8 de marzo.- Día Internacional de la Superioridad Moral de quienes no quieren que las felicitemos sino que exigen que nos levantemos (supongo que porque estamos de rodillas o acostados) y luchemos junto con ellas. A ellos y ellas les mando mis saludos.
También es el Día Internacional de No hay nada qué celebrar porque las y los voceros de la superioridad moral dicen que no hemos avanzado pero nada en la igualdad y la equidad de género.
Además podría ser el Día Internacional de la Pose que no valora avances ni subraya los desafíos que aún hay en el mundo para lograr la equidad de género, sus detentadores lo único que pretenden es situarse por encima de los demás.

Para mí es un día propicio, como todos los días, para burlarme del fanatismo, reír que quienes se sienten superiores y exhibir a quienes asocian la equidad de género con el imperio feminista sobre el patriarcado. Me gusta imaginar las muecas de quienes desaprueban que a la mujer se le asocie también con sus cargas eróticas y sexuales y, en el otro extremo, me gusta imaginar a quienes rechazan que las mujeres integran en el mundo a franjas sociales vulnerables por la violencia machista. En fin, para mí es el día propicio para disfrutar del ser humano cuando el mismo se exhibe con todas sus potencialidades y limitaciones intelectuales, éticas y morales.
Legiones femeninas piden, o más bien exigen que no las felicitemos, bueno pues yo lo hago. Los avances de la condición humana no se explican sin las aspiraciones y los actos de muchas mujeres y hombres, sobre todo cuando hemos entendido que la construcción civilizatoria implica reconocer los derechos del otro y que la libertad no se construye descalificando a la otra o al otro (por eso en más de un sentido la equidad de género implica reconocer el significado del ser masculino). Las felicito entonces, y también por ser parte de esa complejidad humana que las hace tan sensuales y atractivas.
