Es inútil persuadir con razonamientos y datos a quienes optan por creer lo que se les dice, si eso que se les dice forma parte de sus creencias; es inútil, también, responder a proclamas e insultos con ideas y planteamientos.
Datos duros
Vale la pena, sin embargo, ofrecer razonamientos y datos a las audiencias que esperan más calidad en la oferta informativa que reciben. Por ello hago un corte preliminar de la cobertura que el noticiero radiofónico estelar de MVS hizo de las camionetas detenidas en Nicaragua. Abarca del 24 de agosto al 27 de noviembre pasados.
Varios lectores han advertido que etcétera le ha dado demasiada relevancia al tema, como si fuera una obsesión equiparable a la de Carmen Aristegui. Juzguen ustedes: con este artículo suman cuatro los que el director de esta revista ha escrito, en tanto que, en el lapso arriba referido, el tiempo que le dio la periodista es de 34 horas, 26 minutos y 24 segundos, y éste ha sido sobre, todo para opinar, al que le ha dedicado el 72% lo que, sin duda, contrasta con el 19.5% empleado para notas informativas y el 8.5% a las entrevistas. Es importante señalar que, entre esas casi 35 horas, el programa de radio comprendió solo 13 minutos para difundir la postura de Televisa.
Juicios, no información
Las cifras muestran la enorme recurrencia del tema en la esfera de la opinión –a la que todos tenemos derecho– y también desmienten lo que la periodista aseguró en varias ocasiones al señalar que ella informa, más aun cuando las noticias apenas comprendieron poco más de seis horas. En los contenidos de sus opiniones Aristegui sostiene que no difama, no obstante que en reiteradas veces empleó frases como “las camionetas de Televisa”, más tarde “las camionetas registradas a nombre de Televisa” o “Expediente en Managua: más vínculos llevan a Televisa”. Al respecto, buena parte de los simpatizantes de la periodista comprenden y aplauden que, contrariamente a lo que la propia Aristegui sostiene, acuse a Televisa de participar en actos ilícitos.
Las sentencias del tribunal mediático
Los porcentajes también registran desproporción entre acusaciones francas y veladas y la incorporación de la postura de Televisa, a la que MVS dedicó solo 13 minutos. Incluso el 9 de noviembre la conductora del noticiero no leyó una réplica de la televisora sino que la puso en el portal aunque, tres días después, sí la difundió en el programa. Y a propósito del muy amplio despliegue que dio a la exposición de sus pareceres, del 24 de agosto al 21 de septiembre, la periodista no se refirió, o sea no lo creyó central, a lo delicado que sería que una banda internacional usara el logotipo de Televisa o, en general, al entramado de complicidades que permiten la operación del narcotráfico, ni a la red de corrupción que implica la posibilidad de que en nuestro país se pueda suplantar la identidad de otros. En contraste, esas fueron las conclusiones a las que llegarían las instancias procuradoras de justicia tanto federal como la del Distrito Federal.
No somos jueces
Dentro de los señalamientos hechos a quien esto escribe se afirma que esto trata de una defensa de Televisa. Sostengo que los periodistas no somos jueces para acusar o exonerar a nadie, ese ámbito de responsabilidad corresponde a las instancias respectivas. Este esfuerzo de análisis de contenidos, eso sí, demuestra la precaria calidad informativa e incluso ética, que las audiencias del programa, hemos recibido durante poco más de tres meses. Aludo a transgresiones éticas no nada más por la preeminencia de especulaciones e insidias sobre las noticias ni solo por la casi nula incorporación de los puntos de vista de la televisora; sin duda la información y el derecho de réplica son, o debieran ser, irregateables. Me refiero por ejemplo a la entrevista que el noticiero de MVS hizo a una persona que, “supuestamente”, estaba vinculada con las irregularidades para que, en la Secretaría de Transportes y Vialidad de la ciudad de México (Setravi). En una charla con Aristegui, el mismo procurador de justicia capitalina, Jesús Rodríguez Almeida, advirtió que no podía opinar sobre esa persona porque era violatorio de la imagen de ella y de su presunción de inocencia pero, sobre todo, porque esa persona no era acusada por la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, en sentido inverso a lo que había creído, y por ello difundido, Carmen Aristegui.
El otro disfraz
Entre las consecuencias perniciosas del periodismo erigido en tribunal, se encuentra ignorar no solo los hechos –en contravención del periodismo– sino en cuestionar a las autoridades porque no llegan a las mismas sentencias a la que apuntan las opiniones, y que hallan cobijo en quienes creen lo mismo (aunque no haya pruebas o datos para sustentarlo). Con todo, la procuraduría capitalina y la General de la República ya difundieron avances nodales en sus investigaciones: esto trata de una banda de criminales que se disfrazaron de empleados de Televisa y que para cometer sus actos ilícitos pintaron camionetas con el logotipo de Televisa y las registraron, con documentos apócrifos y la complicidad de empleados de la Setravi, a nombre de la empresa.
Por lo anterior, el 30 de noviembre pasado, la PGR informó que obtuvo del Juez de Distrito Competente orden de aprehensión contra 16 personas por su probable responsabilidad en delitos de operaciones con recursos de procedencia ilícita. Entre estas, 15 están sujetas a proceso en Nicaragua al ser detenidas en flagrancia cuando transportaban de manera oculta más de nueve millones de dólares en camionetas que hicieron pasar como si fueran de Televisa. A eso se reducen, por ahora, las casi 40 horas dedicadas al tema, sobre todo para opinar.
Junto con este registro de la baja calidad informativa del noticiero de MVS, es central que los verdaderos delincuentes no encuentren cobjijo para eludir sus delitos. Como informamos, la PGR ya solicitó la extradición al gobierno de Nicaragua de ese puñado de narcotraficantes.

