A veces tengo la sensación de que esto (Internet y las redes sociales) responde a esa nostalgia vieja de la idea de Dios que observaba a todos y que absolutamente NADA escapaba a su mirada y escrutinio.
Javier Marías
Nací para Facebook el 9 de abril de 2008 a las 6:53 de la tarde, por tanto acudiré a un astrólogo para que me hable sobre mi futuro virtual. Esta red social es la máquina del tiempo, te permite buscar a los amigos del pasado, colgar las imágenes de la fiesta previa, acordar las citas del mañana pero poco sé sobre mi destino aquí. Soy realmente joven en el ciberespacio, tengo a penas cinco años, cuando mucho quince si contamos mi primera cuenta de correos, pero eso fue en la era digitozóoica antes de tener un muro e imágenes que respalden mi existencia. Mi primer ¿Qué estás pensando? Fue este tierno tecleo: “Eso del muro suena solitario, ojalá pronto llenen de mensajes mi blanco muro”.
Cinco años después y habiendo sumado mil 178 amigos, mi situación es insuperable, pasé de la freudiana etapa oral, que aquí se llama la etapa chat, a la era voyeurista del video; confieso haber espiado a amigas e incluso a enemigos. Luego me volví hermética y me comuniqué en íntimos inboxes. Colecciono contactos, plagio imágenes y citas; como soy maestra, resuelvo dudas de mis alumnos y subo apuntes; en la universidad donde trabajo hay herramientas de este tipo, pero ¿quién quiere pasar su tiempo libre en la escuela? El face es la nueva plaza pública, mi perversión me hace publicar hasta las ausencias o distraerlos de sus citas al colgarles las indicaciones para el próximo proyecto.
Mi ascendente es Google
Antes de aportar los augurios para mi futuro cibernético y la cuadratura que presentan mis buscadores (parece que mi ascendente es Google y mi casa Yahoo está bien aspectada) recorreré mi pasado por esta pantalla.
Mi primer asombro fue nostálgico, encontré un amigo de la niñez; luego hice mi primer amigo de red, Marco Levario, quien me hizo parte de su club de etcétera y a quién conociera hace años vía mail, lo oí en una entrevista y me cautivó, así que me decidí a escribirle, él es netamente mi amigo virtual, lo trajo el surffing cibernético y aunque nunca nos vemos, en la realidad somos el Buzz y el Woody de la era Google.
Miles de alumnos han vuelto a mí con mensajes de gratitud, a mi vez logré encontrar a mi maestra de primaria, Lety, y a mis compañeros de entonces. Conmovida decidí escribir mis crónicas de, pensé que si los niños de Narnia se escapan por un closet yo hacía lo propio a través de la pantalla. Expresé mi fascinación en estos términos:
A partir de Facebook recupero escenas de mi vida, personajes con los que quedó pendiente un abrazo, se pospuso un reclamo, se esfumó un beso o simplemente resolvemos una impresión dudosa que hoy queda satisfecha. Hace tiempo lucho de manera discreta por aclarar la fuerte pasión que me provocan los nuevos medios que, a diferencia de algunos críticos, pienso que nos humanizan. Tuve un encuentro cibernético con un amigo de la infancia: una solicitud de un tal Mauricio me dio la bienvenida una mañana, aparecía como amigo de mi hermano y lo acepté gracias a la referencia filial, pero la verdad no lo recordaba hasta que me envió un mensaje. Nunca creí que pudiera desatar tantas emociones. Era un ser olvidado en algún barranco de la memoria. Cuando éramos niños solíamos jugar a diario. Era una suerte de Peter Pan comandando niños perdidos. Por un tiempo compartimos la vida, nos contamos secretos, aunque la red nos acercó, el tiempo y los kilómetros nos apartaron.
