país en donde se va a presentar Migration se pueda volver a escuchar el explosivo y ambicioso concierto que es The Meridian Suite. Aquellos que viven en Guadalajara, Ciudad de México, Puebla, Cuernavaca y Playa del Carmen, no pierdan tiempo. Estamos ante una obra maestra del jazz contemporáneo.

