jueves 29 febrero 2024

El Plan C y la dictadura perfecta

por José Antonio Crespo

En este gobierno hemos vistos muestras de sobra que el ideal de AMLO es algo muy parecido al antiguo régimen priísta, en dónde él se formó y de donde abrevó sus ideas y convicciones básicas. Le molestan las instituciones autónomas que se crearon justo en el tiempo de la democratización, los noventas, y las ha desaparecido, controlado y con otras lo ha intentado. En más de una ocasión ha soltado la idea de que sería mejor desaparecerlas y transferir sus funciones a órganos ya existentes del gobierno, como en el viejo régimen político.

En el régimen priísta, ¿había CNDH, IFE, TEPJF, INAI, Banco de México autónomo, etcétera? No. ¿La Suprema Corte tenía autonomía como para rechazar decisiones o leyes provenientes de Ejecutivo? No. ¿El Congreso podía modificar o rechazar iniciativas presidenciales? No. A eso quiere regresar el presidente. Y por eso propone un rasgo esencial de aquél arcaico régimen; que el presidente cuente en el Congreso con mayorías calificadas en ambas cámaras, lo que le permitía introducir cambios constitucionales a su arbitrio, subordinando o desapareciendo así todo contrapeso institucional que claramente le estorban.

De ahí el origen de lo que él llama su Plan C; convocar al “pueblo” para que vote masivamente por Morena, de tal manera que ese partido (y aliados) cuente con la mayoría calificada en ambas cámaras, lo cual le permitiría, ahora sí, introducir cambios constitucionales sin ningún freno. En los hechos, esa situación propia del régimen priísta invalidaba la división entre el poder Legislativo y Ejecutivo, que a su vez se traducía en un control absoluto sobre la Suprema Corte. Era lo que Vargas Llosa bautizó atinadamente como “dictadura perfecta”; un régimen formalmente democrático pero sin contrapesos reales, que permitía una enorme concentración del poder en el presidente (limitado solamente en el tiempo por la no reelección). Eso quiere reinstaurar AMLO.

Justo el PRI perdió por primera vez su mayoría calificada en la Cámara Baja en 1988, año en que, dada la tortuosa elección presidencial, inició la larga, irregular e inacabada pero real transición democrática. AMLO nos quiere regresar a la época previa a ese año. Eso le permitiría incluso convocar a un Congreso Constituyente para generar una nueva Constitución, como lo ha dicho, imponiendo así su proyecto populista por completo. Y las nuevas reglas permitirían eliminar todo contrapeso real, quitando o subordinando toda institución autónoma.

Desde luego, no se ve fácil que la coalición oficial alcance la mayoría calificada en ambas cámaras legislativas. Pero AMLO hará lo posible, legal o ilegalmente, para conseguirlo. Así, quien vote por Morena en 2024 estará dando su aval para retornar al viejo presidencialismo imperial, aunque muchos no se percaten de ello por el hecho de que las siglas y colores son distintos. Frente a lo cual la oposición tendría que acordar un candidato de unidad en los 300 distritos electorales y para senadores en todos los estados.

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