La presidente de México la semana pasada cumplió su promesa de no asistir al Estadio “Ciudad de México”, en función de un miedo patológico por no ser aclamada por el “pueblo bueno” y no verse reflejada de acuerdo a su imaginario personal en el público que terminó por acudir a la inauguración de la copa del mundo. Apostó una vez más por la frivolidad y la banalidad y en un ambiente controlado y artificial exclamó a los cuatro vientos que ella vio el partido austeramente hombro a hombro con los acólitos de la transformación.
Aún cuando se realizó dicha pantomima para la inauguración, se le vio más tarde, ya por la noche, en la cena de gala con los directivos de la FIFA y con empresarios connotados, donde no se percibió esa tirria y ese desdén que expresa todos los días desde la tribuna de Palacio hacia la casta de los privilegios.
El miedo de la presidente a concurrir a un ambiente orgánico y de pulso real del fervor social se incrementa conforme siguen subiendo el tono de las acusaciones del gobierno de los Estados Unidos hacia los narcopolíticos del movimiento oficial. Dicho temor llevó al joven e improvisado secretario de relaciones exteriores, Roberto Velasco, a asistir a la sede de la embajada norteamericana en Polanco, mostrando una sumisión contradictoria al demagógico discurso que se ha proliferado desde su propio partido político.
Lo anterior pasó hasta cierto punto desapercibido no obstante expertos internacionalistas remarcaron el grave desliz de haber asistido a la oficina del embajador Ronald Johnson con la investidura que detenta. Asimismo, ya en la semana la presidente públicamente le había pedido informar sobre este encuentro a la prensa oficialista.
Los trascendidos y los rumores permanecen a ritmo frenético y se esbozan imaginariamente ataques cinéticos y extracciones unilaterales por parte de los Estados Unidos, en caso que el gobierno mexicano no colabore en la entrega de los presuntos implicados en actividades de narco terrorismo, sea quien sea.
Mientras se pensaba que durante la víspera de la copa del mundo se calmaría la agenda trumpista, las autoridades y oficiales del país vecino no dejan de emitir declaraciones acerca de la dureza y firmeza con la cual actuarán en caso de no obtener los resultados que buscan.
Por otro lado, en el ámbito de la “futurología” política, se vislumbran diversos escenarios en los cuales la presidente pudiera —o no— entregar el poder de manera pacífica. El “círculo rojo” y los comentócratas clásicos hablan de “romper el pacto”, empero, no se puede romper algo de lo que en los hechos se forma parte —aún por omisión y temor—.
Si bien puede haber sido indirectamente, sí está acreditado que el crimen organizado operó a favor de su partido en las elecciones del 2021 y del 2024. Aún y cuando se piense en una cierta victoria efímera respecto que la presidente no hubiera renunciado antes del mundial, lo relevante es que se diera esto antes de octubre; es decir, antes de cumplir dos años al frente del poder ejecutivo.
También, hay que reiterarlo, no se puede renunciar a lo que no se ejerce, y su renuncia o dimisión de facto se concretó con haber aceptado la intromisión del carnicero de Macuspana en los asuntos de gobierno con la carta dirigida al presidente Trump.
El miedo es la más antigua —o la más humana— de las emociones y por ello puede gobernar con facilidad a nuestra especie. La presidente se percibe en una de sus peores versiones aunque ella niegue a los cuatro vientos lo que parece inminente.
Por el bien de México que no la traicione su miedo personal ni su miedo político.


