Etcétera

El curioso incidente de los calcetines al revés

Tenemos tantas ganas de sacar nuestra ira, que hemos llegado al nivel de criticar y descalificar todo. Todo, en absoluto. Hasta unos calcetines.

La carrera de Molino del Rey sirvió para tres cosas: para que los participantes de caché sudaran las toxinas de la carne añejada que se empacan en el Palm, para que algunos miembros del gabinete demostraran que si bien no pueden avanzar en asuntos delicados, sí pueden echarse 10 kilómetros trotando, y para burlarnos nuevamente del presidente.

La mofa colectiva inició cuando Peña fue a la FIL de Guadalajara y no pudo contestar cuáles eran los tres libros que marcaron su vida (como si los presientes cultos hubieran sido mejores. Ejemplo: López Portillo).

Esto en otro momento histórico se hubiera quedado en la nota de 8 de algunos periódicos que envejecen el mismo día que nacen.

Estamos en la era del Twitter, que nos ha traído consigo la oportunidad de retirar las mordazas, pero no de evitar que un club del odio se propague.

El encono contra el gobierno se ha acentuado cotidianamente y no ha sido gratuito. Ya vemos cómo se ha devaluado el peso, cómo ha subido la gasolina, cómo aumentaron los impuestos, cómo despilfarran el dinero del erario haciéndole el gasto al fallecido Alexander McQueen, cómo no se esclarecen los crímenes políticos, cómo ningún miembro del gabinete ha sido destituido por su inoperancia…

Es legítimo que la gente demuestre su descontento, ya que no estamos para seguir soportando arbitrariedades en aras de lo “políticamente correcto”.

Qué bueno que hayan marchas. Qué bueno que hayan intelectuales abajofirmantes. Qué bueno que haya activistas que acompañen a los desvalidos en su desgracia y hagan que sus voces sean escuchadas.

Finalmente, y como dice el clásico, los funcionarios son nuestros empleados. Lástima que muy pocas veces se consiga echarlos a la calle con sus cajitas de Roma Fab bajo el brazo.

Hoy el presidente salió en su propia defensa en Twitter y mostró las pruebas que demuestran que no se puso al revés los calcetines. Eso francamente se notaba si se hacía un zoom a las fotos, ya que cuando uno se colocan por error los talones en empeine, éstos se ven abultados bajo la lengua de los tenis.

Gracias a los memes, Peña Nieto volvió a ser el hazmerreír de la banda. Y es que como sus asesores han dejado tanto qué desear en el apoyo a su imagen pública, no era descabellado que se le hubieran ido las cabras y que los calcetines, en efecto, estuvieran al revés.

Pero, ¿y eso qué?

Qué se resuelve con dejar en evidencia las posibles torpezas domésticas de un hombre que, a todas luces, se ve demolido porque simplemente le quedó grande el puesto y no ha podido controlar ni las miradas inquisidoras de su propia mujer en los actos oficiales.

Está bueno. El pueblo necesita sacar su frustración atizando el fuego del incendio en el que vivimos. Es válido pasar un buen rato riendo por incidentes inocuos como el #calcetingate.

Sólo no hay que olvidar que lo verdaderamente importante sería que el presidente desfogara con la misma prontitud las pruebas de que lo de la fuga del Chapo no fue algo pactado, ni que la gente de su gobierno estuvo implicada en la desaparición de los 43, ni que los gastos onerosos de sus viajes salen de nuestra bolsa.

Eso es más trascendental, ¡no unos pinches calcetines aerodinámicos Under Armour!

Seriedad, compañeros. Seriedad.

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