Refinería de Dos Bocas: una tragedia de salud pública y medioambiental en curso

La Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) de la refinería Dos Bocas, realizada en 2019, el mismo año en que se inició su construcción, afirma que los riesgos medioambientales de la planta son técnicamente manejables, pero a 43 meses de su entrada en operación, no se conocen los resultados de las acciones para evaluar la calidad del aire en la zona.

Y mientras la opacidad prevalece, lo que crece es la preocupación social por el aumento de emisiones contaminantes en comunidades del municipio de Paraíso, a las que cada vez más voces atribuyen ser causantes de afectaciones en la salud de la población.

Además del ruido, las familias de Paraíso se quejan de los efectos de los gases contaminantes, las partículas suspendidas y las emisiones de gases de efecto invernadero que se producen en las instalaciones y que se suman a las condiciones previas existentes en una zona que ya estaba impactada por otras instalaciones petroleras.

Petróleos Mexicanos se comprometió a evaluar periódicamente el impacto acumulativo de emisiones, pero a raíz de una solicitud presentada el pasado 24 de noviembre, vía Transparencia, para que diera a conocer el monitoreo medioambiental y las certificaciones actualizadas de operación de la refinería, la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA), encargada de su realización, determinó mandar a reserva la información por los próximos 5 años.

El argumento de la dependencia, jerárquicamente bajo coordinación de la Secretaría de Medio Ambiente, es que la información solicitada “forma parte de un expediente administrativo de Supervisión, que tiene por objeto que la empresa regulada dé cumplimiento con sus obligaciones ambientales, el cual no ha concluido”.

Para la ASEA, “la difusión prematura de la información contenida en el expediente solicitado, impediría y obstaculizaría las actividades de supervisión y verificación que esta autoridad realiza”.

Sin embargo, aunque se concluya el monitoreo, haber designado el resultado como parte del secreto burocrático, hará imposible conocer el grado de contaminación ambiental que genera Dos Bocas, al menos hasta 2030.

La decisión se tomó apenas el pasado 17 de diciembre, unas semanas antes de que se gestaran las movilizaciones de madres de familia de dos escuelas, una primaria y un jardín de niños, que solicitan la reubicación de esos planteles por ubicarse a menos de 500 metros de la refinería.

La principal preocupación del gobierno a la hora de construir la refinería a orillas del mar, en una zona baja y rodeada de manglares, fue el riesgo de inundaciones por lluvias extremas, por escurrimientos de ríos y por el aumento de mareas a causa del calentamiento global. Así lo establece la Manifestación de Impacto Ambiental; los riesgos en el medio ambiente fueron considerados controlables con monitoreos de la calidad del aire, pero los resultados fueron declarados secreto burocrático hasta 2030.

Muchos de los niños que asisten a clases, presentan cuadros clínicos como tos y asma, propios del impacto ambiental causado por una instalación industrial, que se agravó con los “nortes” de principios de año.

Pero la solicitud de reubicar a otro sitio las escuelas, fue desechada por el gobernador morenista Javier May, quien aseguró que hay escuelas suficientes en otras colonias de Paraíso, si los padres de familia consideran que sus hijos están enfermando en los edificios escolares que colindan, barda con barda, con la refinería.

Entre las familias, hay una especie de resignación. Pero en el silencio se fortalece un activismo que comienza a alzar la voz, y los señalamientos contra la contaminación comienzan a tomar formas, voces y rostros.

Cuando el aire envenena

Doña Antonia Rodríguez Ramos tiene 53 años y vive en la ranchería Torno Largo, una de las comunidades más cercanas a la refinería y que desde hace varios lustros alberga uno de los cuatro “quemadores de gas” que lanzan partículas al ambiente, en medio de un ruido ensordecedor, todos los días del año.

Para ella, la contaminación ambiental antes y después de la refinería, le está pasando factura a las comunidades con la proliferación de casos no sólo de abortos, de embarazos que no llegan a su fin o de niños que nacen con alguna enfermedad ó discapacidad, sino también de cáncer, sobre todo, de mujeres.

Sobreviviente del cáncer de seno, fue operada hace cinco años, y lo que ella miraba como un asunto raro, ahora se está convirtiendo en algo común. Como susurrando, le comenta al reportero: “aquí las mujeres se están quedando sin chichis”.

Lo dice en voz baja pero con una mirada firme, mientras acompaña a su sobrina, Yesenia de la Cruz, que hace siete meses recibió el diagnóstico de que tenía cáncer de mama. La mujer, de 48 años, recibió dos tratamientos con quimioterapias en el hospital de Paraíso, pero ya no pudo recibir el tercero porque le dijeron que no había material, que esperara.

Hay muchos casos, nuestros padres, nuestros abuelos, dicen que es el mechón, que es mucha contaminación, que nuestros cuerpos están infectados”, señala.

Monitoreos independientes

El Centro Mexicano de Derecho Ambiental CEMDA, documentó que la mitad de los días de enero pasado, la calidad del aire en los alrededores de DosBocas estuvo por encima de los parámetros normales que recomienda la OMS.

Y si alguien sabe de eso son los habitantes de la Isla “Andrés García”, una comunidad de 300 personas, que se encuentra ubicada frente a la refinería. Ahí, el problema principal y la principal preocupación de las familias, son los abortos, las enfermedades con las que nacen los niños, los problemas para que los embarazos lleguen a término.

Doña Guillermina Córdova ha visto esos problemas con sus dos hijas, con sus nueras, con sus vecinas.

Maria del Carmen Ramírez, con su bebé en brazos, es una de las madres que atestigua el sufrimiento que representa un parto prematuro. Ella, que quería tener otro hijo más al menos, prefirió operarse “porque al final sufre uno, pero sufren también los niños, y mejor ya no”.

Es de las mujeres que exige que se hagan estudios, porque lo que está pasando en las comunidades cercanas a la refinería, tantas enfermedades, cáncer y muerte, “es algo que ya no es normal”.

Autor

Scroll al inicio