No había oído a López Obrador, al menos desde que ganó, emitir ninguna descalificación al Tribunal Electoral (TEPJF), mientras frecuentemente emite una metralla de insultos y acusaciones al INE. Y es que el Tribunal de inmediato se alineó con el nuevo presidente, como había hecho con Peña Nieto. AMLO acusó ahora a los magistrados de haber avalado las finanzas de Peña en 2012, pero como siempre le falta información; estos magistrados entraron en 2016. Por cierto, habiendo sido nombrados con distinta duración en su mandato (para permitir el recambio gradual), los partidos promotores quisieron darles más tiempo y se les extendió el plazo. Algo parecido a la ahora controvertida “ley Zaldívar”, si bien con una diferencia: en aquél caso los nuevos plazos no rebasaron el límite constitucional, 9 años. No hubo por tanto inconstitucionalidad. Quienes entonces condenaron duramente ese hecho en el Congreso son los que hoy defienden a capa y espada la ley Zaldívar; los hoy morenistas. Doble rasero, para variar.
Volviendo al desempeño de los magistrados, a diferencia de lo que AMLO y sus voceros dicen, el INE sí ha tomado medidas en contra del PRI, que en muchos casos fueron desechadas por el Tribunal. Ejemplo; el INE determinó como ilegales las famosas “tarjetas rosas” utilizadas en 2017, por violar flagrantemente la ley electoral, que prohíbe ofrecer beneficios presentes o a futuro a cambio del voto. El TEPJF echó abajo esa decisión. Y en Coahuila, el PRI le ganó al PAN la gubernatura por mínima distancia y con irregularidades suficientes para modificar el resultado. El INE determinó anular esa elección, pero el Tribunal salió al rescate del PRI.

Al ganar López Obrador en 2018, el Tribunal (no todos los magistrados, desde luego) se alineó con el nuevo presidente. El INE determinó una multa por el fideicomiso de Morena para ayudar directamente a los damnificados del sismo de 2017. Se le había advertido que si quería ayudar, tenía que renunciar a parte de su financiamiento y ya. Morena prefirió donar esos recursos directamente, violentando la ley electoral, y fue advertido por el INE de su ilegalidad. En efecto, la ley es clara al respecto. Pero entró el Tribunal al rescate, y borró esa multa con malabarismos legales. Otro favor a Palacio fue haber dado el registro a tres partidos aliados de AMLO que el INE había negado, en tanto que lo negó (como el INE) a México Libre de Felipe Calderón, pese a que aquellos reunían menos requisitos que el PML. El presidente lo celebró como si hubiera ganado el premio Nobel (¿de economía?).
Esa lealtad casi ciega del Tribunal a AMLO generó la sospecha de que el Tribunal echaría abajo las decisiones del INE sobre los registros de candidatos incumplidos y el acuerdo para ajustar la sobre-representación a la Constitución. Pero quizá el ambiente político provocó en varios de los magistrados la decisión de recobrar su autonomía y credibilidad, a riesgo de quedar sepultados definitivamente en la ignominia. Así, varios de ellos se le rebelaron al presidente del Tribunal, José Luis Vargas, sometido por completo a Palacio Nacional probablemente por la espada de Damocles que pende sobre su libertad, al ser investigado por la UIF por enriquecimiento inexplicable.
Y ahora sí, roto el pacto de colaboración entre AMLO y el TEPJF, aquél inició su esperada andanada de descalificaciones y amenazas. En estos temas no es tan difícil entender al presidente; fallas a su favor, eres patriota y demócrata. Fallas contra él, traidor a la democracia, corrupto, golpista. A la amenaza de desaparecer al INE agregó ya también la de hacerlo con el Tribunal, y de hecho con todo instituto autónomo, pues todos responden a la antidemocracia neoliberal y a la conjura conservadora. Recordemos la sentencia democrática por excelencia: “O están con el presidente o contra él”.