Democradura

Al inicio del sexenio gubernamental 2024-2030 encabezado por Claudia Sheinbaum, es pertinente y necesario tener claro a qué nos vamos a enfrentar. No pocos especulan, esperanzadoramente, acerca de si la primera presidenta de México va a tomar distancia de AMLO y ejercerá una administración diferente, alejada de la polarización política y que gobernará “para todas y todos” como ella lo ha expresado en los últimos días.

En mi opinión, eso no sucederá. Hay demasiadas muestras de que Claudia tendrá esencialmente (si no es que idénticamente) el mismo tipo de comportamiento que Andrés Manuel. Más allá del “estilo personal de gobernar”, su posición frente a la sobrerrepresentación de Morena y aliados, así como frente a las reformas constitucionales sobre el poder judicial y la militarización del país, la pintan de cuerpo entero.

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Parece que no todos entienden que desde el pasado 2 de junio dimos el salto hacia la consolidación de un nuevo régimen político de esencia autoritaria. Y que ya estamos en él. El movimiento y proyecto político encabezado por AMLO se siente dueño del país y que con esa mayoría calificada en el parlamento pueden hacer lo que se les venga en gana. Los politólogos franceses introdujeron en 2019 (hace apenas 5 años) el término “democradura” que fusiona las palabras democracia y dictadura para calificar “un tipo de régimen esencialmente iliberal que conserva en lo formal los ropajes de una democracia” (Pierre Rosanvallon). El diccionario de la lengua francesa define la “democradura” como un régimen político que combina las apariencias democráticas con un ejercicio autoritario del poder.

En esa categoría entra el nuevo régimen mexicano, que subraya una de las características de esa concepción: la pretendida irreversibilidad de sus decisiones y reformas. AMLO lo dijo reiteradamente durante todo su mandato y Sheinbaum acuñó el término de “doble piso de la cuarta transformación”. Por eso celebra el legado de su jefe político, quien le deja el piso y el techo puesto para la continuidad de ese proyecto, con una correlación de fuerzas en el próximo gobierno y el Congreso indiscutiblemente afín al tabasqueño.

Dentro de ese nuevo marco institucional autoritario actuará la nueva titular del ejecutivo. No tiene rasgos de inclusividad, sino de exclusión de todos los que no compartimos su visión del mundo y sus modos de gobernar, alejado del respeto a “los otros”; es decir, excluyendo al 45% del electorado que no votó por ellos.

Desde ese escenario nada optimista en lo inmediato coincido con analistas que señalan que quizá los únicos contrapesos reales que de aquí en adelante podrían empezar a operar son los mecanismos de carácter internacional, como el tratado comercial con Estados Unidos y Canadá (el TMEC), el papel de las calificadoras sobre el riesgo-país y los conflictos en tribunales económicos internacionales por los problemas que pudieran derivarse de las recientes reformas judiciales y los que pretendan llevar a cabo para desaparecer los órganos constitucionales autónomos. En muy poco tiempo sabremos si eso se presenta, así como el alcance de esas posibles acciones.

Lo que hoy tenemos es la febril actividad de López Obrador, que mantiene su convicción de seguir manejando el poder tras bambalinas. Dice el refrán que “no hay títere con poder”. Pronto veremos qué tan títere es y de cuánto poder real dispondrá Claudia.

Aun con toda esa adversidad, y a pesar del gran aparato propagandístico oficialista y de su ofensiva para excluir a voces críticas de los medios tradicionales de comunicación masiva en los últimos días, debemos evitar que eso nos lleve a la rendición y a la inmovilidad. No debemos caer en el engaño de que la oposición es la culpable de lo que ha hecho AMLO. Los responsables del saldo negativo que deja Andrés Manuel es él mismo, como lo será Claudia durante los próximos 6 años.

Las oposiciones políticas, sociales y ciudadanas habremos de mantener nuestras banderas de lucha en alto, sin renunciar a las posibilidades de diálogo con el nuevo gobierno cada vez que sea posible y necesario.

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