El 23 de abril de 1974, Jorge Ibarguengoitia escribió lo siguiente en Excélsior:

“Según parece, la consigna del Partido es que ya no va a haber tapados. El proceso empieza con un ‘periodo interno de escogimiento’. ¿Dónde se hace esto? Yo creo que en la alturas (…) Después se brinca al otro extremo del Partido, al escalón más bajo: los organismos- Que ‘se adhieren a alguien” y lo proponen como precandidato. Más tarde el comité ejecutivo “ausculta”, y decide ‘hacia donde se inclinan las mayorías (…) Podemos imaginar el despacho del presunto candidato, atestado de políticos, de campesinos, de obreros, etc. ‘Venimos a darle nuestro apoyo’. (…) Todos se disciplinaron y vivieron felices”.
No parece que hubieran pasado más de 40 años desde que se escribió ese artículo. Como sea, ese rito no tiene nada de democrático y, en cambio, es una estampa de sumisión vergonzosa, desde mi punto de vista, de falta de cultura de la democracia. Y junto con ello, es una expresion, querámoslo o no, de muy amplios sectores de la sociedad mexicana que se identifican con ese verticalismo.
