Cuando se presenta un proceso electoral, normalmente se abre un abanico de comentarios, observaciones, recomendaciones, sugerencias y otros apuntes de la más diversa índole, centrándose en muy buena medida en los tópicos sobre el desenvolvimiento de la campaña; del día de la jornada electoral, de la emisión del voto y de los resultados correspondientes; estos últimos, como los momentos cumbre del mayor interés.
En este último tramo están puestos todos los ojos por la expectación que despierta, sobre todo cuando se considera que la campaña electoral no ha sido tersa, sino por el contrario, tensa y desaseada, como la que hoy vivimos. Pero una vez que se dan a conocer los resultados, empieza a bajar la atención en dicho proceso, para dedicarse a vislumbrar los posibles escenarios que vienen, con la conformación de la nueva configuración política electa.
El ánimo, según la esperanza que se tenga, puede ser de alegría y júbilo con un horizonte de mayor claridad y certidumbre, o de tristeza y desánimo con un panorama que vean venir de negro futuro o, en todo caso, de un cierto conformismo, al observar que si no se cumplieron con todas las expectativas deseadas, por lo menos no les fue tan mal.
Sin embargo, en la longitud del proceso electoral, hay otros intervalos que revisten la misma importancia, pues una vez realizada la votación, hay que procesar y documentar el desarrollo de la jornada electiva; cuidar y resguardar, y hay que hacerlo muy bien, los votos y toda la documentación que da cuenta de este trascendental paso electivo. En las manos de quienes participan en las casillas, está y va implícito el deber y obligación del mayor cuidado, honestidad, responsabilidad y blindaje de la genuina expresión ciudadana. Por eso deben ser personas de lo más íntegras posible, profesionales en el desempeño de la tarea y misión encomendada y con un acendrado espíritu patrio, ético, democrático y de derecho.
En ellos, en su decencia, en su integridad, en su profesionalismo, en su responsabilidad y compromiso con el país, los ciudadanos depositan su total confianza para resguardar el sentido de su manifestación expresada a través del voto. Los ciudadanos parten de que en ellos, en los funcionarios y representantes en las casillas, está el compromiso, y va en buenas manos el traslado y entregar íntegra y fiel de los paquetes electorales ante el órgano electoral respectivo.
Por eso podemos decir, que para lograr un proceso electivo impoluto no basta con salir a votar, hacerlo bien y de manera responsable, si no se cuida el último trecho de la jornada del día de la votación, con la entrega correcta de los paquetes electorales en el centro de acopio distrital que le corresponda. Ciertamente el día de la votación se cumple con un singular y supremo momento del certamen electoral, toda vez que es el día de los ciudadanos; el día que se hace realidad y se sublima la democracia.
Los siguientes espacios del trayecto electoral corresponderán a los funcionarios y representantes de casilla, que suponemos fueron seleccionados escrupulosamente por el INE para cumplir y blindar la celebración de unas elecciones limpias y transparentes, así como también partimos que serán íntegros los que a su vez sean designados y registrados por los partidos políticos en el INE y, desde luego, los observadores electorales acreditados ante el mismo instituto, para participar en el concurso electoral de candidatos y partidos políticos. Todos los actores, para cumplir con este crucial deber político, jurídico y cívico y, finalmente, a las instituciones electorales: INE y, en su caso, TRIFE; este último, que lo ideal sería no llegar al extremo de esta instancia jurisdiccional, con el que se cierra el círculo electoral.
En efecto, los ciudadanos al depositar su voto, cumplirán plenamente, y se espera que de manera satisfactoria, con su derecho y obligación cívica que les corresponde. Pero el traslado de la documentación continuará recayendo, con el mayor cuidado, dedicación y responsabilidad, en quienes nos representen en las casillas electorales. Y aquí sí, con mayor razón, cuentan todos: los funcionarios de casilla, los representantes de los partidos políticos y, en su caso, si los hubiera, los observadores electorales que se registren. Todos ellos con su testimonio presencial, hasta el momento en que se haga la entrega material y formal de los paquetes electorales.
La presencia de todos los representantes es indispensables para dar certeza y garantía de los pasos y sucesos que se presenten durante la jornada electoral: desde la apertura de las casillas hasta la entrega de los paquetes en el órgano distrital. Su presencia, la de todos, es vital para evitar indebidas actividades y duplicidad de votaciones en la jornada electoral y otros desaseos durante los comicios, para evitar fraudes electorales, así como garantizar el camino y entrega impecable de la documentación a la autoridad electoral.
