Los modos de Luis Enrique Miranda

El secretario de Desarrollo Social debe estar de buen humor porque si la diputada de Morena, Araceli Damián, con lo más que lo pudo trolear fue por su forma de responderle, intempestiva y, si se quiere, carente de buenas formas, pues ya la hizo.


Al compadre presidencial se imaginaría uno que lo exhibiera la morenista entregando despensas en el Estado de México, su tierra, o implementando una campaña que rezara “Los Estamos Mimando”, sellado con sus iniciales, “LEM” posicionándolo para 2017, bueno. Pero no.


Araceli Damián salió teatralmente de la reunión de Comisiones Unidas con Miranda para declarar, a medios, que la fallida ironía del ministro era prueba fehaciente de ser un operador electoral. ¿De verdad?


Edomex y la lucha del poder por el poder


Alejandra Barrales quiere echar al PRI del gobierno mexiquense, entidad que no sabe de alternancia. La perredista decía que ceder la mano en una alianza con el PAN sería pésimo para un partido desdibujado en lo ideológico, ignorado en lo programático.


Ir a la contienda con un perredista fortalecería al partido, pero alejaría la posibilidad de triunfo al tiempo que abriría la puerta para que Morena los rebase. Malo también de cara al 2018.


O de plano con un lopezobradorista, siempre y cuando estén conscientes de que AMLO es mala paga política, que deberán rogarle para que los acepte en su regazo, siempre purificador.


Por ahora la prioridad de Barrales es decidir atinadamente qué hacer de cara a la elección mexiquense. En ello va su vida política si quiere dejar la dirigencia nacional del PRD para ser candidata al Gobierno de la CDMX.


Un área de oportunidad para Barrales es su discurso. Echar al PRI del Palacio de Gobierno de Toluca a toda costa, lo justifica al decir que, en solitario, ninguna fuerza política podrá contra una elección con las cargadas federal y local, desatadas.


Sin embargo, el registro informativo demuestra cómo el cambio por el cambio nada deja, que la alternancia refresca pero poco arregla.


Oaxaca con el aliancista Gabino Cué devolvió el poder no sólo al PRI, sino también a Murat hijo. Veracruz echa al prófugo de la justicia para meter a un expriista de cuestionables oficios. En Quintana Roo sacaron al PRI para meter a un priista inconforme. Malova, el sinaloense, igual. Fox en Los Pinos nadó de muertito.


A las ganas de Barrales por echar al PRI le hacen falta un rosario de metas concretas, de políticas públicas, las cuales Josefina Vázquez Mota, Alejandro Encinas o quien sea se obliguen a cumplir.


Las bonitas frases y los compromisos de campaña se las lleva el viento, incluso cargadas de dinero robado.


Echar por echar al establishment pierde sentido si no se sabe exactamente para qué. Trump ganó gracias al voto de castigo, dejando en claro que el enojo carece de rumbo.



 


Este artículo fue publicado en La Razón el 25 de noviembre de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

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