La base de un gobierno legítimo y democrático se da por medio de elecciones libres, universales y periódicas. El voto, además de ser un derecho político, también es un derecho humano conforme al artículo 23 de la Convención Americana Sobre Derechos Humanos.
Razones para apoyar el voto voluntario:
1. El voto es un derecho ciudadano: La esencia del debate radica en determinar si el voto es un derecho o un deber. Si se considera un derecho, el sufragio voluntario es la forma más adecuada. Si se ve como un deber, el sufragio obligatorio sería la opción coherente.
2. Diferencia entre derechos y deberes: Afirmar que el voto es un derecho significa que el ciudadano tiene una posición de preeminencia frente al Estado, siendo libre de ejercer o no dicho derecho. Los derechos poseen un núcleo irreductible, inalienable y protegido por ley.
3. Discrecionalidad estatal en deberes: Los deberes están en función del interés del Estado, lo que da lugar a la imposición coactiva de ciertas obligaciones como los impuestos. En cambio, el voto se basa en el ejercicio de la libertad política y autonomía del ciudadano.
El voto obligatorio ha generado un debate con poco eco en las diferentes sociedades en Europa. Los defensores lo justifican por ser un deber democrático que fortalecería la legitimidad de los representantes electos y la igualdad en las elecciones. Por otro lado, los opositores lo ven desde una perspectiva libertaria, enfatizando la libertad de elección y la posibilidad de no participar en una elección. Aunque existen argumentos válidos a favor y en contra, la obligatoriedad del voto plantea cuestiones sobre la libertad de decisión electoral negativa. En general, se considera el voto obligatorio ajeno a la lógica constitucional, y su implementación no garantiza una mejora en la calidad de la democracia ni resolvería una crisis democrática si surgiera.
En varios países democráticos con voto obligatorio, esta obligatoriedad se debe a tradiciones culturales, eventos históricos o respuestas específicas. En dictaduras o gobiernos autoritarios, el voto obligatorio puede utilizarse para aparentar legitimidad. En Alemania, por ejemplo, se busca aumentar la participación electoral con el voto obligatorio para fortalecer la democracia y generar legitimidad, pero medir la calidad democrática es complejo, ya que no existe un criterio objetivo para su legitimación.
Participación y democracia
La relación entre participación electoral y democracia es compleja. El aumento o disminución de la participación por sí solo no ofrece una imagen clara de la salud de la democracia. A pesar de ello, la disminución de la participación a menudo se interpreta como un síntoma de crisis democrática, mientras que el aumento no suele ser considerado como tal. Sin embargo, la participación electoral no es el mejor indicador para evaluar la crisis democrática, ya que puede variar considerablemente. Es más adecuado para medir, el interés de las personas en las elecciones y la percepción de su importancia. Convertir la participación electoral en una teoría sobre la democracia carece de sentido.

Fuente: www.elordenmundial.com
Los expertos coinciden en que el voto obligatorio sin sanciones apenas tiene impacto. La obligación moral de votar, incluso si es legalmente formulada, no suele aumentar significativamente la participación electoral. Por lo tanto, para aumentar la legitimidad del sistema democrático, sería necesario imponer sanciones por no votar. Algunos países aplican sanciones, pero en muchos casos, estas no llegan a ser efectivas. Las sanciones pueden incluir multas, limitación de derechos civiles, como la privación temporal del derecho al voto o la exclusión de cargos públicos, e incluso la publicación de listas de no votantes.
Los defensores del voto obligatorio buscan aumentar la participación electoral sin establecer un nivel específico deseado. También argumentan que más participación reduciría la selectividad social y aumentaría la igualdad electoral, pero determinar qué grado sería adecuado para lograr esta ecualización es subjetivo. ¿Debería ser el 90% o es suficiente con el 60%? Además, se observa que las personas socialmente desfavorecidas tienden a abstenerse de votar con mayor frecuencia, lo que se relaciona con factores como la educación, los ingresos, el género y la afiliación religiosa y sindical, así como con el interés político, la satisfacción con la democracia y la afiliación partidaria. En general, una combinación de factores sociales y políticos influye en la probabilidad de que ciertos grupos acudan a las urnas.
Simpatía por votar
Los factores que llevan a la abstención electoral son más determinantes que la estructura social. La filiación partidista (simpatía por el partido), los intereses políticos y las normas electorales son importantes para el nivel de participación. El desencanto con la política, la insatisfacción hacia los políticos y los partidos, son motivos clave para la abstención. Sin embargo, la participación de abstencionistas no tendría un impacto significativo en los resultados electorales. Los estudios indican que los abstencionistas no tienen preferencias políticas diferentes a los votantes y su participación apenas cambiaría los resultados de las elecciones. En general, la movilización de abstencionistas tiene un efecto limitado en el resultado electoral.
En México es obligatorio votar, pero no se aplica ninguna falta si no se hace. Para aquellos que nos esforzamos por participar en cada elección, resulta difícil entender por qué algunos ni siquiera hacen el esfuerzo de buscar la ubicación de su casilla de votación. Es desconcertante ver cómo algunos ciudadanos no aprovechan la oportunidad de ejercer su derecho al voto y contribuir al proceso democrático.
El problema radica en el desencanto hacia la política, los partidos y los candidatos, lo cual genera poco o nulo interés en votar. También, la falta de educación en valores cívicos en el sistema educativo mexicano ha contribuido a esta situación a lo largo de generaciones.
Es importante comprender que votar no es solo un derecho, sino una obligación ciudadana, cívica y moral. Al participar con nuestro voto, otorgamos legitimidad para expresar nuestras opiniones y exigir responsabilidad a aquellos que han sido elegidos para representarnos.
Para el proceso electoral a celebrarse en junio de 2024, todo pareciera estar a favor del oficialismo. Se esperaba una contienda tersa con un candidato del establishment en la oposición, probablemente Santiago Creel, y atacarlo con insidias clasistas que dieran como resultado el triunfo a Sheinbaum.
Sin embargo, no se esperaba la irrupción de Xóchitl Gálvez, la candidata opositora que opacó en menos de una semana a todas las corcholatas de AMLO. Hoy por hoy, la oposición tiene una figura triunfadora que de convertirse en la candidata del Frente Amplio por México deberá ganar con un amplio margen. Morena ha dado pruebas de no ser demócrata. El presidente no va a entregar el poder y va a intentar bajar a la senadora de una u otra forma. Ahora mismo está esforzándose por desaforarla y sacarla de la contienda. Por eso mismo es muy importante que en un eventual triunfo de la oposición, el margen sea muy amplio. Todos sabemos que el enfrentamiento no será entre la derecha y la izquierda, sino entre el populismo autoritario y el liberalismo democrático. Morena es la nostalgia reaccionaria por el pasado mientras que Xóchitl nos brinda una visión esperanzadora del futuro…

