En 1920 fue asesinado el presidente Venustiano Carranza y Álvaro Obregón se convirtió en El Caudillo. Gobernó de 1920 a 1924. Llegó a ser un presidente pleno. De 1924 a 1928 la titularidad presidencial estuvo en Plutarco Elías Calles. Pero, a diferencia de Obregón, el presidente Calles no gobernó solo: lo hizo bajo “la sombra del Caudillo”. Existió una diarquía, un cogobierno, sin maximato (dos actores, uno formalizado en el Estado y el otro no, comparten el Poder Ejecutivo, si bien asimétricamente, pero ninguno funge como simple subordinado). Desde su informalidad política y desde su poder real, Obregón logró que el congreso restaurara la reelección presidencial –mecanismo porfirista contra el que se había desatado la Revolución- y se reeligió para el periodo que iniciaba en 1928. Pero este mismo año fue asesinado y Calles se convirtió en el Jefe Máximo. Nació entonces otra diarquía, otro cogobierno, pero esta vez con maximato (dos actores, uno formalizado y el otro no, comparten el poder, pero más asimétricamente, y el formal es realmente subordinado del informal). Calles gobernó más que cualquiera sin ser el titular legal del Ejecutivo federal. Fue el poder tras la silla presidencial que otros ocuparon entre 1928 y 1934 –Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez-, hasta que Lázaro Cárdenas ocupó esa misma silla.
Cárdenas, con el apoyo de Calles y su hijo Rodolfo Elías Calles, había recibido la candidatura presidencial del PNR en diciembre de 1933, ganó la elección de julio de 1934 y, así, el poder constitucional del Ejecutivo para el primer sexenio, el de 1934-1940. Tomó posesión de la presidencia al final del 34 y en 1935 ya no había maximato. La jefatura de Calles está en vigor de 1928 a 1934. Después de este año será exiliado dos veces. ¿Cómo exilió Cárdenas a Calles? ¿Cómo se acabó el maximato callista?
En cuanto se sentó en la silla presidencial el michoacano se sintió presidente, y no permitió que Calles lo mangoneara y extendiera su influencia. Resultó falso lo que se decía popularmente: “Oaxaca dio dos caudillos [Juárez y Díaz], Coahuila dos caudillejos [Carranza y Madero], Sonora nos dio dos pillos [Obregón y Calles] y Michoacán dos pendejos” [Ortiz Rubio y Cárdenas]. Resultó falso porque prácticamente desde el inicio, sin romper de inmediato, Cárdenas enfrió las relaciones con Calles e inició el distanciamiento; no tardó mucho en abrir el proceso de la ruptura, que Calles aceleró intentando intervenir más en el rumbo del gobierno. Lo intentó, precisamente, porque ya no podía hacerlo como lo hacía: y por eso, desde esos momentos, ya no existe propiamente el maximato. Cárdenas presidente no quería a Calles detrás, ni a su lado, estaba decidido a no permitirlo, tenía la personalidad y otros apoyos útiles o necesarios, y no lo permitió. Sobrevino el conflicto político y público entre ambos.
En junio de 1935 Calles hizo una entrevista con Ezequiel Padilla para El Universal y sus declaraciones críticas sobre la administración cardenista se publicaron el día 12. Cárdenas respondió. El 14 pidió la renuncia de todo su gabinete, para purgarlo de los callistas que tenía mezclados con cardenistas, y el mismo día la prensa publicó su respuesta verbal a las críticas del sonorense. Según narra en sus memorias Jesús Silva Herzog, quien conoció a los tres (y es abuelo de Jesús Silva-Herzog Márquez), Cárdenas le pidió a Narciso Bassols que comunicara a Calles que debía salir del país. Salió pocos días después, el 19.
Pero Calles todavía no estaba resignado a perder para siempre su poder e intentó resucitarlo pronto. En diciembre de 1935 regresó al país con Luis N. Morones. Se agravó el conflicto. Y, frente al presidente Cárdenas, selló su destino sexenal: nunca será el poder tras ese trono; Cárdenas no quedará bajo su sombra y si tiene que ser más duro lo será…
En septiembre de 1935 habían sido asesinados dos diputados cardenistas –¡les dispararon dentro de la cámara!-, Manuel Martínez Valadez y Luis Méndez. En represalia, el grupo legislativo del presidente operó el desafuero de 17 diputados callistas. Pero el 14 de diciembre, un día después del regreso de Calles, se desencadenó la ofensiva mayor de Cárdenas: ordenó el desafuero de 5 senadores aún leales al ex Jefe Máximo; quitó sus posiciones en el ejército a varios generales peligrosos; y sus senadores “desaparecieron los poderes”, esto es, quitaron al gobernador, en los estados más callistas, el simbólico Sonora, Sinaloa, Durango y Guanajuato. Calles respondió creando un periódico significativamente titulado El Instante y buscando la sustitución del PNR como punto de reunión de “la familia revolucionaria”: anunció, por medio de terceros, la fundación del Partido Constitucionalista Revolucionario. Sí, aunque sea difícil creerlo, el fundador del PNR abandonó al PNR, salió de él criticándolo e intentó crear otro partido.
En la lucha por el poder, callistas y cardenistas fueron movilizados, pero Cárdenas fue quien pudo masificar el apoyo y sostener en las calles a sus partidarios. Hubo manifestaciones multitudinarias. Y ya en 1936 apuntó personalmente a Calles: hizo que lo sentaran en un juzgado para ser cuestionado por un caso de contrabando de armas… de 1915. Es un mensaje con rudeza del mes de enero; en el de abril ocurrió una explosión en una estación de tren que se atribuyó a partidarios de Calles, con lo que Cárdenas llegó al límite: decidió expulsar del país, con mano militar, a su ex mentor. Ya no le pedirá firme pero diplomáticamente que salga del país, lo que había hecho en 1935 por medio de un amigo civil como Bassols. Lo expulsará con la amenaza velada de las armas.
La noche del 9 de abril de 1936, el general Rafael Navarro Cortina llegó a la casa de Calles en la enriquecida colonia Anzures para notificarle la expulsión. Se dice que Calles estaba en pijama leyendo Mi lucha de Hitler. A la mañana siguiente fue llevado a un aeropuerto, subido a un avión y enviado a Estados Unidos junto a Morones, Melchor Ortega y Luis L. León. El embajador estadounidense, Josephus Daniels, tuvo que tramitar un permiso de emergencia. Calles vivió en Estados Unidos cinco años. El maximato estaba total y definitivamente clausurado. La carrera política de Plutarco Elías Calles había llegado a su fin.
Lo que no llegó a su fin fue el dominio del partido oficial, tampoco el autoritarismo. El partido, que nació con el maximato callista, siguió su carrera hacia la hegemonía verdadera y probada; el autoritarismo se volvió presidencialista de nuevo. El cierre del maximato no fue el cierre del régimen posrevolucionario, fue el inicio de otra de sus etapas. Hay que tenerlo presente…
Extra: a los seis meses del gobierno de Cárdenas, los callistas principales y recalcitrantes estaban desempleados y Calles estaba en su primer exilio; casi un año después de comenzado el “gobierno” de Claudia Sheinbaum, el gabinete aún está en manos de amloístas y la presidenta sigue recomendándonos leer los libros-basura del jefe para que “entendamos”. Sheinbaum no ha sido, no es Lázaro Cárdenas. Pero con el caso de narcopolítica de Adán Augusto López parece que este maximato empieza a debilitarse…

