Lo positivo de esta jornada electoral es que confirmamos con creces que sí hay democracia efectiva en México. Así hemos comprobado que sí funciona en lo realmente posible la democracia representativa con que nos gobernamos en lo político. Tuvimos unas votaciones ejemplares, históricas; aunque con un abstencionismo de casi el 40%.
La ciudadanía mexicana organizó sin tropiezo grave las casillas de voto y las hizo funcionar en libertad y buena sociedad, así prácticamente todo mundo pudo ejercer su voto libre y secreto. No fue todo perfecto durante las campañas, predominó la demagogia, hubo mucha chapucería; sin embargo, el día crucial de la votación todo se hizo bien. Por eso, esta vez ni siquiera es imaginable el fraude, y esto es un hecho histórico en México. Conseguir tal certeza.
Todas las partes en juego han aceptado de forma pública y democrática el resultado de la elección presidencial. Andrés Manuel López Obrador ya es presidente electo de México. Ganó de forma contundente en las urnas, dado que tiene a su favor 53% de los votos emitidos, contra sólo 22% de Ricardo Anaya, su más próximo competidor. Sus contrincantes reconocieron de inmediato la derrota ante él y lo felicitaron como nuevo mandatario electo por la ciudadanía, con ello los tres dieron muestra de ser buenos demócratas. Hay que reconocer que esta vez las encuestas no estuvieron erradas en mucho.
El mundo recibe al nuevo presidente de México con calma. Ya hasta Donald Trump habló con López Obrador por teléfono para felicitarlo. Todo está en orden y todo mundo demuestra una madurez ejemplar para una nueva fase de la alternancia.
El discurso de López como presidente electo ante sus seguidores y la ciudadanía es de búsqueda de la reconciliación y de ampliar el acuerdo, ofrece gobernar para todos, sin dejar de prestar atención especial a los más pobres. También plantea que respetará la autonomía del Banco de México y la de los otros poderes, ofrece respetar las leyes y las instituciones. Y en buena parte lo hace porque necesita asegurar la estabilidad del país de aquí a que tenga de verdad todo el poder en sus manos.
Qué puede ser lo que vendrá luego de su investidura el primero de diciembre, eso es todavía un enigma insondable, aunque nos deja sentir que tendrá tanto poder en sus manos que le será difícil no ejercerlo en forma dictatorial, sobre todo cuando nos propone llevar a cabo la cuarta transformación o regeneración de México. Tal ha sido el principal temor de quien esto escribe, desde el inicio de la campaña, la forma presidencialista y protagónica con que se propone gobernar López Obrador, porque ello hace que todo dependa de una sola persona, cuando no puede haber una persona con tanto poder y saber, aunque presuma de haber recorrido el país completo y conocer a todo mundo por su rostro.
La hora de la verdad será cuando llegue a gobernar López Obrador como presidente, allí se verá su capacidad para tratar con la realidad, cuando tenga que cumplir todo lo que ha prometido, cuando tenga que hacer disminuir la violencia y mejorar la economía sin aumentar los impuestos ni dar gasolinazos. Tarea difícil de cumplir, cuando en verdad se quiere gobernar para todos, sin favoritos y sin privilegiados, sin corrupción y sin represión.
En lo esencial, sigue sin verse claro que López Obrador sea un político de izquierda, con todo y su voluntad de alcanzar la igualdad económica y política entre todos. Lo mismo vale para su caracterización como luchador social, dado que las luchas que acaudilla son las de sus propios intereses. Sus propuestas y conducta son más bien conservadoras, no se puede decir que se un radical o vanguardista en nada. Por eso mismo se ve difícil que pueda cumplir y sostener las promesas que ha hecho, porque aún no las ha fundado en la realidad de la economía política. Y cuando choque con ésta tendrá que renunciar a su utopía o comenzar a engañarse pensando en complots y mafias que le estorban, cuestión que, una vez siendo presidente, puede ser grave defecto de su modo de gobernar.
Por otra parte, ahora que López Obrador ha llegado a la presidencia, deja de ser un político anti-sistema y un opositor crítico. Ahora la prensa que milita de su lado será la prensa oficialista, lo mismo que la prensa oficialista en sí. Lo que ahora resulta complicado es ser prensa libre y de oposición, prensa capaz de criticar los errores del presidente y capaz de juzgar con rigor sus propuestas y resultados. En tanto que sus seguidores en las redes sociales se han ensoberbecido con el triunfo y en lugar de argumentar por el vencedor optan por agredir a los contrarios y pedirles que abandonen el país.
Mas por ahora cedámosle a López Obrador la confianza del triunfo legítimo en las urnas y el derecho a que nos haga ver equivocados con nuestra desconfianza ante su proyecto de gobierno, busquemos una efectiva reconciliación sin antagonismos frontales. Ojalá él sepa hacer de verdad lo que espera hacer como transformación de México y que todo sea para bien de todos, y con mejor suerte para los desposeídos y los olvidados. Veamos así hasta dónde puede llegar esta luna de miel entre López Obrador y las masas y la utopía del poder presidencialista y el culto a la personalidad.

