El mayor golpe a la fiebre desatada entre algunos por los candidatos independientes se lo dará (¡oh, paradoja!) la estrella que desató la fiebre: el llamado Bronco, un priista de 33 años de militancia que cuando no obtuvo la candidatura se volvió “independiente” en un santiamén.
¿Es Jaime Rodríguez independiente? ¿De quién? Porque del PRI no lo es. Por eso, en campaña, prometió encarcelar al gobernador priista Rodrigo Medina; después de ganar la elección, dijo que sólo si veía que había desfalcado a Nuevo León, y luego le dio un abrazo y precisó que, bueno, lo “investigaría”.
Por supuesto que no meterá en la cárcel a Rodrigo Medina. Y ése será su gran problema: justificar la libertad de alguien a quien prometió apresar para acabar con la corrupción, lo cual generó las más grandes expectativas que pudo registrar un candidato en las pasadas elecciones intermedias.
Y decepcionará a quienes echan campanas a vuelo acerca de que los “independientes” abren otras vías dentro de los partidos para competir y que por eso les causan ruido a los partidos. Olvidan algo muy simple: sólo habrá candidatos independientes cuando no vengan de extracción partidista.
Por ejemplo, si el Bronco hubiese sido candidato priista en Nuevo León, no se habría podido quitar de encima el mote de corrupto, no sólo por ser priista, lo cual es sinónimo para muchos, sobre todo en las redes sociales, donde la política ocupa el dos por ciento en Twitter, según encuesta de Mitofsky.
Una investigación de Televisa Monterrey demostró que ocultó 72 mil metros cuadrados de solares urbanos y 62 hectáreas de parcelas, y en su declaración patrimonial omitió incluir esas propiedades y, que claro está, que obtuvo la titularidad o los derechos siendo funcionario estatal priista desde 2006.
Él se hizo de 38 terrenos; su esposa, Adelina, de 15; su hija Victoria de 12 solares, su hija Zoraida de otros 11 solares, su hija Silvia de 11 y su hija Valentina de cinco: la familia consiguió 70 mil 532 metros cuadrados listos para urbanizarse y el candidato independiente no lo declaró.
Sin embargo, la novedad del cartelito de “independiente” convirtió en puro al Bronco, que se la creyó e hizo una campaña afilada, aguzada, acerada, punzante, intensa, penetrante, ingeniosa, perspicaz, sagaz, intencionada, inteligente, viva…
Pero una cosa son promesas de campaña y otra cumplirlas, sobre todo sin partido que no solamente le funcione como estructura de gobierno, sino que lo apoye contra las acusaciones de corrupción que, sin género de dudas, enfrentará cuando él vuelva a hacer de las suyas como gobernador.
Los candidatos independientes no deben estar contaminados por los partidos: deben ser ciudadanos sin filiación partidista.
Si son como el Bronco, sólo son chapulines.
Este artículo fue publicado en La Razón el 02 de Julio de 2015, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página
