Omran Daqneesh lleva en su rostro cubierto de polvo y un poco de sangre el registro de la guerra en Siria. Tiene cinco años y vive en Alepo, el centro económico del país pero también el blanco de cada ataque. Seguramente no entiende lo qué pasa en su país y ni sabrá, ciertamente, el significado de Estado Islámico, ISIS o cualquier denominación que se le otorgue al grupo terrorista pero, lo que sí sabe es que debe esconderse cada vez que escuche un fuertes ruido (disparos o el estallar de una bomba), señalan los medios de comunicación que lograron un acercamiento con el niño, que hoy es otro símbolo de una guerra.
De repente no es un sirio más, es un niño que muchos encuentran parecido a su hijo, a su sobrino, a su vecino; podría ser nuestro y podría tener otra vida, dirán quienes están conociendo su cara y su historia a esta hora del día.
Omran es un niño que por su edad despierta curiosidad de saber qué piensa y qué siente, qué recuerda y qué será de él después del bombardeó que se registró en Alepo desde el pasado martes hasta la madrugada de este jueves (a fin de abatir al mayor número de terroristas posibles) donde han muerto alrededor de 50 personas, de acuerdo con El Mundo.
La imagen de Omran se hizo pública cuando el corresponsal del diario británico The Telegraph en Medio Oriente, Raf Sanchez, la publicó en su cuenta de Twitter luego de que se la enviara un médico que participó en las tareas de rescate. Fue tomada de un video filmado y publicado poco después en YouTube por Aleppo Media Centre, un grupo de activistas contrario al gobierno, según BBC.
Los medios de comunicación contribuyeron a que la foto del niño sirio se hiciera viral pero, hay que decirlo, tiene todos los elementos para que así fuera, el principal es que logra conmover a las personas, tiene nombre, apellido, es identificable como nosotros. Su mirada esta perdida, su cabello despeinado, la cantidad de polvo que lo cubre, la sangre que emana de él, su expresión de aparente resignación, sin alerta de que llorará, el niño no se queja. Sólo intenta limpiar su mano en el asiento de la ambulancia. Sin duda es un sobreviviente del ataque, pero también es una razón por la cual el mundo necesita un cambio de ideología urgente.
Siria sufre escasez de alimentos, falta de agua y luz, sólo cuenta con 40 médicos para una población de 250 mil personas, según el vocero de Médicos Sin Fronteras en el norte de Siria, Carlos Francisco. El país árabe solo tiene tres horas de tregua al día entre los bombardeos para que pueda entrar ayuda humanitaria.
Desde 2011, cuando se intentó derrocar a Bashar al-Asad, la guerra ha dejado aproximadamente 470 mil muertos, una devastación profunda en el país y una crisis migratoria no vista desde la Segunda Guerra Mundial.
Por ahora, Omran recibió tratamiento por una herida en la cabeza y fue dado de alta del centro médico donde fue atendido. Él, sus cinco hermanos, también heridos, y en general los niños que viven con la guerra en la puerta de su casa no están a salvo.
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