Trump cumple 80 años

El pasado 14 de junio Donald Trump cumplió 80 años. Para festejar su onomástico, anunció el cese al fuego con Irán y la reapertura del Estrecho de Ormuz a la navegación -ese punto neurálgico que permite a los principales países exportadores de petróleo salir a mar abierto. Presentado como un enorme triunfo para su administración, Trump minimizó aspectos torales que quedaron sin resolver en este acuerdo que fue potenciado por la mediación de Pakistán y otros países de la región del Golfo Pérsico más Turquía, y que incluyen temas como las sanciones, las reparaciones de guerra y, por supuesto, el programa nuclear iraní. El acuerdo, de inmediato fue rechazado por Israel quien, a sabiendas de que Irán incluyó al Líbano y al cese de hostilidades israelíes en su territorio, dijo que no lo acataría insistiendo en que Teherán sigue siendo una amenaza a su seguridad nacional.

Al margen de lo que ocurra con este acuerdo cuya duración se anunció que sería de 90 días, la edad de Donald Trump es un tema importante, en especial por todas las especulaciones que se han generado alrededor de episodios de somnolencia que ha presentado en eventos públicos, o bien los hematomas en sus manos ante la insuficiencia venosa que padece.

Comparativamente, Joe Biden, hoy con 83 años a cuestas, quien fuera su rival inicialmente en las elecciones pasadas -más tarde sustituido por Kamala Harris-, enfrenta graves problemas de salud, destacando el cáncer de próstata que, se ha divulgado, es agresivo y ha hecho metástasis ósea, sin dejar de lado sus problemas cognitivos. Como todo es relativo en esta vida, Trump se aprecia en mejores condiciones que Biden, sin que ello quiera significar que goza de estupenda salud a juzgar por su obesidad y continuos dislates en su narrativa -que muchos insisten que son deliberados porque ese es su estilo.

Trump, sin embargo, no es el mandatario más longevo en el mundo. Hay otros personajes que lo superan en edad, por ejemplo, el Presidente de Camerún, Paul Viya, en el poder desde 1982 y que tiene 93 años; Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina con 90 años; Sergio Matarella, presidente de Italia, con 82 años; Ali Khamenei, líder supremo de Irán con 86 años; Michael Higgins, presidente de Irlanda, con 86 años; Denis Sassou Nguesso, presidente del Congo con 82 años; Nangolo Mbumba, presidente de Namibia, con 84 años; y Nana Akufo-Addo, presidente de Ghana con 82 años. No está de más mencionar que Lula Da Silva, el presidente de Brasil, tiene la misma edad de Trump y que el próximo 27 de octubre cumplirá 81 años. Además, ha indicado su intención de contender en los próximos comicios presidenciales que también serán en octubre próximo.

En 1975, la edad promedio de los líderes en el mundo era de 55 años. Hoy es superior a los 60. En términos generales, los políticos europeos, tienden a tener personas más jóvenes en posiciones de poder que los regímenes autoritarios en diversas partes del mundo. Sin embargo, considerando que la edad promedio de los ciudadanos es de 30 años, los líderes duplican la edad de sus electores. Los políticos jóvenes en posiciones de poder son escasos. Jacinda Ardern, ex primera ministra de Nueva Zelanda llegó al poder en 2017 a la edad de 37 años y ello fue ampliamente comentado precisamente porque era, como ahora, excepcional. Ni qué decir de Sanna Marin, primera ministra de Finlandia, quien fue electa para el cargo en 2019 a la edad de 34 años. De hecho ambas lideresas encabezaron la respuesta, en sus respectivos países, contra la pandemia del SARS-CoV2 y lo hicieron muy bien a diferencia de personajes más longevos como Donald Trump.

 

 

Otros jóvenes líderes que han gobernado o gobiernan incluyen a Gabriel Boric, quien llegó a la presidencia de Chile cuando tenía 36 años; Daniel Noboa, actual mandatario de Ecuador con 38 años; Simon Harris, primer ministro de Irlanda, de 39 años; Milojko Spajić quien asumió el cargo de primer ministro de Montenegro a la edad de 36 años; y Balen Shah, ex rapero y actual primer ministro de Nepal que tiene 36 años.

