Viajo en carretera seguido voy y vengo entre Ixtapa, Toluca y la Ciudad de México. En la última nací, la anterior es la tierra de mis hijas y la primera el paraíso en que he decidido pasar el resto de mi vida. Soy una mexicana más. Me parece un privilegio poder recorrer estos lugares, pero también me preocupa la inseguridad que se vive en las carreteras.
Me asumo privilegiada desde que nací, pues tengo una buena educación, una familia que me apoya y un trabajo que me gusta. No paro de agradecer y tampoco me avergüenzo por tener ventajas. Las circunstancias amables obligan pero no se repudian. Así que vivo agradecida pero temerosa de que en un país tan dividido, en una región donde el narco es el quinto empleador, las carreteras son territorios opacos de un país con muertos como en guerra. Es importante que trabajemos juntos para crear un México más seguro y equitativo para todos. Salgo de allá o de acá siempre pensando que puedo quedar en el trayecto.
No me gusta la violencia que azota a este México que se presume hospitalario, familioso y alegre, me preocupa y me indigna. Su rostro es muy otro. Según el informe de la organización Causa en Común, en 2020 se registraron más de 35 mil homicidios dolosos en México, una cifra comparable a la de países en conflicto armado. Además, las carreteras son escenario frecuente de asaltos, secuestros y extorsiones por parte de grupos criminales.
No puedo negar que la candidatura de Xóchitl Gálvez me entusiasma. Me da un poco de esperanza porque representa un cambio en la política mexicana.
Me gusta manifestarme, opinar y escribir. Me gusta ser madre y maestra. No me gusta ser extrema. Me gusta gravitar en el centro de las cosas. Ni muy muy, ni tan tan. No me asustan los adjetivos, ni trabajo por las calificaciones. Soy un ave tempranera y solitaria. Llevo muchos años escribiendo en etcétera, siempre agradecida por el espacio. Respeto enormemente a mis colegas. Pero no tengo por qué coincidir con sus puntos de vista. Tampoco ellos con los míos.
Me parece que la meticulosa y dedicada atención que Orquídea Fong pone en la revisión de los textos, la ha ido posicionado como una analista precisa que señaló atinadamente los plagios de Delfina Gómez y corroboró los señalamientos del maestro Sheridan en el caso de la ministra Esquivel. Reconozco también cómo Alejandra Escobar y Marco Levario han sido incansables y valientes creciéndose al castigo del gobierno actual y sus señalamientos ante cualquier medio que ellos consideren disidente. Con ello han hecho crecer la revista y su propio prestigio. No comulgo con quienes les atacan como vendidos porque no es su estilo y llevan años probando su autonomía. Sin embargo, tampoco estoy de acuerdo con su postura con relación al caso de plagio de Xóchitl y quisiera externar mi opinión al respecto. Mi opinión es la siguiente:
1. Plagio es plagio eso sin duda. Tomar las palabras de otro nos obliga a señalarlo. La palabra plagio proviene del latín plagium, que significa “secuestro”. El concepto ha cambiado a lo largo de la historia, según las diferentes épocas, culturas y normas jurídicas. Los autores medievales solían incorporar fragmentos de textos ajenos en sus obras, sin citar la fuente, pero tampoco pretendían engañar al lector sobre su procedencia. En el Renacimiento, se desarrolló una mayor conciencia de la propiedad intelectual los autores buscaban diferenciarse de sus predecesores y denunciaban el plagio como una falta de ética y de talento. Sin embargo, también recurrían a la imitación creativa, es decir, a la adaptación y transformación de obras anteriores. En la época moderna, el plagio se ha convertido en un problema complejo y controvertido, debido al desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, que facilitan el acceso y la reproducción de las obras. Sin embargo, no siempre es fácil determinar qué constituye un plagio y qué no. La diferencia entre el plagio y la imitación creativa no siempre es clara ni objetiva. Puede depender del grado de similitud, de la relevancia o del contexto de las obras. También puede depender del criterio de los autores, de los usuarios y de los jueces. Por eso, es necesario establecer unos límites y unas normas. Se requiere de un fallo institucional para determinar el grado de la falta. Lamentablemente la práctica es tan difundida que sería pertinente decir: “Quien esté libre de todo plagio…” recuerdo mis años de estudiante decir una y mil veces “La tesis es sólo un trámite, procura acabarla lo antes posible”. Eso no justifica nada, señala una herramienta de evaluación que probablemente ha quedado superada. Cabe recordar que si hay matices y que no es lo mismo una tesis que un informe; ni una juez que una candidata. Agravantes y atenuantes de una infracción innegable.
