La corrupción como pretexto

Sabemos que uno de los objetivos centrales de la democracia como sistema político es reducir la corrupción pública.

Los pesos y contrapesos, las instituciones autónomas de vigilancia, la oposición y la prensa libre son elementos que ayudan a detectar y denunciar ilícitos en gobiernos o partidos.

Lo cual debería provocar un costo administrativo, político o legal, según el caso.

Pero eso sólo sucede en las democracias funcionales; muchas que lo son en varios sentidos no logran eliminar significativamente la impunidad pública, como ha sido el caso de México, aún en sus momentos más democráticos (que terminaron el año pasado).

Hoy en México, Morena considera tales vigilancia, denuncias y críticas como “ser carroñero de la política”. Pero ellos lo hicieron desde la oposición y con mucha ganancia política.

Además, por lo visto ignoran cómo funciona la democracia (o simplemente les estorba).

Los países escandinavos son los que tienen un menor nivel de corrupción (sigue existiendo, pero es mínima, pues también la impunidad es reducida).

México ocupa uno de los peores lugares en los registros internacionales.

Pero el combate a la corrupción, que sin duda ha sido parte de nuestra cultura y vida política, fue tomado por Amlo como una de sus principales banderas.

En los hechos, ha ocurrido exactamente lo contrario; hay más impunidad incluso que en tiempos del PRI (el PAN también fue muy omiso en eso, desafortunadamente).

Por ejemplo, bajo el gobierno de Peña Nieto (quien también incurrió en ese mal), se llamó a cuentas a 12 gobernadores de distintos partidos, incluido el suyo, por corrupción.

¿A cuántos se llamó a cuentas con Amlo? A ninguno, y no porque no hubiera motivos, que afloraban a plena luz, y ahora con mayor claridad.

Amlo también utilizó la corrupción como argumento central para desmantelar todo aquello que se interponía en su propósito autocrático, pero también para quedarse con los fondos respectivos y usarlos política y electoralmente (datos de eso sobran).

Eso viene a cuento ahora no sólo por la gran corrupción destapada recientemente del Cártel de La Barredora y el Huachicol Fiscal – que rebasa cualquier otro acto conocido de corrupción -, sino por el debate sobre el Fondo Nacional de Desastres Naturales (Fonden), con respecto a las inundaciones sufridas en varias zonas del país.

El Fonden fue creado en el gobierno de Zedillo, y había acumulado mucho dinero destinado a ayudar y reconstruir zonas afectadas por desastres naturales. Amlo acusó a dicha institución de corrupción como pretexto para eliminarla, y quedarse con ese dinero (cuyo destino es incierto, pues la opacidad ha prevalecido sobre la transparencia en el obradorismo).

No descarto que haya habido corrupción (y de hecho, se sabe de varios abusos de su director durante el gobierno de Peña Nieto).

Pero cuando se encuentra corrupción en una institución o programa; A) no es motivo para destruirlos, sino para corregirlos, reformarlos, mejorarlos, incrementar su vigilancia; B) Debe llamarse a cuentas a quienes incurrieron en esa presunta corrupción.

¿Qué hizo Amlo con todas las instituciones y programas a los que acusó de corrupción (incluido el aeropuerto de Texcoco)? Destruirlas en lugar de limpiarlas y reformarlas.

Y no llamó a cuentas a nadie. Incluso, en algunos casos premió a quienes incurrieron en dicha corrupción.

Es el caso de quien fue director del corrupto Fonden, incorporado como candidato a la alcaldía de Querétaro por Morena.

En lugar de castigar la corrupción, Amlo incorporó a los responsables a su podrido partido, y en muchos casos les ofreció cargos importantes (también para protegerlos al ser descubriertos, como fue el caso de Ignacio Ovalle, ex-director de Segalmex).

Con la destrucción el Fonden, no hay dinero suficiente no sólo para ofrecer alguna ayuda inmediata a los afectados de desastres (agua, comida, cobijo), sino para reconstruir la infraestructura dañada (calles, carreteras, casas), que era justo su principal objetivo.

Pero tanto la presidenta como sus propagandistas salen a decir que había corrupción en el Fonden y por eso lo eliminaron, pero no dicen que su director es ahora miembro de Morena, partido que lejos de combatir la corrupción, ha incurrido en ella en mucho mayor medida que lo hasta ahora conocido, que ya es decir.

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