¿Cómo es que la simpleza lleva a la inmoralidad social y política? En los días que corren se advierte un deterioro pocas veces visto en la historia de México: el grupo que ocupa los puestos más importantes de la administración pública se ha volcado a la transgresión de todas aquellas normas sociales y constitucionales que limitan el poder que ostentan. El grupo que acompaña al presidente de la república está apuntalado en dos cosas: en la llaneza (en realidad, pobreza) de sus ideas y en la impunidad de la que exhiben y hacen gala. Nada de esto ocurriría antes del 2018. O por lo menos no con tales niveles de descaro e impunidad.

«La principal amenaza de la democracia no es la violencia ni la corrupción o la ineficiencia, sino la simplicidad.» Así inicia el libro «Una teoría de la democracia compleja» (2020), de Daniel Innerarity, director del Instituto de Gobernanza Democrática y profesor del Instituto Europeo de Florencia. Es una frase que, en principio, nos puede resultar demasiado contundente, sobre todo en un gobierno donde hemos superado los homicidios dolosos de todas las anteriores administraciones.
Del 1 de diciembre de 2018 al 29 de mayo de 2022, en lo que va del gobierno que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador, las fiscalías estatales han iniciado investigaciones por 122,231 homicidios dolosos cometidos en el país. (El Financiero, junio 2022). Solo en el mes de junio, en promedio se contabilizaron diariamente 76.3 muertes intencionales (El Universal, julio 2022). No puede dudarse que tales niveles de violencia constituyen un atentado permanente a la paz de la nación y por ende para la democracia y sus instituciones. Con la amenaza de la metralleta en la cabeza no se puede ejercer la democracia. Además, naufraga nuestra democracia con la violencia de la delincuencia organizada con el cobro de piso (impuesta desde restaurantes hasta modestas fondas), el secuestro y la trata.
Tampoco puede haber vida democrática cuando los feminicidios van a la alza. Las cifras que se reportan (Animal Político, julio 2022) son bastante alarmantes: 12 mil 897 mujeres han sido asesinadas durante el actual gobierno, de acuerdo con información del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. En el periodo de diciembre de 2018 a abril de 2022, las autoridades registraron 3 mil 386 víctimas de feminicidio (26.25%) y 9 mil 511 de homicidio doloso (73.75%). Ninguna democracia puede sobrevivir ante la sangre derramada de sus mujeres.
La democracia se ve limitada por la corrupción. Sin olvidar que la corrupción tiene dos lados, el que ofrece y el que recibe, hemos visto el descaro con el que se quieren “salvar” los actos sospechosos y abiertamente documentados de la pandilla que ejerce el poder en el país. Dos ejemplos: Delfina Gómez, una delincuente electoral declarada, es premiada con la titularidad de la SEP y tal vez con la candidatura de Morena al EDOMEX; Pío López Obrador, recaudador de su hermano, exhibido, a quien la FGR lo pone en la ruta de la exoneración.

En cuanto a la ineficiencia, el actual gobierno no solo es el más opaco en cuando al ejercicio de erario, sino que el gasto gubernamental. Se esconde la cacareada “austeridad republicana”, pero alcanza niveles delictivos. Cada vez nos debería quedar más claro que un gobierno austero no significa que sea el mejor gobierno porque tarde o temprano se muestra su verdadero rostro de ineficiencia e ineficacia. En contraste, eficiencia gubernamental podría permitir la solución de los grandes problemas sociales, como la pobreza y la desigualdad, auspiciado la productividad, la generación de riqueza y el crecimiento económico, que el gobierno de AMLO ha llevado a los límites del inframundo. Encima, para acabarla de amolar, se quiere iniciar una absurda guerra comercial con nuestros socios en el T-MEC.
Reconocer todos estos datos, serían un botón de muestra de que la democracia (la nuestra) sí se halla estancada o en franco retroceso por la ineficiencia del gobierno ante las cuestiones de la inseguridad, la corrupción, la violencia y la debacle económica que parece no tener fin. Sin embargo, habría que darle la razón a Innerarity porque todos esos problemas son abordados tanto por la alta burocracia como por la mayoría de los ciudadanos de una manera simplista. Ante cada uno de esos males nacionales, no se puede o no se quiere reparar en que encaramos una problemática que es compleja y demanda respuestas igualmente complejas.

