Ya que sigue apareciendo evidencia de la manipulación de la elección judicial, los “nuevos” INE y TEPJF no dejan de hacer el ridículo y la todavía copresidenta anunció una reforma electoral (como se predijo hace mucho tiempo en este espacio), es muy pertinente hablar sobre las elecciones autoritarias. ¿Qué son?
“Elecciones autoritarias” no son elecciones democráticas dentro de un régimen cuyo resto es autoritario. No conllevan la situación en que todo es autoritario excepto lo electoral. Su caso es en el que las elecciones se hacen precisamente para evitar que el poder esté en juego, lograr que la oposición viva debilitada y subrepresentada e impedir que la ciudadanía elija libremente. Este tipo autoritario de elección es el que se inauguró con la elección judicial de junio, la primera completamente no democrática a nivel federal en este siglo. Pero fue reinauguración, de hecho: el autoritarismo electoral es lo que ha existido en México durante la mayor parte de su existencia independiente. De 150 años, contados en reversa a partir de 2025, en menos de 30 existieron elecciones democráticas cabales.
Ojalá fuera obvio: los autoritarios que hacen elecciones no por eso son demócratas ni deben parecer menos autoritarios de lo que en realidad son. No hacen elecciones democráticas, hacen elecciones con abuso y ventaja. Pero sí piensan en la legitimidad, y piensan la electoral no en términos de relaciones del poder con la sociedad sino de las relaciones entre actores políticos formales. Su meta NO es extraer de las elecciones un poder justo (justo pero no por eso ilimitado) a partir del acuerdo con una mayoría ampliable y renovable (o reducible y caducible, que además debería respetar a las minorías); eso sería democracia. La meta de los autoritarios electorales es legitimar (y así proteger y perpetuar) una vigente correlación de fuerzas políticas mediante la participación de las fuerzas de oposición en un sistema políticamente injusto. Son dos (sub)tipos de legitimidad, legitimidades muy distintas, las dos electorales pero una democrática y otra no, que los políticos autoritarios y electoralistas intentan confundir.
Hay que entender por qué y para qué celebraban elecciones los priistas. Celebraban un ritual. Eran, esas elecciones, algo que se hacía mecánicamente, con variaciones procedimentales menores, con y por la certeza de obtener los resultados deseados. Después de celebrado el ritual se celebraban a sí mismos –“ganamos todo, como siempre, porque el pueblo de México refrenda su apoyo a la Revolución que encarnamos”.
El PRI hegemónico no tenía elecciones judiciales pero sus elecciones legislativas y ejecutivas eran autoritarias como la elección judicial obradorista. O ésta fue autoritaria como las elecciones priistas, que eran uno de los pilares del sistema del priato junto con la indivisión de poderes y por tanto la subordinación judicial. Subordinación que empezó a concretar el obradorismo, directamente, por medio de su elección del 1 de junio. Elección judicial, partidista, pseudodemocrática, autoritaria. El PRI subordinaba al poder judicial, indirectamente, por medio del poder legislativo dominado por y subordinado a “el partidazo” que estaba subordinado al presidente y que como los legisladores priistas “ganaba” elecciones ni justas ni libres organizadas por priistas… Así tenemos que el medio particular –elección judicial- es distinto pero son iguales el medio general –elección autoritaria-, el fin general –indivisión de poderes- y un fin particular –subordinación judicial-; estas tres cosas son las mismas entre el priismo y el obradorismo. 3 de 4 componentes iguales: los obradoristas son priistas, independientemente del discurso y algunas diferencias secundarias.
Es la misma relación que existe entre la censura priista y la censura morenista. La diferencia entre ellas es tecnológica, no ideológica; es una diferencia dentro de los medios, herramientas o formas, no de fines, proyecto o fondo: no de visión e intención políticas sino de tecnología muy específica y disponible para aplicar. Piense qué habría hecho Miguel Alemán, fundador de la tenebrosa y militarizada DFS, si hubiera gobernado en la era digital.
Y no están muy lejos de los porfiristas… En la dictadura de Porfirio Díaz había elecciones, que organizaban los porfiristas y ganaban “Porfirio” y los porfiristas. La diferencia organizativa entre las elecciones del porfiriato y las priistas es que las primeras estaban organizadas descentralizadamente (desde lo local, con los llamados “jefes políticos” y gobernadores) y las segundas tenían una organización centralizada desde 1946 (desde lo federal, con la secretaría de Gobernación). La diferencia aparentemente sustantiva es que las porfiristas eran elecciones indirectas y las del priato no; pero éstas, aun contando con voto directo por los candidatos, tampoco eran elecciones democráticas. No lo eran en parte por la organización electoral partidista bajo un contexto como el que existía. Quien entiende esto, quien entiende la historia política mexicana, con sus diferencias y similitudes entre épocas, ve las conexiones (no la simple identidad) entre el porfirismo, el priismo y el obradorismo: autoritarismos electorales, regímenes no democráticos que no prescindieron de la simulación de democracia mediante elecciones controladas por las élites del partido en el poder. “Nuestro” viaje político es hacia allá –hacia atrás- y no se detiene –no se detendrá.
Las elecciones intermedias de 2027 serán más de eso mismo. No serán como ninguna elección entre 1997 y 2018. Ni siquiera como las de 2024. Serán, en su ámbito, como las judiciales de 2025, es decir, no democráticas, sí autoritarias. Es la esencia que se repetirá. Lo demás es accesorio, y consecuente.
Extra: una de las muchas causas por las que las próximas elecciones serán obradoristas y autoritarias es lo que ha hecho y sigue haciendo Guadalupe Taddei en el “nuevo” INE. Ejemplos recientes son sus decisiones de nombrar a Emma Patricia García Rodríguez como encargada de despacho de la Dirección de Recursos Financieros y a Cristian Elías Rodríguez Valdez director de Normatividad y Asuntos Jurídicos. García Rodríguez llega cargando varios casos de corrupción durante su paso por el gobierno de Veracruz y Rodríguez Valdez no tiene mérito excepto el muy dudoso de haber sido “asesor” o asistente… de Taddei.

