Consulta pitera para consagrar la militarización

La nueva ocurrencia del inquilino de Palacio Nacional: que el pueblo opine, que el pueblo decida sobre la militarización de la Guardia Nacional y la extensión del plazo en que las fuerzas castrenses están autorizadas para hacerse cargo de la seguridad pública. De inmediato, su coro de aplaudidores y matraqueros entró en acción, pero difícilmente podrán justificar una consulta como ésta, pues es sesgada, chantajista e intimidante, sus preguntas son inconstitucionales y, ni más ni menos, se trata de una consulta en contra de la Constitución.

López Obrador lanzó al ruedo las preguntas que pretende someter a consulta: “Estás de acuerdo con la creación de la Guardia Nacional y con su desempeño hasta ahora? ¿Consideras que las Fuerzas Armadas, el Ejército y la Marina deberían mantenerse haciendo labor de seguridad pública hasta 2028 o que regresen a sus cuarteles en marzo de 2024? ¿Cuál es tu opinión, que la Guardia Nacional pase a formar parte de la Secretaría de la Defensa Nacional o dependa de la Secretaría de Gobernación o de Seguridad Pública?”. Desde la primera lectura se nota la politiquería de baja estofa que anima a esta nueva bufonada.

Las preguntas que AMLO someterá a consulta están manipuladas con descaro, pues pasan por alto que la Constitución dice, en su artículo 21 párrafo diez, que “Las instituciones de seguridad pública, incluyendo la Guardia Nacional, serán de carácter civil”. Además, las interrogantes tienen un contenido intimidante y chantajista, pues implican una disyuntiva perversa que enfrentará cada persona que participe respondiéndolas: apoyas la militarización o te jodes, pues te quedarás sin seguridad pública.

Pero, además del sesgo y el chantaje, resulta que otra norma constitucional, la que regula las consultas populares (artículo 35, fracción VIII), prohíbe que se someta a consulta este tema. El texto de la Constitución dice expresamente que “No podrán ser objeto de consulta popular”, entre otros temas, la vigencia de los derechos humanos, los principios que definen a nuestra República, la materia electoral, el sistema financiero, ingresos, gastos y presupuesto federal y… “la organización, funcionamiento y disciplina de la Fuerza Armada permanente”. Las interrogantes planteadas violarían con flagrancia esta prohibición.

Se puede anticipar que la ocurrencia presidencial se llevará cabo, pese a todo. Esto es así porque no es la intención el empoderamiento popular ni la democracia participativa, sino empoderar aún más la alianza que AMLO pactó con la cúpula militar. Junto a ello, se debe decir que esta consulta es parte de un plan de entrenamiento con el que AMLO mantendrá a tono el músculo de sus bases de apoyo, calibrará la rentabilidad del clientelismo electoral que con recursos públicos llevan a cabo los llamados servidores de la nación y también le servirá para medir su eficacia en cada uno de los distritos electorales, de manera que su grupo llegue con una ventaja insuperable a la cita electoral de 2024.

Por eso la consulta se hará sin que se someta a los cauces previstos por la Constitución para este tipo de ejercicios. Se realizará sin la verificación imparcial de las firmas de solicitantes (ya se vio que Morena hace firmar hasta a los difuntos), sin que la Suprema Corte de Justicia de la Nación revise la constitucionalidad de las preguntas (no vayan a salir los magistrados con aquello de que “la ley es la ley”) y al margen del incómodo INE (con su insana propensión de apego a la legalidad). 

Para la politiquería de AMLO, lo mejor será que se haga al estilo de la consulta sobre el nuevo aeropuerto (2018) y las elecciones internas de Morena (2020 y 2022): con acarreos descarados, las mesas de votación bajo el control de burócratas fieles y bien pagados. Se puede apostar que el resultado será del 90% a favor, lo que ratificará el respaldo casi total a la voluntad presidencial (en aras de la legitimidat, como lo descubrieron esos demócratas que gobiernan Cuba y Venezuela, se deben dejar por ahí unos cuantos votos disonantes). En fin, será una consulta pitera para que, “democráticamente”, se consagre la militarización.

Cincelada: Agarraron a los politécnicos como carne de cañón: los paros en el IPN se originan en las pugnas de las cúpulas de la 4T (Sheinbaun contra ebrardistas y monrealistas). 

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