TV Notas, la fuente de Proceso para construir telenovelas

La animadversión de Proceso contra Televisa no es noticia; la novedad radica en las fuentes a las que el semanario ha recurrido recientemente para construir informaciones que en teoría, buscan denunciar las alianzas perversas de la televisora con el poder político en México, pero cuyo sustento periodístico es tan endeble que se asemejan a muchas de las tramas telenoveleras del consorcio: muy espectaculares, pero con poca sustancia.


A la usanza de Televisa cuando anuncia el lanzamiento de un nuevo melodrama, Proceso anunciaba desde el viernes 5 de febrero la próxima publicación de un reportaje que revelaría el expediente secreto de la boda eclesiástica de Enrique Peña Nieto, el cual elaboró en conjunto con Aristegui Noticias, que también se encargó de promocionar esta historia que se antojaba muy atractiva. El sábado 6, en sus respectivos portales de Internet se desveló la trama que rodeaba al matrimonio de la pareja presidencial. El timing para esta presentación no podía ser mejor: el Papa Francisco estaba por llegar a México.


Lo que se presentó como un gran reportaje de investigación, fue en realidad un entramado construido con partes informativos de revistas del corazón como Hola y Quién, que en su momento difundieron la información relativa al primer matrimonio de Angélica Rivera con el productor de Televisa, Jorge Alberto Castro, su posterior divorcio y anulación del enlace religioso, así como el casamiento de Rivera con el hoy presidente de México. Incluso varios de los documentos que se presentaron como parte del expediente, habían sido ya revelados por las publicaciones ya mencionadas a instancias de la propia Angélica Rivera. En la trama novelesca que Proceso y Aristegui construyeron sobre la boda Peña-Rivera, aparece como una de las víctimas el sacerdote José Luis Salinas, quien oficiaba servicios religiosos en Televisa, empresa a la cual se responsabiliza de participar en la conjura para facilitar el matrimonio, como parte de todo un plan para que Peña Nieto alcanzara la presidencia de México.



En su más reciente número, Proceso publica bajo la firma de Jenaro Villamil un reporte titulado “El Papa Francisco, privilegios a la farándula y a Televisa”, en el que se da cuenta de una presunta reunión del pontífice con la plana mayor de la televisora, el pasado 14 de febrero en la sede de la Nunciatura Apostólica; no hay imágenes ni grabaciones ni otros elementos fehacientes que acrediten que esta reunión se efectuó. La única fuente es la narración que de la misma hizo la locutora de espectáculos Maxine Woodside en su programa del lunes 15 de febrero, donde agradeció al productor Antonio Berumen el haberle facilitado estar presente en ese encuentro. Berumen fue uno de los responsables, por parte de Televisa, de las transmisiones de los eventos papales.


Para alimentar las teorías conspirativas que a menudo rigen sus trabajos periodísticos, Villamil recurrió a la revista de espectáculos TV Notas, como el propio autor lo admite, para documentar la biografía del señor Berumen y en esa búsqueda acuciosa encontró lazos de amistad que lo unen a la esposa del presidente Angélica Rivera, cuando ésta iniciaba su carrera como conductora en Televisa y él, promotor artístico de grupos musicales del momento de los años 80 y 90. La información en sí misma es totalmente irrelevante para dar sustento periodístico a una presunta participación de la primera dama en la gestión de esa entrevista del Papa con los altos mandos de Televisa, pero para el periodismo de consigna basta con sembrar la sospecha.


La obsesión de Proceso por presentarse como la antítesis de Televisa, ha llevado al semanario y a su reportero Jenaro Villamil a recurrir a fuentes que para una publicación de sus características resultarían poco confiables, y más aún, que les conceda credibilidad con tal de construir historias que, paradójicamente, son dignas de cualquier telenovela de esa empresa y con el mismo propósito: ganar rating.

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