La jornada electoral de antier refuerza la teoría de que la corrupción, la indignación y la rabia están siendo el más importante factor de decisión frente a una boleta electoral.
Las elecciones de este domingo lo confirmaron: el nuevo gran motor de la ciudadanía es la corrupción.
Si antes se daba por hecho que la gente votaba con el bolsillo, ahora se puede deducir que vota con el hígado. Si antes el rumbo de la economía hacía a un partido caer o mantenerse, ahora es la indignación, la rabia, la urgencia de un Ya Basta a la corrupción lo que hace cruzar las boletas electorales.
Lo empezamos a leer en los comicios del año pasado:
1. Perdió el PAN en Sonora donde se denunció el enriquecimiento inexplicable del gobernador Guillermo Padrés, traducido en cuentas y ranchos.
2. Sucumbió el PRI en Nuevo León con un Rodrigo Medina quien, finalmente, desde el viernes tiene que enfrentar la acusación oficial de un desfalco de más de tres mil millones de pesos.
3. También cayó el PRI en Michoacán de Fausto Vallejo, cuya administración se volvió el símbolo más reciente de la narcopolítica.

