Hoy el PRI trabaja para la elección de gobernadores, diputados y alcaldes en 12 estados el próximo 5 de junio. Antes de etiquetar como “altamente competitivos” (sinónimo de llevan las de perder) los comicios en Puebla, Oaxaca, Zacatecas e incluso Veracruz, los priistas, bajo la batuta de Manlio Fabio Beltrones, han comenzado por el principio, la nominación de candidatos.
Proceso el cual juegan los factores del poder político nacional, desde Los Pinos hasta los secretarios estrella del gabinete, los sectores del partido con sus cuotas, los grupos locales en que se mezclan política y dinero, las encuestas, el arraigo, la imagen y el performance de cada perfil para enfrentar a los otros. Salir unidos de ese laberinto nunca ha sido sencillo, pero igualmente nunca, como ahora, se había avanzado tanto en ello.
Los pactos de unidad que se anuncian un día sí y otro también, le dan al PRI una herramienta estratégica para enfrentar, cohesionado, escenarios complicados sea por la fuerza de sus oponentes, solo o aliado. Dicha unidad no pasa exclusivamente por ahorrarse las guerras intestinas con sus bajas colaterales, o inhibir a los tránsfugas que terminan por ser o de oposición o, peor, independientes, esa nueva ala no-partidista, empresarial, sin membrete, que anda crecido, ilusionado.
Los pactos de unidad implican instrumentar estrategias en donde todos pongan su parte, sumen fortalezas y acuerden reciprocidades para el futuro, sobre todo cuando no son los ungidos. La concordia priista tiene pies y, como todo acuerdo político, no da paso sin huarache. Los pactos son el primer frente de batalla para encarar con posibilidades de éxito el examen previo al 2018 y conformar grupos, lealtades y proyectos.
Los pactos del PRI son también los de Beltrones. El líder nacional indicó que desde su posición actual no puede buscar la nominación a la candidatura presidencial dentro de un par de años; lo dicho: fiel a su costumbre, lo sostendrá sin truco ni ambigüedad.
Pero en caso de entregarle buenas cuentas al primer priista del país y dejar perfectamente armado y andando el aparato del partidazo, entonces y sólo entonces Beltrones puede trazar la ruta que lo libere de la presidencia del CEN tricolor para, desde afuera, como uno más, buscar legítimamente la posibilidad de su propio pacto de unidad histórica con quien hoy gobierna y decide.
CdMx-enses. Pues no, por ahí no va. Mientras partidos y gobiernos, Poderes de la Unión y la aristocracia intelectual del país eligen a los 100 que habrán de escribir la letra grande de una Constitución “progresista y moderna” para la Ciudad de México, misterios menores preocupan a varios.
El gentilicio y la denominación. CdMx está bien para #hashtag porque uno se ahorra letras, pero para el orgullo chilango, defeño, capitalino, pues como que queda corto. Y el gentilicio, pues peor.
Este artículo fue publicado en La Razón el 22 de Enero de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página
