López Obrador sostiene que el canibalismo en los pueblos prehispánicos -y los sacrificios humanos- no existieron, sino que fue un invento de Hernán Cortés (y desdice al gran historiador Edmundo O’Gorman al respecto, pues no olvidemos que él sabe más que todos los especialistas en todos los temas).
Lo cual refleja una vez más su profunda ignorancia y manipulación de nuestra historia.
Infiere que no había canibalismo entre los aztecas porque cuando fue cercada Tenochtitlán por Cortés y sus muchos aliados indígenas, los tenochcas no se comieron entre sí para sobrevivir.
No se enteró que la antropofagia ahí se practicaba por motivos rituales y sólo con enemigos.
Testimonios y narraciones de la antropofagia de muchos pueblos de América (no todos) sobran.

Los primeros nativos que encontró Colón le comunicaron sobre los indios caribes, que entre otras atrocidades se comían a sus enemigos.
Y fray Pedro Martyr escribió durante el segundo viaje de Colón sobre los caribes:“A los niños que cogen los castran como nosotros (los hispanos) a los pollos o cerdillos que queremos criar más gordos y tiernos para comerlos; cuando se han hecho grandes y gordos, se los comen… los intestinos y las extremidades se las comen frescas y los miembros los guardan para otros tiempos, salados como nosotros hacemos los perniles de cerdo”
Por su parte, Jerónimo de Aguilar, intérprete de Cortés, le dijo que un cacique maya ordenó el sacrificio de algunos de sus compañeros, que después fueron comidos “haciendo fiesta y plato de ellos a otros indios… Yo y otros seis quedamos en caponera engorda para otro banquete y ofrenda; y por huir de tan abominable muerte, rompimos la prisión y echamos a huir por los montes”.
Moctezuma le instruyó a uno de los emisarios que envió con Cortés a averiguar si era dios, que le llevara de comer platillos regionales “y si acaso no quisiere la comida que le diéres – les dijo el Tlatoani – sino que quisieren comeros, dejáos comer”.
Cuenta Díaz del Castillo que en Tabasco, hospedados por el cacique gordo, “cada día sacrificaban delante de nosotros tres o cuatro o cinco indios, y los corazones ofrecían a sus ídolos… y cortábanles las piernas y los brazos y los muslos, y los comían como vaca que se trae de las carnicerías en nuestra tierra”.
Un cronista hispano, después de una batalla en el cerco de Tenochtitlán, se quejaba: “Hubo aquella noche para los tlaxcaltecas gran banquete de piernas y brazos… Los nuestros la pasaron muy mal porque no era para ellos aquel manjar”.
Y dice López de Gómara: “(De los tlaxcaltecas) No se les podía quitar el comer carne de hombres”.
También Bernal narra que los tlaxcaltecas se dieron una suculenta comilona con lonjas frescas de carne azteca, y prepararon para llevar “carne cecinada” de los tenochcas que repartieron entre amigos y parientes.
Por cierto que un platillo precursor del pozole se llamaba tlacatlaolli, preparado con carne humana.
Más aún, algunos españoles comerciaban con los cadáveres de sus enemigos, dándolos a los tlaxcaltecas para que éstos los degustaran a cambio de pollos o telas, haciendo así del canibalismo aborigen un auténtico comercio, aunque en baja escala.
Bernal agrega que durante el sitio de Tenochtitlán, después de sacrificar a algunos españoles cautivos sacándoles el corazón en la piedra de sacrificios, “Otros indios carniceros les cortaban brazos y pies, y las caras desollaban y las adobaban como cueros de guantes… y se comían las carnes con chimole”.

El canibalismo se practicaba en varios pueblos de América, no sólo en lo que sería México.
Américo Vespucci (que nada tuvo que ver con Cortés) escribe que los indios que conoció “Casi no comen carne, salvo humana, que en esto son más salvajes que bestias… y se sorprendieron de oírnos decir que nosotros no comemos a nuestros enemigos”.
Alvar Nuño Cabeza de Vaca, siendo gobernador de Asunción, prohibió a los indios locales comer carne humana, lo cual fue usado por su rival político, Domingo de Irala, para movilizar a los guaraníes en contra de aquél: “Este es un hombre malo – les decía – porque no tolera que maten y devoren a vuestros enemigos”.
Esta es una pequeña muestra de los numerosos testimonios de que en varios pueblos del continente se practicaba el canibalismo, aunque bajo distintas modalidades según sus respectivas costumbres.