2. Creo que Xóchitl Gálvez cometió un error al no citar correctamente sus fuentes en su informe de titulación, pero no creo que eso invalide su trayectoria profesional ni su capacidad para gobernar. Creo que ha demostrado ser una mujer honesta, trabajadora y comprometida con el bienestar de la ciudadanía. Creo que ha pedido disculpas por su falta y ha ofrecido corregir su informe. Creo que eso es suficiente para cerrar el caso y enfocarnos en las propuestas que tiene para mejorar nuestro país. Pienso que ha reconocido su error y ha mostrado disposición para enmendarlo, una actitud humilde y responsable que la honra como persona y como política.
3. Informar es una obligación, ser censor una elección. Somos animales de atención limitada y ante una contienda tan desigual incidir sobre el agravio desde el fuego amigo me parece un exceso. Digamos que aquí opera bien la teoría de la “interseccionalidad” que nos ayuda a comprender la disparidad entre las personas a partir de sus privilegios y sus opresiones. La interseccionalidad es una perspectiva que analiza cómo se cruzan y se refuerzan las diferentes formas de discriminación, como el género, la raza, la clase, la orientación sexual, etc. Por tanto no es lo mismo la ventaja que tiene contender desde el partido en el poder que ser una candidata ciudadana que ha tenido incluso que sobreponerse a las presiones de los partidos que la apadrinan.
4. La mejor oposición desde mi óptica se plantea en unidad y contra la violencia institucional que vocifera cada mañanera. Eso no significa silencio ni renuncia, sólo prudencia para no excavar el único protagonismo válido en este momento: la unidad que nos permita defender la democracia vilipendiada. Una democracia que decidirá si Morena se queda o se va, pero por las vías legales, y en una contienda justa.
El plagio es otra de las caras de la corrupción y quizás estos gestos mínimos que nos distraen de las catástrofes corruptas que cobran vidas a diario acusan el exceso, la permisividad absoluta que nos tiene desubicados. Mi pregunta es desde hace tiempo ¿Cómo es que se puede justificar a un mandatario que miente sistemáticamente?
Gálvez aceptó su error, era difícil pensar que no la mancharían con algo. Ha quedado advertida, tendrá que ser aún más cuidadosa y tomar en serio a sus contrincantes.
Yo voy y vengo, no soy más que un camino, una ruta que cada vez se acerca a ir sin volver pero que sabe que en el camino quedan mis hijas, mis estudiantes, mexicanos que merecen el privilegio de decidir en libertad. Por eso, seguiré opinando, manifestando y escribiendo, porque creo que la palabra es una herramienta de transformación. Y porque creo que la transformación es posible, si nos unimos y nos respetamos, si nos informamos y nos cuestionamos, si nos comprometemos y actuamos. No me resigno a vivir en un país donde el miedo, la violencia y la corrupción sean la norma. No me resigno a callar ante las injusticias y las mentiras. No me resigno a dejar de soñar con un México mejor. Yo voy y vengo, pero siempre vuelvo a lo mismo: a mi amor por este país y por su gente. Y ese amor es el que me impulsa a seguir adelante, a pesar de todo. Ese amor es el que me hace decir: yo soy mexicana, y tengo voz y voto.

