Gracias a la pandemia por Covid-19, tuvimos que adoptar, en semanas, el avance tecnológico que teníamos planeado para los próximos 10 años.
Los sectores tecnológico y educativo están siendo sujetos a pruebas de resistencia, y como consecuencia están realizando cambios vertiginosos para la pedagogía, que se ha visto obligada a digitalizarse aceleradamente.
Hoy conocemos la educación y el aprendizaje antes del coronavirus (A.C.) y después del coronavirus (D.C.).

La globalización nos volvió uno mediante la conectividad, y a la vez nos separó por completo al confinarnos en nuestras casas para evitar la propagación de la enfermedad. El coronavirus nos enseñó que no somos el centro del universo y que estamos en peligro de extinción. Por su parte la caída del sistema económico ha traído consecuencias físicas y emocionales en la población mundial.
La pedagogía encontró un nuevo significado y entró en acción urgente para tratar de empatar desigualdades y asimetrías en el capital humano de las instituciones educativas, el acceso a internet y en la adopción de dispositivos móviles, en un mundo en donde aproximadamente el 50% de la población sufre de analfabetismo digital.
Justo como Charles Darwin lo dictó en su obra La evolución de las especies, tuvimos que adaptarnos y reinventarnos para sobrevivir en un entorno donde, aparentemente, todos ya dominábamos hacerlo.
De la entropía social a la educativa
Cuando la sociedad entra en desorden, sistemas como el educativo requieren de una intervención comunicológica y psicológica para ser observados, razonados y modelados a una nueva realidad sistémica.

Alumnos, padres de familia, docentes y cuerpo administrativo de las escuelas han tenido que renovarse y auto regenerarse en cuanto a procesos, contenidos, métodos de interacción, y producción de nuevos espacios y tiempos educativos, para así encontrar una nueva autodefinición de autopoiesis; es decir, cambiar estructuralmente los elementos de un entorno antiguo que, debido a perturbación del medio, tuvo que acelerar su capacidad tecnológica para preservar su existencia.
Las destrezas no académicas comprobaron ser mucho más poderosas para el desempeño en la vida en cuanto a creatividad y aceptación de conocimientos propios, incluso más allá de lo matemático y lo científico. El pensamiento crítico y la creatividad crearon nuevos hábitos de trabajo y concentración para el desarrollo cerebral del incipiente “Pandémial”.
La nueva normalidad educativa se traduce en el advenimiento de la pedagogía conectada:
- Cambios de lo analógico a lo digital para ajustar hábitos de aprendizaje.
- La adopción de una educación híbrida.
- La permanente incertidumbre y adaptación de un aprendizaje que no rechaza la presencialidad y no sustituye al maestro, sino que lo complementa en tiempo en pantalla.
- La modificación de programas de estudio.
- La permanente consultoría de los padres de familia que, sin cambiar su rol, se ajusta para ser consultores educativos permanentes y reaprenden la ciencia de la crianza.
- Desarrollo sostenido de las emociones.
- Creación de un propio ambiente de aprendizaje.
Eduardo Andere (Doctor en Ciencia Política de Boston College con maestrías en Economía y Administración Pública de las Universidades de Boston y Harvard respectivamente), considera que las empresas deberán crear horarios flexibles y opciones de trabajo a distancia, para que los padres de familia se adapten a los nuevos requerimientos de aprendizaje de sus hijos.

Nos corresponde ahora a todos evitar el “síndrome de la cabaña” que nos deja el encierro prolongado, y no permitir que la incertidumbre del regreso a lo cotidiano nos detenga para hacer positiva la nueva forma de aprendizaje e interacción social.
Estimado lector:
Te invito a asegurar tu salud física y psicológica para pronto retomar la sensación de control y bienestar, salir del modo crisis y entrar en la acción y participación social que tanto estamos extrañando todos, sin nunca olvidar que nuestra nueva realidad ya se volvió digital.
