A partir de hoy se van a sentir los efectos por las medidas para enfrentar al coronavirus. Las cosas ya no pueden dejarse sueltas para que cada quien haga lo que considere.
Se tienen que seguir de manera puntual las indicaciones de las autoridades, son momentos en los que hay que actuar de manera responsable, pero sobre todo hay que identificar que somos los ciudadanos los que debemos poner la mayor atención.
Habrá que acatar las disposiciones asistiendo lo menos posible a lugares públicos ante la inminencia de la fase dos, lo cual obliga a quedarnos el mayor tiempo posible en nuestras casas.
Las autoridades deben actuar de manera coordinada. Si estamos en fase uno desde hace varios días, en el caso de la Ciudad de México pareciera que apenas se están tomando medidas, si nos atenemos a la conferencia de prensa que ofreció ayer la Jefa de Gobierno.
Hubiera es mal verbo, pero ojalá no haya repercusiones por el Vive Latino el cual se llevó a efecto en fase uno. Por un lado se permitió el desarrollo del festival con una asistencia, durante los dos días, cercana a las 140 mil personas, pero por otro lado se canceló un evento de box que ni por mucho alcanzaba una presencia como la del festival.
Dentro del proceso de coordinación urge poner a todo el país en la misma dinámica. Algunos gobiernos están tomando decisiones sin necesariamente atender los tiempos que siguen las autoridades federales. Se están dando casos como en Puebla, en donde todo indica que quien va a determinar el sí o el no es el gobernador, según él mismo lo dijo pasando por encima de su titular de Salud.
En otros estados las medidas se están tomando en función de dinámicas locales, como si no hubiera una interrelación entre los estados.
Las autoridades de Salud han hecho hasta ahora un buen trabajo con efectivos procesos de información. Para lo que viene es fundamental una coordinación nacional que permita a todo el país estar bajo la misma dinámica.
De igual manera el Presidente debería tener una actitud menos retadora ante el coronavirus, como la que se vio este fin de semana. Fue la cercanía con la gente y también sus declaraciones, las cuales por el peso y fuerza que tiene se convierten en argumentos y explicaciones de muchas personas sobre cómo actuar ante el coronavirus.
La seriedad y disciplina con la que se comporte el Presidente se convierte en ejemplo de lo que se debe hacer y decir para millones de personas. La respuesta del subsecretario de Salud a la pregunta sobre los riesgos de la salud del Presidente no ayuda, “la fuerza de AMLO moral, no de contagio”. El Presidente, insistimos, debe ser el primero en seguir las indicaciones, y a López-Gatell no le vienen bien los terrenos de decirle sí al Presidente cuando hay una serie de medidas que obligadamente se tienen que tomar.
A partir de este día nuestra cotidianidad va a sufrir cambios importantes. No tiene sentido escatimar esfuerzos ni cuestionar con intenciones políticas, es un momento para darle pausa a nuestras diferencias, porque lo contrario puede significar confrontaciones en medio de escenarios inéditos y de alto riesgo.
La responsabilidad del Gobierno es doble. Por un lado, es el rector de la sociedad a la que gobierna y organiza, por otra parte, es el encargado de mantener y procurar la salud de la población. En esto no se valen salidas en falso ni cosa parecida.
Existe en medio de esto una preocupación justificada al ver las reacciones de gobiernos vecinos ante el virus, en tanto que en nuestro país pareciera que vamos a otra velocidad.
El puente terminó por servirnos como entrenamiento de lo que viene. Si algo no podemos olvidar es que todos estamos en el mismo barco.
RESQUICIOS.
Ya van ocho personas muertas por haber recibido un medicamento contaminado en el Hospital de Pemex en Tabasco. No hay explicaciones precisas, más bien da la impresión de que unos y otros “se echan la pelotita”; es una tragedia.
Este artículo fue publicado en La Razón el 17 de marzo de 2020, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.