 

 

¿El mundo está expuesto a una gerontocracia? El término fue ampliamente usado en la Guerra Fría para referirse a los líderes soviéticos, quienes, una vez en el poder, lo dejaban sólo porque morían. Tras la muerte de Stalin -falleció a los 74 años-, Nikita Kruschov llegó al poder en 1958 a la edad de 64, si bien fue destituido. Su sucesor, Leonid Brtezhnev ascendió en 1964 a la edad de 58 años. A su muerte hubo una suerte de interinato de una sucesión de personajes sumamente enfermos: Yuri Andropov, de 68 años en 1982 (murió un año después a causa de una insuficiencia renal crónica) y Konstantin Chernenko, de 72 años en 1983 (murió un año después por una insuficiencia cardiovascular y enfisema pulmonar). Cuando Mijaíl Gorbachov llegó a la cúspide del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y devino en el líder del país tenía 56 años, situación ampliamente comentada en círculos políticos internacionales. Tras la desintegración de la URSS, Boris Yeltsin fue el primer presidente de Rusia electo a la edad de 60 años en 1991. Hoy Vladímir Putin, su sucesor -quien tenía 47 años cuando ascendió al poder- tiene 73 años. Su camarada, el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, ascendió a las altas esferas tras el gobierno de Hu Jintao en 2013 a la edad de 59 años. Hoy tiene 73 años. Narendra Modi, primer ministro de India desde 2014 tenía 63 años al ser electo. Hoy tiene 75.

 

Un análisis efectuado por Daniel Stockemer y Kamila Kolodziejczyk publicado en mayo de 2025 señala que entre más alta es la responsabilidad política de los líderes, más viejos son. A nivel parlamentario, sólo el 3 por ciento de los legisladores en todo el mundo tiene 30 o menos años. De hecho, la edad promedio en esas esferas es de 50 años y la de los gabinetes de presidentes y/o primeros ministros, de 55 años.

¿Por qué las nuevas generaciones están tan subrepresentadas en las altas esferas del poder? Hay factores diversos como la edad legal para votar y ser votado; la tendencia a que el sistema favorezca a políticos ya establecidos, haciendo difícil para los más jóvenes el acceso al mismo. También los partidos políticos postulan a candidatos más longevos, generalmente relegando a los más jóvenes a cargos de menor rango o a contiendas donde tienen pocas probabilidades de ganar. También la escasa credibilidad de los partidos políticos hace su parte para que los jóvenes pierdan interés en postularse -en México, por ejemplo, entre las instituciones más confiables, la lista la encabezan fuerzas armadas, universidades y la iglesia, en tanto los partidos políticos figuran en el último lugar.

Que haya figuras políticas longevas en el poder también impacta en las agendas de los países. Las personas más jóvenes tienen visiones diferentes sobre los temas nacionales. Una encuesta del Pew Research Center encontró que, en Estados Unidos, dos terceras partes de los estadunidenses de 30 años o menos favorecen regulaciones más estrictas en materia de control de armas, en tanto los políticos de 60 años o más impulsan la tenencia.

En otras naciones ocurre algo similar. Japón, un país que tiene, en términos generales, a una de las poblaciones más longevas del planeta, enfrenta discrepancias en prioridades políticas entre los más jóvenes y los mayores de 60 años en temas como incrementar el gasto en cuidados de la infancia y educación. Los más jóvenes consideran que el país debe tener fuerzas armadas propias y también debaten si se debiese contar con armas nucleares considerando la amenaza que les plantean Corea del Norte, Rusia o la RP China. Los parlamentos con personas más longevas colocan al tema de las pensiones en primer lugar, en tanto el endurecimiento de las legislaciones ambientales pasa a un segundo plano.

Existe la creencia de que entre más joven es la persona más incompetente en la esfera política es o podría serlo. Quizá la razón de que este argumento esté tan divulgado reposa en que hay pocas personas entre 30 y 40 años que han logrado ascender a las más altas esferas políticas de sus países, por lo que parecería más cómodo apostar por personas longevas. Empero, considérese, regresando al caso de Estados Unidos, que John F. Kennedy y Barack Obama tenían 44 y 47 años, respectivamente cuando se convirtieron en presidentes y sus administraciones no son recordadas como las más incompetentes -categoría en la que sí podría figurar, paradójicamente, el longevo Donald Trump.

Más importante es observar que los grandes problemas y desafíos que enfrenta el mundo como la debacle ambiental, la pobreza y la pésima distribución de la riqueza, las epidemias y pandemias, la equidad de género, la agenda de desarrollo, la reducción del gasto militar y un largo etcétera, suelen ser ignorados por los más longevos, lo que frustra a las nuevas generaciones quienes se desinteresan en desarrollar una carrera política, dando pie al círculo vicioso descrito. La vida es un continuo aprendizaje: ni los más longevos tienen todas las respuestas a su alcance, ni los más jóvenes son incapaces de proponer soluciones y políticas apropiadas.

 

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