México tiene tres políticos muy activos, en edad productiva, que fueron presidentes. Trabajando en Los Pinos, parte de su cerebro pensaba cómo mantener y retomar (no el cargo: es imposible) el poder tras su sexenio.
En 2018 el país tendrá otro expresidente en plenitud de facultades. Habrá cuatro políticos en esas condiciones.
¿Llegó la hora de elegir aquí a un presidente que sepa que, al dejar la silla, sólo le quedarán fuerzas para tirar cacahuates a los monos en el zoológico? ¿Alguien que observe su mandato exclusivamente como el gran trabajo de su vida… y que ya no podrá tener más ambiciones?
Los electores de las primarias en Estados Unidos optaron en el Partido Republicano por Trump, de 70 años, por delante de Marco Rubio, de 44; y en el Partido Demócrata, por Hillary, de 68, y estuvieron a un tris de hacerlo por Bernie Sanders, de 75 años.
En Perú votaron el 10 de junio pasado por Pedro Pablo Kuczynski, de 75 años, por delante de Keiko Fujimori, de 41. En España, dos veces en menos de un año por Mariano Rajoy, de 61, por delante de Pablo Iglesias (37), Pedro Sánchez (44) y Albert Rivera (36).
Pareciera que esa famosa generación del milenio (que los estudiosos afirman tiene cada vez más peso en el planeta) no busca, para que la dirija, la juventud que ella ya tiene, sino a adultos mayores con lenguaje fresco con el cual conecte fácilmente.
Es el éxito que tiene un adulto mayor como AMLO en México. A sus 62 años, conecta fácilmente. Su frase más elaborada en política es que “hay que acabar con la mafia del poder” y su tesis de campaña más trabajada es ofrecer soluciones simples a problemas complejos.
Perú tuvo suerte al elegir a un presidente de 75 años porque, a diferencia del escasamente instruido AMLO en México, Kuczynski es considerado la persona con mayor preparación y experiencia en gobernar, no sólo por sus estudios, sino también por su experiencia como ministro y primer ministro, y en el FMI.
Aquí los rivales potenciales de AMLO son mucho más jóvenes y mejor capacitados académica e intelectualmente, pero empeñados en lograr sus aspiraciones con estrategias, encuestas… con métodos que quizá ya no se enchufan con las necesidades de los sectores a los que quieren llegar.
No captan lo que captó el escritor Norman Mailer en el Estados Unidos de 1960 y se reedita en el mundo actual: la elección de aquel año suponía una obra dramática de moralidad más que preferencias basadas en la demografía o promesas partidistas.
Está bien. Puede que no sea asunto de edad, sino de captar eso.
Como sea, quien lo ha captado es AMLO.
Este artículo fue publicado en La Razón el 22 de septiembre de 2016, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.