Por eso, desde mi punto de vista, algo de lo más importante, de mayor cuidado y trascendente de la jornada electoral, es el cierre de la misma, ya que si se descuida este último intervalo del trayecto y ruta que sigue después de concluida la votación, casi de nada o de poco serviría el haber logrado que los ciudadanos voten copiosamente y con el mayor aseo electoral posible. Por lo general, siempre nos centramos en que la gente salga a votar y que lo haga por determinados candidatos y partidos políticos, que ciertamente es la parte vertebral y la razón del proceso electoral, pues sin votos no hay elección, o la hay con una votación escasa, por lo que sus resultados serán magros y, por ende, habrá una democracia electoral deslucida, poco representativa y sin la mayor legitimidad para los gobernantes electos.
Pero poco se pone la atención en la etapa posterior al cierre de la jornada electoral, ya que pasa prácticamente desapercibido este paso que también es de suma importancia. Es precisamente el punto en el que quiero llamar la atención, ya que en este corto tramo, pueden suceder muchas cosas para cambiar el verdadero sentido de la votación, por lo que enseguida haremos algunos comentarios y recomendaciones sobre este particular punto.
- En primer lugar, se debe hacer todo el esfuerzo posible y ponerle todo el empeño que el tema amerita, para que todos los que sean nombrados como representantes de casilla por parte de los órganos electorales; todos los acreditados ante las mismas por los partidos políticos y los acreditados como observadores electorales, asistan puntualmente a atender este compromiso con la democracia, no solo para verificar que las casillas se instalen bien y en tiempo, sino también para vigilar y hacer constar que toda la votación, desde su inicio hasta el final, se realice correctamente conforme a la normativa. La ausencia de representantes y acreditados, pone en riesgo la completa credibilidad de la votación y de la elección misma, ya que al no contar con estas miradas vigilantes de testigos presenciales, se puedan llevar a cabo irregularidades durante la votación, así como en la documentación que acredite fehacientemente la misma, pudiéndose alterar indebida e ilegalmente los resultados.
- Lo ideal es que todos los partidos políticos acrediten representantes para todas las casillas electorales que se instalan en el país, con el fin de contar por parte de los propios partidos políticos, con los pesos y contrapesos y el equilibrio en la vigilancia, honestidad e imparcialidad, en la votación, al cierre de la misma y entrega de los paquetes. Solo de esta manera se podrá tener mayor certeza y seguridad sobre la realidad y veracidad de la votación y de su documentación, al contarse con la mayor asistencia de testigos presenciales sobre las mismas, para disminuir al máximo posible los riesgos de actos indebidos, además de ayudar a la transparencia en el proceso electivo con estos testimonios plurales partidistas.
- La jornada electoral no termina con el cierre de las casillas, por lo que todos deben hacer el mayor esfuerzo posible, para permanecer todo el tiempo que dure la andanza electoral, con el objeto de que a su vista sea una bien y debidamente realizada votación; bien y debidamente contados los sufragios; bien y debidamente levantadas las actas al cierre de la votación; bien y debidamente firmadas y rubricadas las mismas y, aunque suene repetitivo, bien y debidamente cerrados y firmados y/o rubricados los sobres que contengan toda la información; entre ella los votos de. De esta manera se podrá garantizar la fidelidad de los resultados del proceso electivo.
- Que todos verifiquen que la persona que se presenta a votar sea realmente ella, conforme a su credencial de elector y que aparezca su nombre en el padrón electoral, para tener una mayor constancia de veracidad y transparencia; que se exprese verbal y audible para todos el nombre completo y folio de la boleta que le corresponde; que se le ponga la tinta indeleble en el dedo; se ponga la marca respectiva en la credencial para votar y se coloque el sello de que votó y número de folio que le toca en el lugar señalado del padrón electoral, a fin de evitar que una misma persona se presente a votar dos o más veces, o que no aparezca en el padrón electoral. Las mañas ilegales que en la práctica se realizan durante las campañas por parte de algunos candidatos y partidos políticos con la gente, para coptarla en su favor; también se hacen el día de la votación. Algunas son conocidas en el medio como ratón loco, carrusel, operación tamal, solo por mencionar a unas.
- Al cierre de la votación, estar todos al pendiente del conteo de los votos; que coincidan y que cuadren los números totales de los votos emitidos con el sobrante de las boletas de cada tipo de elección, es decir, que no haya más votos que el número de boletas que realmente se recibieron y se entregaron para votar; el número de votos válidos por candidatos y partidos políticos; el número de votos nulos y verificar que todas las boletas depositadas sean las auténticas. Todo lo anterior, para levantar correctamente las actas en presencia de todos los representantes en las casillas de votación, colocando los resultados en los formatos correspondientes, en lugares accesibles y a la fácil vista del público.
- Es importante cancelar y/o invalidar todos los talonarios de boletas de votos no utilizados, asentándolo en el acta correspondiente.