Encontré el face de Montessori de la Montaña, la escuela de Lety, mi maestra. Vive en Cuernavaca, así que pedí permiso en mi trabajo para dormir en casa de mi antigua maestra. Mi primera sorpresa fue compartir la cama con sus muñecos de trapo de Bob Dylan y de Federico García Lorca. ¡Qué fantasía! hicieron de mi noche un deleite, y es que quién puede dormir con dos de sus ídolos sin tener que pagar luego las consecuencias de un menage e trois que ni mandado a hacer. Por la mañana Lety me hizo mi lunch, otro sueño hecho realidad ¿A cuántos niños no les gustaría dormir en casa de su maestra, que te haga el almuerzo y, como cereza en el pastel, llegar de su mano al colegio?
Intenté, luego, hacer un homenaje a mis amigas de preparatoria que actualizaron su perfil en mi nueva vida virtual:
Es curioso reunirte con tus amigos del pasado periódicamente y poner al día las vidas. Los rumbos nos alejan pero siempre hacemos todo por dar un volantazo y coincidir en una taza de café. No puedo culpar al Facebook porque ya lo hacíamos desde antes, pero sí puedo contar que gracias a las fotos, nuevos rostros se despiertan para contar su historia. Todas las mañanas me levanto contenta, me conecto para ver quién está ahí, pasar lista, dar los buenos días, felicitar cumpleañeros y acordar la próximo reunión. Recupero recuerdos perdidos para adornar mi muro. Subo fotos para compartir mi historia y rescato algunas otras que los demás tenían de mí; escribo estas crónicas de Facebook en espera de reconstruir con palabras las caras que el tiempo desvaneció de mi memoria.
No soy una muñeca
Una temporada mi autoestima creció presuntuosa:
Últimamente, a partir de mis disertaciones en torno a Facebook, descubro que soy cara, no, mejor dicho costosa, existe un grupo de personas que compiten por comprarme. Todavía no entiendo en qué consiste esta aplicación que se llama Owned! y me tiene muy inquieta. No me gusta eso de que me subasten, un día pertenezco a una rubia cara de loca, otro, a uno de mis alumnos ¡quieren controlarme! No soy una muñeca para que jueguen así con mi persona. Claro, peor sería que mi precio fuera bajo o que nadie quisiera comprarme. La tenue división entre los objetos y el ser es inestable, por eso los hombres y mujeres de hoy nos confundimos, nos cosificamos. Nuestros bienes materiales nos condicionan y nosotros a ellos, se puede entrar a la casa de una persona, pasear entre sus pertenencias como si se fuera un inspector o lector aguzado, descifrar el pasado, el presente, los secretos mejor guardados. Los objetos nos hablan de las necesidades, de nuestra ideología, forman carreteras que preparan el despegue de proyectos. Las cosas son los dobles de nuestros amores, mismas que guardamos en la cartera o bajo la almohada; suvenires de la nostalgia, raíces de nuestra historia. Los lazos que nos unen a ellas son más fuertes de lo que imaginamos, son señuelos para despertar la admiración ajena o para provocar la envidia, sentimiento que algunos piensan “los engrandece”. A mí me subastan en un juego, pero a muchos los secuestran para comerciar con ellos en un mercado infame donde el símbolo por excelencia, el dinero, que en otros tiempos trajo la paz, vale más que la propia vida.
Nuestros bienes se llenan de sentido, en ellos habitan presagios, momentos encapsulados. Me pregunto si mi alma no se ha volcado como memoria a través de este aparato por el que escribo, se ha vuelto una ramificación de mi ser, almacena mis confesiones, es mi herramienta de trabajo, mi contacto con seres lejanos, el baúl de los recuerdos que acopia las fotos y películas de mi vida. Mi almacén de pasados, guarda mi música favorita y las ideas que temo olvidar. La red a la que se conecta es un rastreador infalible y, en segundos, puede ubicar mi presencia física. Sé también que es indiscreta, que los sitios que visito gracias a su ayuda, son crimen y coartada de mis relaciones, aficiones y hábitos de consumo. La red es como el dinero, un símbolo ambiguo, una forma de contacto y comercio, un medio para hacer la guerra o para lanzar propuestas de paz. Ya me compró un nuevo postor, llega a mi celular la notificación. Por todo esto quiero que me expliquen por qué me compran y me venden, no quiero terminar siendo una foto en las cavernas del ciberespacio.
