Morena: referente inmoral de la sociedad

Durante el gobierno de López Obrador se especulaba que, probablemente, cuando dejara la presidencia brotarían varios conflictos dentro de Morena, pues por más influencia política que conservara desde Palenque le sería difícil evitar esas confrontaciones y rivalidades. No es lo mismo estar en la presidencia que ser el poder tras el trono, poder que incluso se va diluyendo poco a poco conforme pasa el tiempo.

Seguramente no es del agrado de Amlo lo que está sucediendo en su partido, pero tampoco debe extrañarse pues él mejor que nadie sabe que su discurso de que Morena era un partido impoluto, cuyos miembros no estaban interesados en el poder o en el interés personal sino en el pueblo y el progreso nacional, era falso. Muy eficaz demagógicamente, pero alejado de la realidad.

Decía al respecto: “Debemos evitar… caer en los vicios de la mayoría de los partidos políticos, a los cuales sólo los mueven las ambiciones personales y no el interés general… En cualquier configuración, Morena debe convertirse en un referente inmoral”.

Y agregaba sobre los militantes de Morena: “Serán mujeres y hombres de inobjetable honestidad, nadie que tenga antecedentes de enriquecimiento ilícito podrá participar en la función pública”.

La receta para lograr ese platónico objetivo era el ejemplo de honestidad y pulcritud que el Ejecutivo (es decir, él) proyectaría sobre toda la estructura de gobierno. Si bien, en algún momento tuvo una chispa de realismo señalando que eso no bastaría, pues “Es ingenuo pensar que sólo con las normas del estatuto interno de una organización (y las leyes generales, se sobre-entiende. N.A) sus integrantes pueden resistir las tentaciones del régimen de corrupción”. Desde luego; es menester aplicar estrictamente la ley y las penalizaciones correspondientes, algo que Amlo sólo aplicó aisladamente a algunos de sus adversarios, más como un acto de venganza política que como un valor jurídico. El obradorismo ha sido el reino de la impunidad para sus miembros y aliados.

Por lo cual, contrariamente a tales fantasías, es obvio que la gran mayoría de los militantes morenistas – y en particular la élite – están interesados en el poder y el dinero que desde ahí se puede acumular.

Muestras de eso sobran, y no cabía esperar otra cosa cuando – como lo dice Scherer en su libro sobre la putrefacción imperante en el partido -, pues esa sería la consecuencia de abrir las puertas a todo el que quisiera ingresar, sin importar su pasado de corrupción, fraudes o delitos.

Lo dijo Amlo en 2016 muy claro cuando aceptó en el partido a un priísta de Tabasco al que había acusado severamente de corrupción. Cuando le hicieron ver la contradicción que eso suponía respondió que el personaje en cuestión:

“Ha tomado la decisión de sumarse a esta lucha y eso lo exonera. Todo el que está en el PRI y decide pasarse a Morena, nosotros pensamos que se le debe de perdonar… Al momento en que se sale del PRI, se limpió”.

Política de puertas abiertas, por razones de pragmatismo; todo el que ayude a ganar votos o aportar recursos es bienvenido, aunque no tenga credenciales morales.

Por lo cual Amlo debe haber sabido muy bien que los recién llegados lo hacían no por principios y valores éticos, sino para lograr impunidad o bien acceder nuevamente al poder, desde el cual podrían enriquecerse (o enriquecerse más de lo que lo habían hecho en otros partidos).

Y ya en la presidencia, Amlo no hizo nada de lo que prometió para erradicar la corrupción, sino que por el contrario dio carta abierta para que sus colaboradores incurrieran en distintos ilícitos que a su vez, seguramente, le permitiría recibir millonarios recursos, lo mismo para seguir comprando el poder que para tener una buena reserva de dinero personal, al igual que sus amigos y parientes.

No debe pues sorprender lo que ahora estamos viendo; conforme pasa el tiempo, va aflorando cada vez más un lodazal inocultable. Pero gracias a que Morena ha concentrado suficiente poder, puede garantizar a sus correligionarios protección e impunidad.

Si como dijo Amlo al fundar el partido guinda, éste debiera ser un Referente Moral para la sociedad o no tendría sentido su fundación, queda claro que hoy Morena es un Referente Inmoral, pero eso no les preocupa porque no era ese su verdadero objetivo político.

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