- Y todavía más delicada y de mayor cuidado es la etapa del traslado de los paquetes electorales a los centros de recepción y acopio de los distritos electorales designados para su procesamiento. En este traslado, invariablemente también deben participar todos los representantes de casillas electorales, acompañados de los representantes de partidos políticos y, de ser el caso, de observadores electorales, a los citados centros de recepción y acopio designados oficialmente. Es por seguridad de que lleguen intactos los paquetes a su destino final, por lo que se debe hacer ese último sacrificio, dejando atrás por esta ocasión fatigas, cansancio, aburrimiento y hasta malpasadas de hambre que de hecho se dan, porque en este traslado se puede correr el riesgo mayúsculo de que se cometan fraudes electorales, al confiar solo en una o dos personas como se suele hacer, para que vayan a entregar los paquetes electorales.
- En estos casos, todavía son más vulnerables las zonas rurales y las muy alejadas o con caminos agrestes, así como con medios de comunicación rústicos y limitados, donde por lo mismo, incluso tarda más el transporte de la documentación, ya que además de que se pueda manipular con más facilidad la documentación de la elección, también el riesgo es mayúsculo en el traslado de la misma. Por eso, en estos lugares geográfica y de comunicación dificultosos, es todavía más importante el mayor número de ojos vigilantes testimoniales, por lo que se necesita de todos los representantes de los partidos políticos que vigilen el proceso de votación y traslado de la documentación que da fe de su desarrollo, resultados, traslado y entrega de la misma.
- Como sucede en este tipo de procesos, normalmente los demonios electorales andan sueltos; por lo que las tentaciones que ofrecen los diablos electoreros son muchas. De ahí que no sobra decir que tanto los votantes como los representantes en las casillas electorales, deben evitar a toda costa que los compren o copten para realizar prácticas indebidas, los primeros al votar y, los segundos, durante el desarrollo de su función, con el propósito de alterar la voluntad genuina de los ciudadanos para cambiar los resultados verdaderos de la elección.
- Es de la mayor importancia y por su propio bien, que todos los partidos políticos hagan su mejor esfuerzo posible para que tengan representantes en la totalidad de las casillas que se instalen a lo largo y ancho del país, para que todos sin excepción tengan la total certeza de la veracidad y limpieza de la votación; pues a menor presencia de estos institutos políticos, aumenta el riesgo para posibles eventos impropios e ilegales, lo cual genera dudas, desconfianza e inconformidades en ellos sobre los resultados de la elección. Solo de esta manera se genera una vigilancia y contra vigilancia entre ellos mismos y respecto de los representantes de casillas en su función y traslado de la documentación, que les dará tranquilidad y confianza.
Aunque estas recomendaciones las hace el INE al momento de capacitar a los representantes de casillas, no está por demás replicarlas en este espacio, ya que los representantes de partidos políticos no reciben este curso, e igualmente habrá personas que probablemente desconozcan algunos rasgos de este proceso.
En su trayectoria se puede perder o sufrir el robo de todos o de las partes que interesen de los paquetes originales; o bien, intercambiar los auténticos y fieles de la votación ciudadana por otros distintos, con lo cual prácticamente casi de nada serviría que los ciudadanos salieran a votar y que se haya tenido el cuidado para que se votara bien, si este último tramo se descuida, pues ahí se puede perder una elección para unos y hacer ganar ilegalmente a otros candidatos y partidos políticos, al intercambiarse la documentación. Esto no se puede desdeñar, sobre todo cuando puede haber de por medio intereses superiores ilegítimos e ilegales sobre los resultados electorales.
Lo recomendable es que todos los representantes de casillas, de partidos políticos y, de ser posible, con los observadores electorales, lo hagan. Es un esfuerzo último; es el último estirón de la jornada electoral que el bien superior del país y de la democracia lo requieren. Vale la pena hacer el esfuerzo y sacrificio. El país y su democracia lo necesitan, y bien lo valen por mucho. Es el futuro del país y de la democracia. La salud del país lo requiere para no tener una democracia electoral endeble, flácida, quebradiza, permeable y agujereada que permita filtraciones indebidas e ilegales que la socaven. Por el contrario, debe ser una democracia firme, sólida e impermeable al fraude electoral.
A mayor disposición y participación de tiempo completo por un día de todos los representantes en las casillas electorales, se garantizará y blindará la manifestación material y formal de los ciudadanos y de la democracia. A menor intervención directa y presencial en todos los pasos del día de la votación: desde la apertura de casillas hasta el cierre de las mismas y entrega de la documentación en los centros de acopio, será más vulnerable para la profanación de la auténtica expresión de la democracia. Es su decisión y queda en sus manos y alta responsabilidad la confianza y el destino de la auténtica expresión de los ciudadanos; el destino del país y el destino de la democracia.