Desde luego Facebook exhibe mi abominable pretensión de literata intelectual y champo citas como los poderosos que sacan sus charolas, o los ricos que espetan tarjetas de crédito:
Los espejos son abominables porque multiplican el número de los hombres, decía Borges, qué pensaría hoy si conociera Facebook, especularía que es la peor aberración, su poder de proliferación lo convierte en un espejo cúbico y su capacidad de manipulación, en un retrato corruptible capaz de proyectar lo que el sujeto contemplativo quiera alimentar como su sombra. La famosa bruja de Blanca Nieves, con actitud distinta, amaba a su espejo hasta que éste la traicionó, le devolvió una imagen indeseable, incapaz de mentir. Como todo mal amante, no pudo callar la supremacía y juventud de Blanca Nieves. ¡Cuántos sinsabores se hubieran ahorrado ambas si el insulso espejo hubiera respondido nuevamente: Tú, mi ama, eres, entre todas, la más bella! Pero salvo esa ocasión, el espejo, como fiel sirviente, le ayudaba a reivindicar su belleza y dones, también le servía de localizador de amigos o hijastras perdidas, un antecedente del GPS sin duda. Era incluso un fiel compañero con quien platicar en tiempos de soledad. Otro amigo de los espejos, el más antiguo de todos, el catatónico Narciso, pasaba la vida contemplando a su doble en las aguas de un lago igual de quieto que, benevolente, le devolvía la fotografía de sus virtudes. Este personaje como germen de ficciones posteriores, se presenta como el icono del pecado de vanidad y con la fábula de Oscar Wild llega a excesos diabólicos, el protagonista, Dorian vende su alma al diablo por conservar para siempre su lozana apariencia. facebook (y todos sus similares) son el nuevo espejo de nosotros los mortales, una especie de sinopsis rosa de nuestras vidas donde el Narciso escondido se ventanea irremediablemente. De él podemos extraer nuevos perfiles que se pueden resumir en:
El que compite por número de amigos
El o la fan de Happy family que exhibe a la familia perfecta
Tengo bille para viajar por el mundo
Soy el alma de las fiestas
Soy secuestrable, no subo fotos
Mírenme, sigo bien a pesar del tiempo
Soy equilibrista y vivo en la red: actualizan perfil todo el tiempo y suben fotos como quien registra eventos en una agenda
En fin todas ellas categorías de la nostalgia y la vanidad. La respuesta perfecta a una sociedad que le teme al presente, se busca en el pasado y proyecta un futuro que siempre promete más. Es el recurso idóneo de tiempos veloces que se buscan en el nuevo punto de reunión, al menos en una galería más noble que le permite editar la vida, coleccionar amigos y compartir el álbum para provocar un poco de admiración en el otro, y exhibir, ante uno mismo, que después de todo, la vida en imágenes se ve mejor peinada y nos permite recuperar ese momento que no se pudo paladear por tener la vista fija en el evento, el post, o el día siguiente.
Seres de tres ojos
Gracias a la recuperación de un viejo amigo, acudí al magnífico concierto de Cold Play y logré volver a ver a mi ídolo Paul McCartney, en el sitio de los espectáculos descubrí que las nuevas generaciones son:
Seres de tres ojos, los dos bajo su frente y la cámara del celular que registra y alimenta desde un teléfono otra instancia de la realidad, la vitrina de la red social por la que dan testimonio de su vida. Pareciera que si no existe la evidencia que nos ubica geográficamente, la cita que atestigua nuestras emociones y la imagen que da materialidad a nuestro ser, quedamos fuera de esta nueva forma de existir que ubica un pié en la tierra y otro en Internet.
