PAN y PRD juntos en 2018

En menos de una semana el panista Ricardo Anaya y el neo-perredista Agustín Basave ponen una ficha dura sobre el tablero político nacional. Una posible alianza PAN-PRD para la elección presidencial en 2018.


Anaya Cortés soltó: “Agustín Basave y yo no hemos platicado sobre la posibilidad de ir juntos hacia 2018, no puedo hablar por el PRD, por el lado del PAN sí estamos abiertos a construir con otras fuerzas políticas”.


Basave correspondió: “La forma de sacar al PRI de la Presidencia, es una alianza de la izquierda con el PAN para 2018… ya no puede gobernar ningún partido solo”. Es el mismo director del PRD que en enero combatió, al grado de amagar con renunciar, la alianza con panistas por enredos en el binomio Puebla-Tlaxcala. Hoy la perspectiva es otra.


La aritmética electoral en la que se fundamenta un escenario aliancista entre dos antagonistas ideológicos estriba en que, si el PRI tiene un voto duro de 27 por ciento y el restante se divide entre 6 o 7 ofertas opositoras, más las alianzas funcionales del tricolor con PVEM, Panal y hasta PT, no hay manera de superar ese tercio, o poco más, de votos.


En la lógica de cada uno de estos partidos, posicionados como segunda y tercera fuerzas nacionales, la alianza los proyectaría por encima de ese tercio y algo más, con posibilidades reales de triunfo.


El PRD sin López Obrador y frente al riesgo de reducirse hasta una cuarta o quinta posición electoral, a falta de una candidatura “natural” como ha sido su historia y que en 25 años han sido capaces de generar sÓlo dos candidatos, con un Miguel Ángel Mancera que no despega lastrado por tanta contingencia, donde sus gobernadores padecen las propias; una alianza con el PAN puede transitar a partir de agendas políticas pactadas con anticipación.


En el PAN con calderonistas, maderistas, anayistas y demás grupos dispersos, liderazgos como el de Puebla que no pasan aún la prueba de las urnas del próximo 5 de junio, con escándalos de corrupción, con grupos parlamentarios que se descoordinan, pelean y fracasan en sus encomiendas legislativas mientras presumen y prestan sus nuevos y modernos autos eléctricos, la posibilidad de llegar huérfanos de liderazgos ganadores para enfrentar la presidencial, los pone en línea abierta para pactar agenda y unir plataforma, hasta con el PRD.


Lo dicho por Anaya y Basave es relevante, las panorámicas de cada partido, tribus y grupos, perfilan esa posibilidad, construir un programa de gobierno, buscar fuera de sus filas a un ciudadano, a una mujer, a alguien que pueda surgir sin el cada vez mayor desprestigio que hoy consolidan las estructuras partidistas convencionales.


Dos declaraciones por separado que coinciden, un sondeo por lo bajo que busca reacción social, mediática y política. Gestos que dicen mucho.



Este artículo fue publicado en La Razón el 29 de Abril de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página

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