Kushner, el topo que nunca lo fue

Leonardo Sciascia alguna vez escribió que hay frecuencias del poder que no se pueden conocer impunemente. Eso le ocurrió a Jared Kushner.

El yerno de Donald Trump, ya que está casado con Ivanka, es un novato en la política y quiso entrar en los juegos de alta categoría de las relaciones internacionales.
La experiencia, queda muy claro, no se inventa y los caprichos de los gobernantes, por poderosos que sean, tienen consecuencias; tarde o temprano.

El entorno del presidente de Estados Unidos es un territorio extraño, donde privan las emociones y nadie sabe lo que ocurrirá. Hay quienes sostienen —o lo hacían— que pueden influir en Trump y en algunas de sus decisiones. Al parecer, no es así.

Esta semana, el diario The Washington Post publicó una nota en la que se afirma que Kushner ya no tendrá acceso a la información clasificada, porque se detectó que algunos gobiernos, y entre ellos el mexicano, han tratado de influir en él.

El tema es interesante, porque da pistas de lo que está ocurriendo en la Casa Blanca, donde las agencias de seguridad tratan de controlar los expedientes que deben tener una circulación restringida.

Muchos de los análisis son trabajos de inteligencia realizados con el apoyo de otros países, por lo que su contenido, mal utilizado, puede ser explosivo.

Supongo que Kushner, nuevo en los temas de Estado, trató de demostrar que tenía acceso a las agendas de seguridad nacional, y que esto le serviría para apuntalar su propia influencia en Washington.

En esa lógica, promovió la reunión del presidente Enrique Peña Nieto con su suegro, pero la pretensión no sobrevivió ni a una llamada telefónica. En teoría, sería el primer encuentro con un mandatario extranjero.

La cancillería mexicana ya señaló que todos los encuentros con Kushner fueron apegados a las normas y protocolos que se siguen en esos casos; y seguro así fue. Sin embargo, no sería raro que el episodio se utilizara como un elemento más de presión en la relación bilateral.

Si bien con Trump cada gobierno hace lo que puede, queda la enseñanza de que los canales no tradicionales de contacto tampoco garantizan mucho y existen riesgos adicionales a los de la relación cotidiana, ahora sujeta, además, a las negociaciones del TLC.

Quizá lo oportuno será atenerse a los vericuetos de una relación que cambia cada día, pero en la que existen lazos que la hacen sólida más allá del ánimo de los presidentes y de sus confidentes.

Es difícil saber cuál será el papel de Kushner en el futuro, pero tendrá la volatilidad de cualquier encargo, más allá de su cercanía con el hombre más poderoso del mundo, debido a la fiebre que aqueja a quienes viven a las orillas del Potomac.


Este artículo fue publicado en La Razón el 1 de marzo de 2018, agradecemos a Julián Andrade su autorización para publicarlo en nuestra página.

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