Desde que nací para el face y Twitter, la tierra tembló y las catástrofes se hicieron presentes, entonces aprendí que:
Miles de personas arriesgan la vida por actualizar el drama, los seres comunes se vuelven reporteros. ¿Será que en los planes de contingencia y evacuación se tendrá que contemplar “el tiempo muerto” que se perderá al retratar y narrar el desastre? ¿Habrá quienes, incluso, en medio del orgasmo intenten medir la intensidad? He sido amorosa desde mis redes sociales:
Dos amantes están lejos, una pantalla los acerca. Sus palabras se acarician, se hacen el amor con el teclado. Acortaron la distancia, están juntos, su alma sonríe, canta, baila y escribe, subyugados, lanzan como confeti, aquí y allá, frases de amor, estrofas de canción, guiños de alegría expansiva que suscita comentarios: “me gustas”, “te copiaré la frase” el placer se propaga.
Una palabra tuya bastará para sanarme, seducirme, excitarme o amargarme el día. Face y Twitter potencian la palabra (claro, también las imágenes), son una inyección intravenosa que viaja directa al torrente sanguíneo, alojándose como un virus que crece, una idea expansiva que erige al personaje romántico de los sueños: cuéntame tus deseos, los más oscuros, ésos que no te atreverías a mencionar frente a frente y en voz alta. Construimos un nuevo perfil, cansados de portar esa persona cotidiana, oxidada, que hemos construido desde niños, ésa que lleva abolladuras de viejas batallas; nuestra vida en la red nos permite reeditarnos, reinventarnos, inaugurar nuevos espacios vitales, se gesta otra posibilidad del ser que no deja de ser uno mismo y quizás, la naturaleza esencial sea ineludible, pero nos damos el lujo de sacar a pasear posibilidades que habíamos dejado en el tintero. Las redes son el antídoto al tedio cotidiano, la posibilidad ¿”ficticia”? de sentir nuevas emociones. Nos empeñamos en conocer los sentimientos, propios y ajenos, te doy mis palabras a cambio de las tuyas, mis sentimientos son una flor que poco a poco se abre para ti, tú me das otra de vuelta y nos internamos juntos en un laberinto emocional, en el cogollo mismo de nuestro sentir, te doy mi palabra.
Se buscan pasiones
Las redes se han vuelto puntos de encuentro amoroso y sexual; no es fácil probar si su influencia es mayor o menor, pero sabemos que es muy popular entre los que buscan mayor certeza que una cita a ciegas. La red tiene ya sus patologías románticas: la cibería y la hologamia, la primera es la de trascender la propia generación y encontrar parejas mayores o menores ¡Para el amor no hay edades! Lo importante es atinar la compatibilidad de ideas sin importar el año de nacimiento; la segunda, es la tendencia a congregar personas semejantes. Buscamos pasiones simultáneas y sinceridades paralelas, las redes nos hacen sentir que lo que pasa en la red se queda en la red.
