La mal llamada #LeyFayad y los delirios de la prensa militante

Arrobar a @EPN o a cualquiera puede costar años de cárcel si pasa la #LeyFayad, alertan”, encabezó el portal Sin Embargo una nota publicada el 29 de octubre para referirse a una iniciativa presentada dos días antes por el senador del PRI, Omar Fayad, para prevenir y sancionar delitos informáticos. En la nota se consulta a “especialistas” y representantes de organizaciones civiles, quienes en su afán de advertir sobre una nueva intentona del gobierno peñista por suprimir la libertad de expresión en internet y las redes sociales, incurren en omisiones e imprecisiones, amén de magnificar las consecuencias de su posible aplicación.


Según los expertos de la Red por los Derechos Digitales y Artículo 19, citados por Sin Embargo, quienes erróneamente le dieron a la propuesta del senador Fayad un carácter de ley, los 53.9 millones de usuarios de internet que hay en México, serían susceptibles de ser criminalizados e incluso encarcelados. Desde su perspectiva de análisis, al establecer sanciones para quienes difundan información que “desestabilice la paz pública”, el proyecto de Fayad castigaría a quienes den retuits a notas sobre la casa blanca, Tlatlaya y Ayotzinapa, por ejemplo. Incluso van más lejos y aseguran que el solo hecho de usar la computadora es un delito.


Esta especie fue de inmediato reproducida por Jenaro Villamil en Proceso, así como en otros medios como Aristegui Noticias, La Jornada y Reforma. Este último medio publicó como nota principal del primera plana el 31 de octubre, “Impulsa PRI ley cibermordaza” y en el primer párrafo de la nota firmada por Claudia Salazar se lee: “El PRI en el Senado pretende castigar con cárcel a los usuarios que publiquen en internet memes, tuits, videos, audios y mensajes que divulguen "indebidamente" y "sin autorización" información privada.


Estos medios de comunicación, que tuvieron a bien en alertar sobre el nuevo intento de censurar internet por parte del gobierno de Enrique Peña Nieto, dieron cuenta puntual de las reacciones en redes sociales a la iniciativa de Omar Fayad, hicieron suyo el hashtag #LeyFayad con que se etiquetó y acompañaron el ya protocolario procedimiento de recurrir a Change.org para recabar firmas de apoyo a cada causa que abanderan, en este caso, retirar la citada “ley”. Así mismo contextualizaron su presentación al hecho de que el senador priista busca ser gobernador de Hidalgo. Ninguno de estos medios precisó que este proyecto de ley fue planteado en el marco de la Semana Nacional de la Ciberseguridad, que se llevó a cabo en el Senado, ni tampoco preguntaron a los expertos que consultaron sobre cómo enfrentar los delitos cibernéticos que son una realidad en el país.


Finalmente, ante la presión del tribunal de las redes sociales y los escenarios catastrofistas dibujados por la prensa militante, este miércoles 4 de noviembre, el senador Fayad retiró la iniciativa, pero adelanta que la replanteará con el fin de sancionar los delitos cibernéticos.


El espantajo de la neurocampaña


La función de la prensa militante en el caso de la “ley Fayad” no fue analizar con seriedad una propuesta legislativa que, en efecto era ambigua en su redacción y se prestaba a diversas interpretaciones; su objetivo fue exhibir al gobierno peñista, en este caso, como un censor de las libertades fundamentales.


Con la misma intencionalidad, los medios que se asumen como “críticos” difundieron un reporte publicado por The New York Times, firmado por David Randall, en el cual se expone el uso de una técnica denominada como “neuromarketing” en campañas electorales en diversos países del mundo, uno de ellos México, durante las campañas del PRI en 2012 y 2015. En la información se explica que este instrumento consiste en la medición de algunas emociones, impulsos neurológicos e incluso expresiones faciales de los posibles votantes al escuchar los discursos de los candidatos o interactuar con ellos en eventos públicos; la idea es analizar qué tanto podrían influir los mensajes del candidato en el elector para emitir su voto. El texto plantea que este método es tomado con reservas por algunos especialistas y su aplicación no es aún generalizada


Etiquetada como “Urgente” por el portal Sin Embargo, presentó extractos del reporte del diario neoyrkino con la siguiente cabeza. “EPN usó neuromarketing para venderse al electorado en 2012: NYT; el PRI lo utilizó en 2015”. En la interpretación que el portal hace de la información de The New York Times, se sugiere que con base en la utilización de este tipo de técnicas, se “vende” al candidato como un producto y como ocurre en el terreno de la publicidad, se busca que el público lo adquiera, incluso de forma inconsciente. Es decir, plantea la teoría de que quienes sufragaron por el actual presidente de México, lo hicieron bajo una sutil técnica de persuasión porque los estrategas del PRI así se lo plantearon.


La misma versión se replicó de inmediato por Reforma, Proceso, Aristegui Noticias y otros medios de comunicación con la misma línea discursiva: La “neurocampaña” de EPN, que influyó en el electorado con sofisticados mecanismos de manipulación cerebral. Quienes en el pasado atribuyeron el triunfo de Peña Nieto a la televisión y las tarjetas Monex, ahora propalan esta especie para cumplir con su misión de “opositores al régimen”.


Por la complejidad del tema que trata el reportaje de The New York Times, éste no ha permeado lo suficiente en la opinión pública en México, pero la intencionalidad de la prensa militante ha quedado en evidencia una vez más y tanto en este caso, como en el de la mal llamada y malograda “ley Fayad”, sólo presentan la información que se ajusta a su enfoque político e ideológico, e incluso la distorsionan, sin importar que por enésima vez, el periodismo resulte herido.


 

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