“Andy”: junior corruptazo

“Andy” López Beltrán se fue a Japón y escribió una carta de viaje que trasciende. Con el viaje y con lo escrito demostró que, en el fraude que es “la cuarta transformación”, la austeridad está donde no debe estar –cultura, educación y salud públicas-, no donde sí debería estar –la vida del funcionario democrático y de izquierda, es decir, igualitario.

Pero ningún López Obrador es demócrata, ni igualitario, ni de izquierda de ningún tipo, excepto en la retórica. Como la de la carta andiana. Retórica barata que esta vez le salió muy cara al junior, tan cara como una noche de su hotel en Japón, aunque tenga el desayuno incluido…

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Así que la carta demuestra, además, que “Andy” está mentalmente entumido, políticamente lento, culturalmente pobre, económicamente enriquecido y moralmente inválido. Si no lo estuviera, ni existiría ese viaje ni habría escrito (o aprobado el contenido) de ese texto infame. Inmediatamente famoso e imperecederamente infame. Es un documento histórico, que no muere e importa, porque lo retrata por completo y permitirá conocerlo en el futuro –“el hijo favorito de AMLO fue verdaderamente un junior, ensoberbecido e hipócrita”.

Aunque la carta se aparta, eso sí, de la típica hipocresía obradorista. No porque no tenga componentes hipócritas sino porque también tiene componentes cínicos. Lo del desayuno está entre la hipocresía; sólo le faltó hacer drama diciendo que el desayuno era “continental”… “Austero”. Lo del precio por habitación es el cinismo: “Andy” dice, porque ya lo creería dado su acostumbramiento al poder y el lujo, que 7 mil 500 pesos por una noche no es algo caro; no tiene en la cabeza que esa cantidad es casi el salario mínimo mensual en la mayoría del país. Así de lejos de la vida real mayoritaria está el “delfín” de AMLO; el junior se cansa y se va a Japón, y gasta sólo en una noche de hotel todo lo que ingresan en un mes millones de mexicanos. Es su desconexión real (no retórica) de la vida en un país que sigue siendo injusto y tremendamente desigual, por más que los propagandistas “serios” como Viri Ríos o Gerardo Esquivel se esfuercen por aparentar el enorme logro de una reducción relevante de la desigualdad socioeconómica que es una reducción supuesta y mínima y que no se debe a un cambio de estructura económica –porque, entre otros datos que sí son los más relevantes, la austeridad está no donde debe estar política y privadamente sino donde no debe estar pública y estatalmente.

Por eso digo, y lo digo con objetividad o apego a los hechos andianos, que el junior López Obrador está económicamente enriquecido y moralmente inválido. Y mentalmente entumido, culturalmente pobre y políticamente lento porque para defenderse produjo ese documento torpe, miope y tardío en el que no puede sino repetir 16 expresiones superficiales o consignas huecas de su papá (¡16!) y que le reventó en la cara mediática hoy como le reventará mañana en el nombre histórico. Un nombre manchado por sus hechos y hasta definido ya por la corrupción, cada vez más inocultable. Sin dinero fácil y mal habido, sin corrupción de algún tipo, no habría “Andy” en esos viajes. Viajes como el de Japón. Corrupción como la del “tren maya”. Corrupción investigada y evidenciada, por más que todos los propagandistas se esfuercen por negarla.

En resumen, el viaje a Japón es más evidencia de que “Andy” lleva un tren de vida opulenta que no se explica sin la documentada corrupción en otro tren, el “tren maya”. En la construcción de ese proyecto de su papá-jefe participaron oligarcas y militares pero también neoempresarios como Amílcar Olán y, por tanto, el hijo de AMLO. “Andy” no puede demostrar con hechos que sean falsas las crecientes acusaciones que se le hacen con datos de la realidad. En ella habita la farsa obradorista. Obradorismo y nepotismo, juniorismo y corrupción: queda su carta como nuevo registro involuntario. E indestructible.

Extra: https://etcetera.com.mx/opinion/andy-no-esta-solo/

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