México y Cuba: amigos para siempre

Aunque debieramos saber cómo fue la relación de México con la Cuba de Fulgencio Batista, quienes no vivimos ese periodo generalmente nos enfocamos en esa relación a partir de la revolución castrista de 1958.

Pese a tener entre sus compañeros de lucha a marxistas ortodoxos como el Ché Guevara, Fidel Castro navegó bajo la bandera de la democracia (como hacen muchos aspirantes a dictadores antes de llegar al poder).

Y cuando mostró su rostro autoritario, muchos de sus compañeros de lucha lo cuestionaron. Algunos de ellos fueron asesinados (como Cienfuegos, aunque su muerte se presentó como efecto de un accidente aéreo). Otros fueron encarcelados por varios años.

Y tras la ruptura de Cuba con Estados Unidos, y tras haber aceptado el respaldo soviético, Castro se declaró en 1962 como marxista-leninista.

¿Cuál fue la respuesta del gobierno mexicano que salvo Lázaro Cárdenas nunca fue marxista (sino, cuando mucho, de “izquierda dentro de la Constitución”)?

Fue siempre de tolerancia e incluso nuestro gobierno actuó como intermediario entre Cuba y otros países de la región. Por ejemplo, no votó por la expulsión de Cuba de la OEA.

Incluso, México recibió a Castro y otros revolucionarios antes de su asalto final a la isla, e incluso le prestó ayuda.

La relación entre ambos regímenes fue de respeto, y trascendió a los gobiernos de izquierda (más populista que comunista) de México.

Recordemos que Castro reconoció el dudoso triunfo de Salinas de Gortari en 1988 e incluso vino a su toma de posesión, dando un golpe a quienes en general vanagloriaban la revolución cubana, como los priístas estatistas que se unieron a Cuauhtémoc Cárdenas y la izquierda comunista que lo apoyó.

La amistad o cooperación entre Salinas y Castro se reflejó después en que uno de los países donde se exilió el primero – tras su pleito con Ernesto Zedillo- fue Cuba (el otro fue Irlanda).

La relación entre ambos países se enfrió un poco durante el gobierno de Zedillo, y bajo Fox hubo ya algunos raspones (al igual que con la Venezuela chavista).

Dicho distanciamiento continuó bajo Calderón y Peña Nieto. Pero al llegar al poder Morena – partido admirador del modelo cubano y miembro del pro-dictatorial Foro de Sao Paulo -, la amistad se estrechó como nunca antes y México le ofreció a Cuba mucha ayuda, incluso monetaria.

Esto se hizo contratando médicos cubanos bajo un esquema considerado internacionalmente de esclavitud, y también comprándole a Cuba material de segunda para los trenes, y regalándole petróleo en cantidades crecientes (pues se sabe que Cuba nunca paga sus deudas).

Cabe también recordar la invitación como orador a nuestro festejo de Independencia al actual dictador cubano, Miguel Díaz Canel, y más tarde López Obrador le concedió una importante condecoración.

También, México desafió a sus antes socios del continente al exigir que fueran invitadas a la Cumbre de Américas los gobiernos bolivarianpos de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Claudia Sheinbaum continuó con el trato privilegiado a la dictadura cubana, justificando la donación de petróleo como un acto de humanidad (aunque como muchos han destacado, eso no se ve con países en peor situación que Cuba como lo es Haití).

Y es que para recibir la ayuda ‘humanista’ del obradorismo, no basta con estar en situación de pobreza; se requiere también ser una dictadura socialista.

El respaldo político, dimplomático y económico que el régimen obradorista ha desplegado hacia Cuba y Venezuela no es a sus respectivos pueblos, sino a sus dictadores.

En todo caso, dado que Morena se dice impulsor de la democracia participativa, debió implementar una consulta (genuina, no de las patito que suele hacer) preguntando al ciudadano si aprueba que México regale petróleo a Cuba, algo que la propia Sheinbaum, desde la oposición, reprobaba como traición (la congruencia no es lo que distingue a Morena).

No he visto ninguna encuesta que haya medido el grado de aceptación pública a esa decisión “humanitaria” hacia la dictadura cubana. ¿Por qué no lo habrán hecho?

Ahora que el panorama latinoamericano se complicó con la ‘Doctrina Dunroe’, y ésta se expresó con la detención de Nicolás Maduro y la estrategia de bloquear a Cuba en serio (antes no fue bloqueo como insisten los comunistas de todo el mundo, sino embargo, algo mucho más leve), la política de México hacia esa dictadura implica un reto abierto a Estados Unidos, y en particular a su energúmeno y megalómano presidente.

Muchos observadores calculan – seguramente con razón -, que Claudia está picando al Tigre americano y que éste se lo va a cobrar de una u otra forma.

Dada la entrincada situación en que se haya Sheinbaum y la creciente presión trumpiana, lo más pragmático sería comunicar al dictador cubano que, pese a todo lo que hermana a ambos gobiernos, ya es imposible seguir ayudándolo, pues por encima del interés de esa dictadura está el interés de México como país.

Eso relajaría – aunque no hiciera desaparecer – las tensiones con nuestros principales y poderosos socios comerciales.

Hay varias incógnitas en el aire: A- Si EEUU quiere asfixiar a la dictadura cubana, según se afirma, tendría que impedir que los barcos mexicanos sigan llevando petróleo a la isla.

B- ¿Van los estadounidenses detener a los petroleros mexicanos como han hecho con otros?

c- ¿Y de ocurrir eso, cuál será la respuesta de Claudia, y hasta dónde se seguirían complicando las relaciones entre ambos países, y qué consecuencias traería eso para nuestro país?

Lo que sí queda claro es que cualquier daño que EEUU infrinja a México, en buena parte será responsabilidad de Sheinbaum al no aceptar una colaboración estrecha entre ambos países para combatir en serio al narco-tráfico (por la estrecha relación que hay entre Capos y este gobierno), y por desafiar constantemente al vecino del norte con la política de apoyo a la dictaduras bolivarianas (explicable porque nuestro país avanza claramente por esa misma ruta).

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