La Iglesia ha mostrado que es rencorosa y con un peculiar sentido del humor; eso lo podemos percibir con una frustrada aparición del papa Benedicto XVI en un aniversario de Juárez y con otras fechas significativas.
Ahora el nuevo Papa canoniza a José Sánchez del Río, el “Niño cristero”, de Sahuayo, Michoacán, considerado mártir, solamente porque, en una batalla, le entregó su caballo a un general cristero para que el insensible se salvara, acción que le costó la vida al niño. Y, ¿qué tiene eso de relevante para este artículo? Pues que este niño fue declarado beato el 20 de noviembre de 2005; ¿y qué?
Me explico. Con Porfirio Díaz la Iglesia vivió un romance, porque de la Constitución de 1857, que provocó la guerra de Reforma y la intervención francesa, casi nada se aplicó en el porfiriato. El idilio fue interrumpido por la aparición de Francisco Ignacio Madero y el inicio de la Revolución, el 20 de noviembre de 1910.
Con la caída de Victoriano Huerta, Venustiano Carranza fue detestado por el clero, y lo fue más cuando el “Varón de Cuatro Ciénegas” acusó a la Iglesia de ser responsable de la muerte de Madero y de aliarse con Huerta (aquí ni negarlo, si la curia hasta le hizo un tedeum al usurpador). Por eso, entre 1914 y 1919 (gobierno del barbón) casi no hubo obispos en México.
Aunque Carranza no aprobó las medidas más anticlericales de la Constitución e hipócritamente intentó acercarse al clero, los constitucionalistas se apoderaron de edificios y bienes de la Iglesia y desterraron curas.
Dice el historiador Lorenzo Meyer que, a los sacerdotes, “los carrancistas les desconocieron fueros y privilegios; se les trata como a cualesquiera de los ciudadanos haciéndoles mucho favor”, por lo que los enemigos de México se van con los enemigos de Carranza: “Entonces llenaron de imágenes y de amuletos religiosos los pechos y los sombreros de los zapatistas. Los curas estaban con ellos. También en los velludos pechos de los norteños villistas había medallas y escapularios y en ese campo, ya cuando aliados con los zapatistas habían desconocido al señor Carranza, el clero creyó favorable su intervención”.
Seguramente los ensotanados bailaron de gusto cuando supieron del asesinato de Carranza el 21 de mayo de 1920 en Tlaxcalantongo.
Durante el gobierno de Plutarco Elías Calles, se originó la guerra Cristera, cuando la Iglesia se negó a aceptar la Constitución de 1917 (por los artículos 3, 24, 27 y 130), ya que se instituía que la educación sería laica; se prohibía la participación del clero en política; se le negaba la personalidad jurídica, se le quitaba el derecho a poseer bienes raíces; se impedía el culto público fuera de los templos y se reconocía el derecho a la libertad de creencias.
La verdadera historia se ha ocultado en los libros de texto, se victimiza a la Iglesia y se minimiza su actuación, cuando ella es la que cierra los templos y arma a sus feligreses, incluso con la aprobación de Roma.
La Iglesia mexicana ha logrado que muchos sacerdotes criminales que participaron en esa lucha, hayan sido elevados a la santificación, como los 24 que fueron canonizados el 21 de mayo de 2000 por Juan Pablo II; la investigación sobre los mártires la realizó el Ateneo Pontificio "Regina Apostolorum", una institución universitaria que dirigen los Legionarios de Cristo en Roma. Sí, los del padre Maciel. Esta canonización fue la más numerosa en la historia de América Latina.
¿Es una coincidencia que los cristeros, que mataron a sus hermanos en la Tierra, hayan sido canonizados en la misma fecha en que fue asesinado el enemigo de la Iglesia, Venustiano Carranza? Tal vez
Pero hay otros: Miguel Gómez Loza y Anacleto González Flores, dos cabecillas de los cristeros, fueron beatificados por Benedicto XVI el 20 de noviembre de 2005. Sí, precisamente en el aniversario de la Revolución mexicana.
El primero fue nombrado por los cristeros “gobernador civil” de Jalisco en esa época y Anacleto fue el brazo derecho del cerebro que originó la Cristiada: el obispo Francisco Orozco Jiménez. Francisco Martín Moreno dice que Anacleto y el obispo eran amantes.
Se pregunta el escritor: “¿Cómo puede el Papa declarar que Anacleto y Gómez Loza gozan de la eterna bienaventuranza y se les puede rendir culto si dinamitaron puentes y ferrocarriles, se sumaron a la mutilación de la nariz y orejas de los maestros laicos, incendiaron escuelas, se empeñaron en el tráfico de armas, utilizaron las limosnas pagadas por los fieles para comprar cartuchos y municiones, dirigieron ejércitos de cristeros para matar soldados federales defensores de la Constitución y además, secuestraron y asesinaron a personas inocentes?”
Después de Carranza, la iglesia se topa con Álvaro Obregón. Como pudo lo sobrellevó cuatro años, porque el sonorense tenía otros planes. Más tarde, con Plutarco Elías Calles se inicia la Cristiada.
Sin embargo, el “Manco de Celaya”, convirtiéndose en lo que aborreció en Porfirio Díaz, decidió reelegirse. El clero decidió asesinarlo (con una pequeña ayuda de Calles y Morones), así que el sonorense murió como presidente electo a manos de José de León Toral (y otros dos o tres antes se había salvado de varios atentados de fanáticos religiosos como el padre Miguel Agustín Pro Juárez (de muy contradictorio apellido), quien pagaba la renta de la casa donde se fabricaban explosivos para la guerra cristera y donde se planeó la muerte del presidente de la República.
La guerra Cristera duró tres años (1926-1929) y dividió hondamente al país. Por eso, Calles se convirtió en el mayor enemigo del clero. Plutarco Elías Calles apodado “El Turco”, nació el 25 de septiembre de 1877 en Sonora.
Tal vez no sean sólo coincidencias las fechas; por eso, uno de los que participó en esos atentados contra Álvaro Obregón, el padre Agustín Pro (protector de la Madre Conchita, quien asesoró a De León Toral), fue canonizado por Juan Pablo II el 25 de septiembre de 1988, aniversario del natalicio del “Turco”.
En 2012, la iglesia católica mexicana deseaba que la llegada del papa Benedicto XVI se programara para el 21 de marzo, fecha muy importante para los mexicanos, ya que se celebra el nacimiento de Benito Juárez, el estadista que se enfrentó al mayor poder de México en su tiempo: el del clero.
Sin embargo, pudo más la sensatez en el gobierno panista, ya que eso podría ser considerado una grave afrenta, por lo que la llegada se realizó dos días después. Así que la venganza contra el Benemérito se pospuso.
El “Niño cristero” ya es santo desde este 22 de enero. Parece que el papa argentino no sigue la tradición de buscar fechas significativas que tengan que ver con los enemigos de la Iglesia; o no tiene el mismo sentido del humor de sus antecesores… pero resulta extraño que con tan pocos méritos se canonice al niño mexicano.