En la UNAM y en otras instituciones universitarias y de investigación se emplea una metodología basada en la complejidad, que sería una visión completamente antagónica a la simplicidad. Podría ser largo exponer de qué se tratan esas investigaciones. Solo señalamos que la teoría de la complejidad examina cómo se transita del caos al orden, en una dinámica en la confluyen diversas interrelaciones. Un ejemplo, la COVID-19 nos ha mostrado de qué manera nuestro organismo es afectado por el virus (caos) y, de superarse la enfermedad, el propio organismo se recompone (orden) y se vuelve a la salud (aunque hay secuelas aún por investigar). Nada simple o unilateral hay en ello. Otro ejemplo, las sociedades primitivas tienen grados de complejidad muy bajos en cuanto a su economía y desarrollo social; algunas suelen dar el salto a sociedades más complejas, con economías, como las actuales, impensables desde la escasa complejidad de las primeras.
Tiene razón el autor de «Una teoría de la democracia compleja» cuando advierte que la democracia representativa articula mejor el pluralismo social, ético y epistemológico. «La democracia –escribe Innerarity– es la forma de gobierno que cultiva el disenso, protege la diversidad y la heterogeneidad, que está más interesada en tramitar la complejidad social que en su represión.»
¿Qué hacen la propuestas visibles de la 4T? Evitar el disenso porque toda idea o enunciado contrario a los deseos inspirados del habitante de Palacio Nacional es rechazada sin ningún análisis ni discusión racional. Su discurso se construye de una manera simple, demasiado llana, demasiado pobre. No fomentan la diversidad política porque el simplismo de la 4T reduce la sociedad a solo dos agrupaciones: ellos (los conservadores) y “nosotros” (los que estamos con el personaje que obtuvo 30 millones de votos). Si no hay pluralidad de ideas, si no hay libertad para ejercer las opiniones y expresarlas realmente, no hay democracia. Para usar un discurso superficial, facilón y frívolo no hay necesidad de pensar en ideas abstractas, más amplias, complejas. El pueblo no las entiende. Pero el pueblo parece hacerse tonto y lento, despreocupado y volcado a lo más intrascendente.
Pero no es solo una cuestión política. Es también de ejercicio de la administración pública. Si no hay pluralidad de ideas, la toma de decisiones se empobrece o incluso se lleva a los niveles del absurdo administrativo, como se ha dicho tantas veces sobre los proyectos del Amado Líder.
El simplismo se lleva a las políticas educativas. Hoy, los estudiantes de la educación básica pueden o no asistir a clases, pueden o no tener aprovechamiento escolar, porque están de antemano aprobados. Es decir, la complejidad de procesos educativos es reducido a una simplicidad que se escuda en la simulación más torpe que hayamos tenido en la historia educativa del país. Tenemos autoridades simples para estudiantes que se hacen simples. Según Fátima Maesse, directora de Sociedad Incluyente, dicha decisión tiene riesgos serios para los cuales las comunidades y autoridades educativas deben prepararse. En la medida que pasen alumnos sin los conocimientos necesarios, el trabajo de los docentes de los siguientes grados se volverá más complicado. Con ello, se podría perpetuar y ampliar el rezago educativo, a menos de que se cuente con un plan aterrizado y herramientas eficientes para recuperar conocimientos de forma progresiva (https://imco.org.mx/equipo/fatima-masse/). Asunto remedial que no ocurrirá, como tributo al reduccionismo de lo simplificado, sea por incapacidad, por complicidad o por ambas a la vez.
No puede haber simplicidad para las creencias y opiniones complejas. En una sociedad democrática, hay debate e intercambio de ideas. Tener principios no es cuestión de llaneza o superficialidad. Tener ideas políticas simples es reduccionista y nada confiable. Promesas simples hoy, auguran costos excesivos en el futuro.

Aunque AMLO diga lo contrario, gobernar sí tiene chiste. Porque los gobiernos son sistemas sociales vivos y tienen que estar en condiciones de aprender, especialmente cuando cambian las situaciones del entorno económico. El mundo global es complejo y los aspirantes a gobernar nuestro país no dan muestras de estar a la altura.
El simplismo se ha apoderado también de núcleos importantes de la población. Frente a las instituciones que los mexicanos nos hemos dado para regular y llevar a cabo los procesos electorales, no reaccionamos ante los actos y dichos de las llamadas “corcholatas”. Se burlan descaradamente en público y en privado del INE y del TRIFE. Esta desobediencia al Estado de Derecho debería alertar a jueces y magistrados, así como todos aquellos que creen que la democracia es un proceso no lineal y que requiere de libertad para disentir y oponerse a los abusos. La 4T ha hecho añicos la Ley. Ante esta situación, solo cuenta para ellos la fuerza (militarismo, FGR) o la amenaza (SAT, Unidad de Inteligencia Financiera) o el miedo a ser exhibidos en el escenario de mayor expresión de la simpleza que son las denominadas “mañaneras”.
Cuando no enfrentas una sociedad con ideas (derrota de la sociedad del conocimiento), cuando cualquier ocurrencia es aplaudida sin razón ni concierto, cuando se cree que la sociedad es binaria y uno supone estar del “lado correcto de la historia” (sic), no existe freno alguno, ni legal ni moral. No hay castigo para los delincuentes como no hay castigo para los miembros de la 4T ante su transgresión deliberada y cínica del orden legal. La impunidad nace de la simplicidad y la simplicidad se reproduce por la impunidad a cielo abierto en la que vive la 4T desde 2018. No quisiera pensar como los anarquistas: nadie es inocente; prefiero pensar que esta etapa se superará con una democracia fortalecida y compleja, con una ciudadanía defensora de la democracia representativa.

