En los últimos años se ha extendido la idea de que la cooperación internacional ya no depende exclusivamente de los países del Norte Global. En América Latina, muchos países ya son economías de ingreso medio y reciben menos ayuda internacional, por lo que cabría esperar que las organizaciones de la sociedad civil desarrollaran redes cada vez más diversas y cooperaran más con otras organizaciones del Sur Global.
Esta expectativa también aparece en los debates de una corriente académica literaria denominada gobernanza climática policéntrica. En lugar de depender únicamente de gobiernos nacionales y grandes organizaciones internacionales, la acción frente al cambio climático también involucra a ciudades, empresas, organizaciones no gubernamentales, redes transnacionales y otros actores. En principio, esta descentralización también podría contribuir a reducir algunas de las jerarquías tradicionales entre el Norte y el Sur Global.
Sin embargo, nuestro análisis de las alianzas de 195 organizaciones no gubernamentales dedicadas al cambio climático en 21 países de América Latina y el Caribe muestra una realidad más compleja.
Poco más de la mitad de las alianzas identificadas en este estudio se localizan en el mismo país. Esto significa que las ONG climáticas latinoamericanas mantienen un fuerte arraigo nacional y operan fundamentalmente en su propio entorno político y social.
El panorama cambia cuando observamos su cooperación internacional. Contrario a las expectativas, cuando las ONG latinoamericanas cruzan fronteras para establecer alianzas, sus vínculos continúan concentrados principalmente en organizaciones del Norte Global y organismos multilaterales.
La cooperación Sur–Sur existe, pero ocupa un lugar secundario. Además, se encuentra casi completamente limitada a América Latina y el Caribe. Las alianzas con organizaciones situadas en otras regiones del Sur Global, como África o Asia, son muy poco frecuentes.
Este patrón resulta relevante porque cuestiona la idea de que una gobernanza internacional más descentralizada también conduce a una cooperación más equilibrada entre regiones geográficas. La multiplicidad de actores y redes no elimina por sí sola las estructuras históricas de la cooperación internacional.
Esto no significa que las redes climáticas de las ONG latinoamericanas sean estáticas. La cooperación regional existe y constituye una dimensión importante de sus relaciones internacionales. Pero el surgimiento de un sistema más policéntrico no parece haber producido, por lo menos todavía, una red de cooperación entre actores del Sur con un peso mayor a nivel global.
El artículo completo, en inglés, puede consultarse en Bulletin of Latin American Research: “The Geography of Partnerships in Latin American Climate NGOs and the Limits of South–South Cooperation”, disponible en https://doi.org/10.1111/blar.70113

