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La regla de oro del tapadismo priista, “el que se mueve no sale en la foto”, no aplicó al PAN en su momento. Quien se mueve antes tiene mejores posibilidades de ganar la candidatura presidencial. Vicente Fox anunció en 1997 su intención de competir por la presidencia, y ya nadie dentro del PAN lo pudo detener, al grado en que no hubo siquiera contienda interna.

Pero la regla siguió aplicando incluso con el PAN en el gobierno: Felipe Calderón se movió antes de tiempo, y Fox se lo recriminó públicamente, lo que provocó su salida del gabinete. Muchos pensaron que estaba acabado, como si se tratara del PRI, pero Felipe aprovechó su salida para moverse libremente en el PAN y logró derrotar al favorito de Fox, Santiago Creel. Y, con Calderón presidente, salió de su gabinete Josefina Vázquez Mota y se fue de coordinadora de los diputados, desde donde empezó su campaña para obtener la candidatura panista. El precandidato oficial, Ernesto Cordero, llegó tarde a la contienda y no logró superarla.

Anaya hizo bien en retirarse tras la elección. Haber querido ejercer un liderazgo opositor lo habría desgastado definitivamente. Pero ahora, ya con resultados no muy buenos del gobierno, con mucha gente adversa a Andrés Manuel López Obrador y varios ya arrepentidos, puede serle provechoso regresar ahora para ocupar ese liderazgo, sobre todo aprovechando que el sitio está vacío. Por ahora, ningún dirigente de otros partidos lo ha podido –ni querido– ejercer. Se dice que otros no pueden moverse pues tienen una cola que puede ser pisada por el gobierno. Felipe Calderón llenó parcialmente ese hueco, pero no es igual con alguien cuyo momento ya pasó y que no tiene perspectivas futuras. Y otros posibles aspirantes a 2024, como Enrique Alfaro y quizá otros gobernadores, están ocupados en lo suyo y no pueden encarar libremente a López Obrador, como sí puede hacerlo Anaya.

CIUDAD DE MÉXICO, 21SEPTIEMBRE2019.- El presidente del Partido Acción Nacional (PAN) y el ex presidente Vicente Fox durante la ceremonia de celebración por los 80 años del partido, también la toma de protesta de más de 300.
FOTO: ANDREA MURCIA /CUARTOSCURO.COM

Si Anaya sigue una estrategia adecuada para confrontar a López Obrador, sus decisiones, sus declaraciones, sus ocurrencias, podrá capitalizar el descontento que crecientemente se genera en el bloque antiobradorista. No tiene el mismo impacto que un líder político con aspiraciones y posibilidades haga críticas (fundamentadas, se supone) que lo haga un experto, un periodista o un activista social. El proceso electoral de 2021 será muy distinto con López Obrador en su omnipresencia y sin nadie del otro lado que le responda, que si alguien con suficientes reflectores le va respondiendo puntualmente. En esa medida, Anaya puede ir logrando gradualmente el respaldo de esos diversos y heterogéneos sectores descontentos con el actual gobierno.

Así, quienes más adelante levanten la mano para buscar el liderazgo opositor quizá estén ya en desventaja para hacer a un lado a Anaya. En todo caso, las probabilidades de eso disminuyen mientras más tiempo dejen pasar. Y más adelante se podrá generar el efecto “cargada”, que lleva a quienes hoy por hoy no ven bien al panista, a respaldarlo si miden que lleva una ventaja irremontable frente a otros aspirantes.

Por supuesto, está pendiente la acusación de Emilio Lozoya contra el queretano de estar involucrado en el reparto de dineros para la reforma energética. Anaya respondió con una demanda a Lozoya por daño moral. Será interesante el desenlace de ese litigio. Todo puede pasar, desde luego, pero Anaya eligió bien el momento de regresar al ruedo, pues hoy nadie le disputa la oportunidad de llenar el vacío del liderazgo opositor. En los últimos años, el que se mueve sí suele salir.

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