En otro momento, fui una incipiente activista política, recuperé las notas de las muertes por el narcotráfico, pero mi muro se puso sangriento y decidí que mi face era un escape y no una herramienta de denuncia: En mi país a la violencia se normaliza, los medios la sensacionalizan, la ficción la ficcionaliza y la muerte ya a nadie asusta. Ya no quiero mirar, me digo diario cuando las notas de una guerra en que no creo contabiliza muertos y muestra fragmentos de hombres y mujeres secuestrados por la desgracia; son los malos me dice mi hija pequeña para no verme triste pero yo sé que no es cierto porque el cuento de mi país no es el de las maravillas y los buenos y los malos se extinguieron hace tiempo cuando todavía teníamos televisión en blanco y negro… Estoy cansada de oír alabanzas sobre los logros de Colombia, la suerte de Brasil o la salvación que llegará de fuera. Estoy cansada de creer pero me rehuso a claudicar. Sé que desde hoy portaré un nombre y contaré su historia, usaré lo único que un mexicano encapsulado tiene para expresarse en bola, mi red social…
Puros eventos
Mi hermana, mis hijas y yo hemos jugado a escribir cuentos de princesas entre posts:
“La princesa decidió que se iría definitivamente y empacaba: zapatos rojos para bailar a morir, zapatillas de cristal para dejar rastro; caperuza roja para correr con lobos; manzanas de la discordia para sembrar zozobra; el casco de Atenea para cabecear los golpes. Dejaría: la espada inerte clavada en la piedra; la cabeza de su madre que al mirarla la petrifica; la calabaza inútil que se avería a las 12:00; el espejo traicionero que eventualmente encuentra a otra más bella y como es ecologista reciclará Había una vez… las veces necesarias”. “André creí que lo de tu mamá era pasajero pero creo que le está metiendo al peyote o a otra substancia, ahora quiere ser la india de Peter Pan, yo verdaderamente he tratado, tú lo has visto, de lidiar con sus cosas, pero ahora quiere que escribamos 420 palabras x post, y pues ya ves tengo hijos y no puedo dedicarme a las locuras de tu jefa”.
“Espejo espejo mío dime quien es la mas hermosa de todo Facebook, tu eres hermosa Andre pero hay una vieja loca que se hace llamar Patiki que te hace la competencia a pesar de ser cuarentona”.
“Siento anunciarles que quizás deje el juego ya que he notado cierta discriminación o xenofobia de su parte, jamás escogen ni a Pocahontas ni a la china Mullan. Por otra parte me invitan a un muro en el cual están juagando a ser pokemones y a mi me dejan ser Picachu ya evolucionado”.
“Querido príncipe sé que me temes porque soy justo del tamaño de tus sueños. Soy tu zapatilla Ceniciento”
“Querida hermala, no eres ninguna princesa, en el ciberespacio, así como en la vida real, se te conoce como la Dama de Hierro por tu latente frialdad y maldad”
Atte Patricia la herbuena Good Heart and soul También hemos llorado y reído ante nuestras tragedias familiares, el face se volvió consuelo en una sala de terapia intensiva donde la hicimos de paracaidista por varios días:
Pasé gran parte de la noche contando historias, desde la sala de Terapia intensiva, con mi hermana en Facebook. Patricia puso la foto de una indigente que retrata a la perfección mi aspecto últimamente, dijo que hoy me traía el anafre para ver si haciendo quesadillas logramos juntar para pagar la cuenta del hospital, de ahí se tejió toda una historia con varios agregados y la verdad es que mis risas eran impúdicas; temí que me corrieran. Es interesante cómo esta herramienta se usa hoy en día. Mi hermana puso una cadena de oración por ahí y a mí el rollo religioso y el lamento público, me repatean. No es lo mismo, para mí exhibicionista, exponer frases, recados a mis alumnos, chistes tontos o hasta cursilerías, pero eso de “pobrecitos de nosotros rueguen por mi mamá” bueno, me ha tenido furibunda. La idiota de mi hermana usurpó mi iPad y con ello mi identidad en Facebook, puso: “Siempre me he sentido una combinación entre Marilyn Monroe, Octavio Paz y Hugh Hefner”. El post desató la lluvia de comentarios hasta que me percaté y aclaré la usurpación. Arremetí exhibiéndola como la combinación de Chespirito, María Félix y Libertad Lamarque. Terapia intensiva intensifica, afectos, dramas, emociones y hasta estupidez. Por fin regresé a casa, me puse unas gotas de Channel número cinco, mi bata de seda y me puse a reescribir el Laberinto de la soledad.
