Solo para valientes

La llamada tercera edad (60 o más años) es el grupo que más rápido está creciendo en México y en buena parte del mundo. Lo más preocupante es que, en general, no existe (más allá de las pensiones y/o jubilaciones de unos cuantos y los recursos que se depositan con fines clientelares) una política social integral para este sector. Esto sucede a pesar de las evidencias del rápido proceso de envejecimiento de nuestro país y algunas pocas propuestas que no se han materializado. 

Sorprende que, como parte de los temas prioritarios de los partidos políticos, ni en el Frente ni en Morena se preocupen seriamente por la situación de 15 millones de personas que hoy pertenecemos a este segmento poblacional. 

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La pensión universal para los adultos mayores en la Ciudad de México (2000-2006) y posteriormente a nivel nacional no es un acto de justicia social, es una acción asistencialista aislada, que considera a las personas mayores como objetos de atención, y fuente de votos, pero no como sujetos participativos. 

Los dineros que se depositan bimestralmente a los “viejitos”, como nos dicen, no están acompañados de acciones que redunden en una mejor calidad de vida para nosotros. Estos apoyos resultan claramente insuficientes si no van acompañados de otras acciones.

Sin embargo, dado el empobrecimiento de la tercera edad, que explica en buena medida su uso clientelar, la llamada “pensión” otorgada por los gobiernos (no por AMLO, aclaremos) ha resultado muy exitosa sobre todo para el partido en el poder y para el propio presidente de la República. 

Doy un dato que muestra por sí mismo la gravedad del problema: para el 2050 de acuerdo con las proyecciones de la CONAPO tendremos en México 33.4 millones de adultos mayores. La CDMX, Veracruz y Morelos serán las entidades con un número mayor de personas de la tercera edad. ¿Estamos preparándonos para ello? ¿A alguien le importa?

Más allá del uso político de las personas mayores, se requiere una red de acciones institucionales y políticas públicas desde diferentes ámbitos: municipal, estatal, nacional, legislativo y judicial que facilite que las personas mayores puedan tener pleno acceso a sus derechos y a una vida productiva, saludable y activa. Es decir, se trata de convertirlos de objetos de atención a sujetos de cambio. Y esto, como sucede en Japón, por ejemplo, es posible. Se dice facil, pero el tema está desatendido y subestimando.

Si una persona la tiene difícil para encontrar empleo a los 40 o 50 años, no les quiero decir lo que sucede con una mayor de 60. Un viejo (y peor una vieja) automáticamente es señalado como “senil”, se les comienza a tratar como descerebrados, sordos, incapaces y se les descalifica no por sus ideas o formas de ver al mundo, sino por su apariencia. “Ya siéntese”, “Madre ya vete a ponerte tu pañal”, “Viejito pendejo” y otras lindezas es lo que a diario se les dice (o se nos dice) a los adultos mayores. Parece que esta discriminación a nadie le importa. 

Un hombre o una mujer mayor pasa a la categoria de “abuelito” y es objeto de burlas, vejaciones y abuso por parte de la sociedad (en terminos generales) e incluso de su propia familia. Es un asunto que pasa por la educación, la cultura de un país y el conocimiento. El cambio en la pirámide demográfica del planeta y especialmente los avances médicos garantizan que muy pronto viviremos en un mundo lleno de viejos. 

Un dato curioso: Beatriz Paredes, Xóchitl Gálvez, Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Adán Augusto López, todos y todas tienen más de 60 años. A pesar de ello ninguno se ha preocupado por presentar una agenda que enfrente esta situación del envejecimiento poblacional y sus consecuencias. Se habla mucho de la discriminación a las mujeres, a la comunidad LGBTQ+, a los indígenas, etc., qué bueno, pero nadie ha volteado a atender profesionalmente la situación en nuestro país de las personas mayores.

Espero que algún dia en México envejecer no sea un asunto solo para valientes.

De ustedes depende.  

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