La “mal llamada Reforma Educativa” merecía ser impugnada, pero de esto a que no sirviera de nada hay un trecho.
Dos elementos se pueden rescatar. La rectoría del Estado en la educación y el crear condiciones administrativas y organizativas distintas, para poder desarrollar la educación. Lo que es un hecho es que por más que hayan tratado de darle la vuelta a las necesarias evaluaciones de los maestros, éstas terminaron por ser punitivas más que propositivas.
Desde hace tiempo la educación en México tiene áreas obscuras en las que se ha entrampado. Uno de los elementos más controvertidos y que más se ha debatido es el referente a las organizaciones gremiales de los profesores.
Al tema de la evaluación sumemos el papel de las normales y el proceso de formación de los estudiantes. En muchas áreas la reforma no tuvo continuidad y se quedó trunca, porque supusieron de manera absurda y hasta cándida que el proceso se iba a consolidar en la presente administración.
En el gobierno de Peña Nieto pensaron que la reforma con el tiempo iba a acabar de armarse bajo el supuesto de que José Antonio Meade iba a ganar las elecciones, a pesar de que no había un solo indicio de ello. El entonces candidato de Morena repitió, una y otra vez, que de la “mal llamada no iba a quedar ni una coma, yo me voy encargar de eso”.
Como sea, en los terrenos de las negociaciones la educación fue en aquel momento, y quizá ahora también lo sea, moneda de cambio entre el Gobierno y las organizaciones sindicales del magisterio. Si bien el tema ha sido discutido de manera profusa en muchos foros, en el balance final la impresión que queda es que el debate en donde nos hemos entrampado es sobre el papel que juegan los sindicatos, en particular la CNTE.
A lo largo de muchos años, para la Coordinadora el tema de las plazas ha sido y es clave. Es un asunto ante el cual no cede por ningún motivo. El uso discrecional de las plazas ha sido fundamental para la estructura de poder de la CNTE.
Es un mecanismo que le permite el control interno y además todo tipo de negociaciones y presiones con el Gobierno federal y los estatales. En muchas ocasiones la asignación de plazas y las posibilidades de que los profesores alcancen mejores condiciones laborales, no necesariamente están definidos por su trabajo. Pueden pesar más por las relaciones al interior de la organización gremial y la asistencia a marchas y mítines, que lo que los maestros hagan en su trabajo cotidiano en las aulas.
La CNTE ha dejado en claro cómo concibe y quiere la educación. Se mueve bajo una delgada línea entre la formación y la militancia de los estudiantes en el proceso educativo. Los libros que han puesto a la disposición de los alumnos tienen que ver con sus ideas sobre lo que debe ser la formación estudiantil.
Una primera lectura sobre el documento de las leyes secundarias de la Reforma Educativa, que se debatió en diputados, este día hará lo propio el Senado, lo que provoca cuestionamientos sobre el papel de la Coordinadora en las áreas administrativas e incluso en las de contenido académico.
La maquinaria de Morena está echada a andar para la aprobación de las leyes secundarias, a lo que se suma la intimidatoria presión de la CNTE en los recintos legislativos. La Coordinadora se sabe fuerte, y por lo mismo ha entrado en terrenos en que la única forma de que se sienta plenamente satisfecha es que le otorguen todo lo que pide.
Suponemos que el Gobierno debe tener salidas, porque sabe que los cambios en la educación se pueden entrampar con las decisiones en materia laboral.
Se quiere lo nuevo haciendo algunas cosas viejas, las cuales está probado, no ayudaron a la educación.
RESQUICIOS.
La Sedena solicitó a un juez revocar los amparos que frenan Santa Lucía, aduce el “interés nacional”. La Defensa entra en terrenos resbaladizos, no vaya a ser que a partir de ahora se gobierne e impongan decisiones echando por delante el “interés nacional”.
Este artículo fue publicado en La Razón el 24 de septiembre de 2019, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.