Internet acerca las almas
No me gustan los videojuegos ni sus semejantes, pero encuentro una nueva forma de convivencia familiar, interactúo con mi padre que usa Facebook sólo para jugar The whele of Fortune o Jeopardi. Mi red social es mi promotora y exijo a mis amigos que lean mis textos:
“Léanme, léanme, al fin hablo de sexo y eso vende, léanme porque son mis amigos y muchos mis alumnos y porque soy buena persona yyyyyy, QUE ME LEAN CARAMBA…”
A veces sospecho que le ponen like para salir al paso, claro que están los generosos que te citan para que veas que cumplieron. También localizo al escurridizo de mi hermano, o hago una fiesta facebookera para ver los Oscares. Esa noche de películas traté de entretener a mis invitados con escenas y citas memorables de los nominados:
“Veo los Oscares con mi Marz y Leonardo en vivo, con Patricia, Eduardo, Aurora, Lilí, Sebastián y más gracias a esta red que a mi generación no deja de asombrar. What a great oscar Night!!!”
Internet con sus buscadores, redes sociales, correos, y hasta aditamentos de comunicación a distancia (cámara, chat, Skype) acerca las almas. En ese sentido, los modernos teléfonos celulares que agrupan también esta tecnología y cuentan con la virtud de ser portátiles, son también medios de contacto. Gracias a las capacidades creativas que involucra el uso de una computadora, ésta se convierte en un escenario que permite la creación artística y facilita la producción expresiva. Los hombres y mujeres de hoy pasamos muchas horas cimentando la individualidad, así que tener sofisticadas herramientas a nuestro servicio que nos permiten confeccionar desde una frase hasta una película, es en sí mismo un prodigio, pero tener además un exposición que permite mostrar nuestra creación, llamémosle “personalidad”, ante millones de nuestros iguales y de inmediato, se ha convertido en una validación casi necesaria.
El neuroeconomista Paul Zak dice que las redes nos deleitan casi como un orgasmo y reducen los ataques cardiacos, descubrió que los niveles de oxitocina suben tras una sesión de Twitter y las hormonas del estrés, cortisol y ACTH, disminuyen. Las redes sociales desatan poderosos cambios físicos en la química de nuestro cuerpo, de ahí su potencia adictiva. Para nuestros cerebros, interactuar con la gente en las redes es tan “real” como estar con ellos físicamente. Poseemos un cerebro narrativo, procesamos información en historias, cómo no habríamos de quedar fascinados con este diario público.
Por otra parte, nos gusta tender lazos, relaciones de amistad, familiares, de trabajo, etcétera. Desde el siglo XVIII la sociología estudia el poder de los vínculos comunitarios: tribus, familias, sistemas laborales, religiosos, educativos, es desde los años cincuenta que aparece el término “Red social” que se define como un grupo de personas que mantenían lazos mediante rasgos culturales definidos. A finales del siglo XX, con la aparición de las comunidades virtuales, los seres humanos nos reunimos a la distancia privilegiando rasgos de afinidad sobre cualidades de identidad, tenemos amigos porque cantamos las mismas tonadas, o nos entusiasman las mismas tramas, somos admiradores de los mismos pintores, no importa la edad o la nacionalidad, nuestros gustos nos hacen coincidir. Manuel Castells dijo que las redes sociales son parte de la “sociedad en red”, una estructura compuesta por “tecnologías digitales de la comunicación y de información basadas en la electrónica” que afectan la vida humana en todo rincón del planeta a través de entramados globales: mercados financieros, producción, gestión, distribución trasnacional de bienes y servicios, trabajo calificado, ciencia y tecnología, medios de comunicación. Por su parte, Nicholas A. Christakis y James H. Fowler, nombran redes sociales a toda agrupación que va desde la pareja, hasta espacios como Facebook o World Of Warcraft. Los autores de Conectados analizaron información acerca de la felicidad de 4 mil 739 personas y sus conexiones con otros miles de personas (alrededor de 50 mil lazos sociales ), concluyeron que cuando alguien cambiaba de infeliz a feliz los contactos de la red social también lo hacen. Así que ten cuidado con lo que dices, muestras, o posteas (por usar un neologismo) en la red. Conectados, dejamos de ser entes individuales y paulatinamente nos convertimos en redes, microorganismo que suman las fuerzas individuales.
