En la CDMX, 17 mil; en Tabasco, 900; en Pachuca, 200; en Mérida, 100; en Puebla, 300; en Oaxaca, 300… no resultaron impresionantes las cantidades de participantes en las marchas organizadas, ayer, para protestar contra las medidas oficiales y la postura verbal antimexicana de Donald Trump.
Si se va a juzgar por los números, la verdad es que no se puede hacer pirotecnia con el lenguaje: ninguna de las marchas mandó a la nueva administración de Estados Unidos el urgente mensaje de unidad y fortaleza entre los mexicanos que requiere este momento histórico.
Una mayoría silenciosa se quedó en casa, a diferencia de 2004, cuando, durante el gobierno de AMLO en el DF, marcharon contra el secuestro y la inseguridad en la capital un millón de ciudadanos vestidos de blanco.
¿Por qué no salió esa mayoría silenciosa? En espera de que alguna encuesta lo pregunte y le respondan con la verdad, los hechos indican que en la CDMX se debió a que, en la semana previa, la idea original de protestar contra Trump quedó extraviada dentro de una serie de condenas de política interna.
El objetivo primero de la organización civil Vibra México era lograr la realización de una marcha ciudadana que mostrase al mundo nuestra unidad nacional, en rechazo al desprecio y la ofensa de Trump por nuestro aspecto, color de piel y condición social.
Sin embargo, otros grupos que exigieron participar en la organización incluyeron una lista de exigencias al gobierno federal, como la defensa de México y el combate a la pobreza, la desigualdad, la corrupción y la impunidad. Es decir, reclamos que se pueden hacer cualquier otro día.
El caso es que perdimos una hermosa oportunidad de demostrar que realmente estamos unidos en contra de la ofensiva verbal del hombre más poderoso del mundo, de la campaña más denigrante y humillante que hemos sufrido en la historia, por el solo hecho de haber nacido en México.
Para Trump, sólo por ser hijos de esta tierra, los mexicanos son “malos hombres”, “violadores”, “narcotraficantes”, “asesinos”, “transmisores de enfermedades contagiosas”, lo cual generó un sentimiento antimexicano en parte de Estados Unidos que no había aflorado nunca.
Ojo: es un sentimiento sólo antimexicano. Porque, estemos claros: no es un sentimiento antilatino, ¡eh! Trump no se refiere a personas procedentes de otros países de Latinoamérica. Para el nuevo presidente de Estados Unidos los “bad hombres” existen únicamente en México.
Bueno, pues resulta que ni esos desprecios, esos odios, esos rencores, expresados exclusivamente hacia los mexicanos, de parte de un gobernante extranjero, fueron suficientes para que la manifestación de Vibra México, en especial en la CDMX, nos hiciese olvidar ayer nuestros propios resentimientos.
Qué lástima.
Qué fracaso.
Qué pena.
Qué mal estamos.
Este artículo fue publicado en La Razón el 13 de febrero de 2017, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.
