Etcétera

EPN encuentra zona de confort en el periodismo oficialista

Su encuentro más reciente con un periodista mexicano fue el 26 de junio. Desde su habitación en el Hospital Central Militar, donde convalecía de una operación de vesícula a la que fue sometido, el presidente Enrique Peña Nieto concedió una breve entrevista con Joaquín López Dóriga para su programa de noticias en Radio Fórmula. Las circunstancias no eran precisamente las más propicias para hablar de los problemas del país, ni mucho menos para cuestionamientos incómodos. El único propósito fue saber cómo se sentía el mandatario luego de una cirugía.

Antes de ese breve diálogo, la última entrevista formal de Peña Nieto para algún medio o periodista de México data del 19 de agosto de 2014. En aquella fecha, encabezados por el director del Fondo de Cultura Económica, José Carreño Carlón, los periodistas Pablo Hiriart, Pascal Beltrán del Río, León Krauze, Ciro Gómez Leyva, Denise Maerker y Lilly Téllez, tomaron parte en un ejercicio de interlocución con el Ejecutivo Federal que generó varias críticas incluso de algunos de los participantes, debido a que el formato no les permitió formular algunas interrogantes que hubieran querido hacer al Ejecutivo Federal, quien un día antes, apareció en el programa de variedades Hoy.

Tras más de un año ausente de las entrevistas de los medios nacionales, en el que su gestión se ha visto marcada por hechos como Ayotzinapa, Tlatlaya, la casa blanca, la fuga del Chapo Guzmán y otros más que tienen a su administración sumida en una crisis de credibilidad, Enrique Peña Nieto reapareció la noche del jueves 3 de septiembre en una conversación con la periodista Adela Micha, para Televisa, en un ejercicio donde el Ejecutivo dominó la situación y lució como siempre le ha gustado: sereno, relajado, con una escenografía impecable y una narrativa triunfalista como la que ofreció en su mensaje del día anterior, con motivo de su Tercer Informe de Gobierno.
A la conductora le impuso estar frente al presidente de México Divagó entre preguntas informales sobre la familia, la vida conyugal del mandatario y episodios anecdóticos como el de las calcetas, para luego intentar “entrarle” a los temas espinosos. Cuando Micha comenzaba a formular su pregunta sobre alguno de ellos, Peña Nieto la interrumpía para dar paso a la reiteración del discurso que tiene para cada uno: Ayotzinapa es un caso que sigue siendo investigado por la PGR; Tlatlaya es un caso aislado con el que se intentó manchar la imagen del Ejército; no hubo conflicto de intereses en el asunto de la casa de su esposa y no descansará hasta reaprehender al capo prófugo. La entrevistadora simplemente hacía mutis, miraba a la cámara y de vez en cuando, reía para ponerle un toque de informalidad a la charla, que a la postre derivó en un monólogo.
Las reacciones tardías ante sucesos importantes o graves, así como el exceso con que se cuida la imagen presidencial ante la prensa, ha propiciado que desde los medios extranjeros a Enrique Peña Nieto se le cuestione duramente, más que a ningún otro mandatario mexicano en los últimos años. Sus apariciones ante los medios mexicanos se eligen de tal manera, que el mandatario aparece como en cualquiera de sus spots: con cifras alegres y un discurso desfasado de la realidad. “México seguirá por el rumbo marcado”, dijo el presidente a Adela Micha, quien por su parte, dejó en claro que la prensa oficialista, esa que no permite salir de la zona de confort, también seguirá por la misma ruta.

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