Este lunes 2 de abril, el reportero de la revista Proceso Álvaro Delgado difundió en Twitter lo siguiente:
“Se reúne @RicardoAnayaC, en secreto, con ‘organizaciones de la sociedad civil’.”
Pero la reunión no fue secreta, sino ampliamente difundida en los medios, incluso el propio candidato del Frente la promovió en su cuenta de Twitter. Los lectores ignoramos por qué el reportero entrecomilla a las organizaciones de la sociedad civil, a las que no cita por su nombre aunque es claro que lo hace para cuestionarlas; lo que no es claro es por qué sería cuestionable una reunión secreta en el caso de que hubiera tenido ese carácter. Es decir, lo que difundió el reportero se reduce a nada, o casi, porque propagó una insidia. Lo bueno es que Proceso es parte de #Verificado2018, que si no… (¿imaginan una nota de Verificado2018 que diga algo así como “No, no hubo ninguna reunión secreta entre Anaya y…”? Yo sí, pero es imposible).
Estoy convencido de que ninguna preferencia política justifica mentir para atacar el político con quien no se coincide.

Imaginemos que alguien ponga en su cuenta de Twitter algo como: “Álvaro Delgado se reúne en secreto con varios médicos del IMSS”. No sabemos para qué, pudo haber sido para prestarse como conejillo de indias y permitir el estudio de su bajo coeficiente intelectual, para convocar a una reunión para saber cuál sería la mejor vitamina para el cerebro o ser punta de lanza para ubicar en qué parte del cerebro se encuentra la intriga. Pero todo eso sería especular o incluso podría ser una tontería porque en realidad Álvaro Delgado ya había publicado una nota en Proceso donde habla de su supuesta reunión secreta.

