Revocación de Mandato: La traición

Hablar de sucesión adelantada, no es solamente de la elección presidencial de 2030, sino de la revocación de mandato que coincidirá con la elección intermedia de 2027.

La disputa de Poder, que se podrá dirimir en la revocación de mandato, tiene tres peligrosos ingredientes, el bloque de AMLO-Sheinbaum, este hay una visible disputa ya que mientras AMLO presiona para protegerse él y a los suyos y regresar, traicionar a su sucesora, sin calcular que cada ataque a ella se debilita su poder y exhibe más su fallido gobierno. El segundo grupo es el de la Nomenklatura que quiere de regreso su juguete y le atiza a la presidenta y AMLO para que se quiten del camino y el tercero el de la sociedad civil cansada de los mismos y de las mismas practicas que busca la democracia y el Estado de Derecho.

La estrategia

La revocación de mandato es un mecanismo de democracia directa mediante el cual la ciudadanía puede decidir, a mitad del periodo. Por ello, la apuesta es realizarla simultáneamente con las elecciones intermedias de 2027, donde se renovará la Cámara de Diputados y se celebrarán comicios en 17 estados.

Todo indica que la presidenta Sheinbaum llegará a esa parada con un enorme desgaste, carga con todos los negativos heredados de su antecesor: corrupción, inseguridad, crímenes de alto impacto, y políticas públicas erráticas que han paralizado al país, como la reforma al Poder Judicial, la Ley Aduanera, la energética y la de Telecomunicaciones, negociaciones del T-MEC, con una narrativa de confrontación con Estados Unidos, para defender los intereses de la oligarquía.

La presidenta Sheinbaum a capa y espada defiende el legado de su antecesor, le sucede algo así como el síndrome de Estocolmo, donde ya prácticamente adquirió las autoritarias costumbres de sus captores.

La Nomenklatura

La presidenta está rodeada de sus enemigos. En su círculo más cercano, su coordinador de asesores, Jesús Ramírez Cuevas, exvocero y uno de los hombres más cercanos al tabasqueño, sigue controlando las mañaneras y la narrativa gubernamental, dejando a Sheinbaum expuesta y sin control de su propia comunicación.

En la Coordinación General de Asuntos Intergubernamentales está Leticia Ramírez, exsecretaria de Educación; y en Política y Gobierno, Arturo Zaldívar, considerado uno de los mayores traidores dentro del movimiento.

Entre sus secretarios destacan amigos de los hijos de AMLO y cuadros obradoristas sin autonomía real: Marath Baruch Bolaños en Trabajo; Antonio Martínez Dagnino en el SAT; Rosa Icela Rodríguez en Gobernación; Luz Elena González en Energía; Mario Delgado en Educación; Raquel Buenrostro en Anticorrupción; Octavio Romero en Infonavit; Martí Batres en el ISSSTE; y Zoé Robledo en el IMSS, entre otros muchos.

Las Cámaras están gobernadas por los leales de AMLO, Adán Augusto López y Ricardo Monreal y ambos controlan, no solo sus propias bancadas, sino las de sus partidos aliados. Y del Poder Judicial, los acordeones los mandaron desde Palenque y desde el presidente del Poder Judicial hasta el resto de los Ministros responden a Palenque.

La Campaña

La Nomenklatura, con décadas de control político, donde figuras como Manlio Fabio Beltrones actuando desde las sombras a través de su “hermano”, Ricardo Monreal, siguen moviendo los hilos, José y Alejandro Murat y su padre José Murat, los Bartlett, Alfonso Durazo, Américo Villarreal, Layda Sansores, Alejandro Gertz, y los priistas del PVEM como Manuel Velasco, Jorge Carlos Ramírez Marín y Eruviel Ávila entre otros muchos están haciendo lo que saben, reventar al gobierno para apoderarse nuevamente del control absoluto.

A Luis Donaldo Colosio, cuando intentó transformar al PRI, este mismo grupo lo atacó y descalificó. Cuando Carlos Salinas quiso imponer a Carlos Rojas como su coordinador de campaña, Colosio se negó y se apartó de Salinas y del grupo como Beltrones, Murat y Monreal. Aquella independencia le costó la vida.

Con Zedillo, el mismo bloque, incluido AMLO, entonces líder del PRD, se opuso a la reforma política y electoral. Cuando no pudieron detener la reforma, en la XVII Asamblea del PRI impusieron que ningún “tecnócrata” pudiera ser postulado a cargos públicos. En la elección intermedia se dio por primera vez que el PRI perdió la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y Cuauhtémoc Cárdenas ganó la CDMX. La famosa nomenklatura decidió apoyar a Vicente Fox y no al candidato del PRI. El PVEM controlado por Salinas y Manuel Camacho apoyaron a Fox y controlaron el gabinete del panista como lo hacen con Claudia. El secretario particular, Alfonso Durazo, el secretario de Seguridad, Alejandro Gertz Manero y el de Hacienda, Francisco Gil Díaz y así colocaron a mucha gente en los puestos de decisión.

A Peña Nieto le hicieron lo mismo. Tras el Pacto por México y las reformas estructurales, se voltearon en su contra y ofrecieron su respaldo a AMLO, quien les había prometido revertir las reformas y regresar el control al viejo estilo autoritario del PRI.

Desde 2014, Morena se nutrió de priistas desplazados, y para 2018 esa alianza se consolidó.

Hoy la historia se repite. A Sheinbaum la están dejando sola, cargándole todo el desgaste y las contradicciones del sexenio anterior. La acusan de no proteger el “proyecto” ni a los leales al obradorismo. Mientras tanto, la narrativa oficial culpa a la oposición, que juega el papel del villano útil, contando con la dirigencia del PAN, Jorge Romero y Marko Cortés, como perfectos cómplices discursivos.

La traición está en marcha. La revocación de mandato de 2027 será el campo de batalla donde ese viejo grupo priista, disfrazado de nueva izquierda, buscará consumar su regreso al poder. Y, una vez más, el destino político del país podría definirse no en las urnas, sino en los acuerdos ocultos de quienes nunca se fueron realmente del poder.

Lo que al parecer no calcularon, es la ya patente inconformidad de la sociedad y que esto, podría ser la debacle de está nomenklatura que se asume dueña del país.

Manuel Díaz

X: @diaz_manuel

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