La realidad de la red existe, llegó para ampliar nuestras vidas, comenzó despacio, aumenta nuestro espectro de comunicación, recuperamos amistades o familiares perdidos o lejanos, duplican los horario de trabajo (es común ver familias juntas, sin estarlo, en un restaurant, sin hablarse, contestando mensajes de otros o llamadas de trabajo, resolviendo la tarea o acordando eventos sociales) ¿Por qué no iban a extenderse las posibilidades eróticas y románticas?
Todo cuanto hago está relacionado con las historias, supongo que cuando era niña me leyeron un cuento que contenía un hechizo. Somos las historias que nos contamos, lo digo siempre y me lo creo, Las nuevas tecnologías reviven viejas palabras, reaniman emociones sólo para recordarnos que, en el centro, está la palabra creadora: de historias, de proyectos, de vínculos, de pasados y futuros. Somos nuestras palabras, esas que hoy brillan como neones en escaparates múltiples, veloces, fugitivos, las redes sociales nos dan la oportunidad de reescribir, hacerlo, es siempre la posibilidad de reflexionar, de mentir, de esconder aquello que no queremos ser y de convertirnos en lo que sí, son el diario que siempre escondimos, pero del que fantaseamos que los demás encontrarían para descubrir la mejor versión de nosotros mismos, el yo editado que sí nos gusta. Por eso no me gusta Twitter, es una red social pretenciosa, los usuarios sienten la obligación de mostrarse inteligentes en tres palabras, en el face somos exhibicionistas, infantiles, para los sentimentales, románticos, vanidosos y exhibicionistasestá el escaparate de Facebook, la biografía postmoderna que nos vuelve música, imagen, película, cita, palabra o traduce la complejidad de nuestras emociones en signos que nos devuelven al pictograma:
Q<= :/ !...%u0283%u0298%u1D25%u0298%u0285 :( 1000000 o/ o/ o/ o/o/ Regina aburrida se compró un perro seguía triste quería tener un millón de amigos---<@ --<@ --<@ @ * / c <3 / / / / / %uF04A que le echaran flores y mensajes, se unió a Facebook, día y noche su corazón late feliz.
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Revolotea como mariposa.
Si la muerte pisa mi muro
Llegó el momento de hablar del futuro; acudo con Rasmunda la videnteastrologa.com, y me dice que mi weblife está bien aspectada, seguiré recibiendo solicitudes de amistad, no envejeceré nunca gracias a una nueva aplicación que borrará kilos, manchas y arrugas. Se avecinan largos inbox de fortuna, chats llenos de alegría. Al cumplir los 35 años de mi vida en el face, me picare el dedo con la esquina de una tecla y moriré, el cursor quedará centellando, mientras ventanas emergentes de conversaciones truncas intentarán revivirme, emoticones de beso procurarán despertar a esta senil princesa, no habrá éxito, mis secretos, mi herencia de palabras triviales y fotografías truqueadas, serán entregadas a mis hijas vía iTunes en un lindo interactivo. Nueve meses después, en un parto a la inversa, Google borrará todo registro de mis pasos por la red. Hasta que al cumplir los 100 años de vida terrestre, mi sobrina Alejandra, ya consagrada como la primera novelista facebookera de México, me revivirá como amante de Pancho Perules, novio de Esthercita de la Mar, aquel que la plantó en el altar, perfiles inexistentes que creó a los once años y que se volvieron ejemplo de mi clase de narrativa para demostrar que los nuevos medios privilegian la creación, que una niña era leída por muchos, sin saber ortografía, ni sintaxis, sin conocer técnicas narrativas, sin contar más que con los recursos de su precoz imaginación, su acervo de historias de telenovelas y cuentos de hadas, pero sobretodo, su casi simultáneo nacimiento en la realidad y la virtualidad. “En Facebook uno nunca muere”.
Autor
Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca
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